lunes, 10 de marzo de 2014

10º Aniversario del 11-M


Salia de dar mi clase de ética a primera hora, y me iba hacia Madrid para hacer un curso de psicología,conforme avanzaba en esa dirección, un eco mudo y trágico se extenda en dirección contraria, la noticia empezo a sacudir todos los ambientes como una ola expansiva: EL DÍA MÁS TERRIBLE




Poco a poco nos fuimos quedando en silencio,
el paisaje se lleno de muertos
y buscamos y buscamos a nuestros seres queridos...
pero no pudieron contestarnos...



Para que nunca más se derrame sangre inocente,
porque...
todos ibamos en ese tren

hermanos y hermanas queridas
siempre están con nosotros
Su memoria 
será la fuerza
para construir la paz

Ucrania: ¿Libertad o liberalismo?, ¿quién se beneficia?

Continuando el análisis  de la realidad de Ucranía, he encontrado el artículo de Pablo Aragón, que cuestiona con argumentos la información que nos llega, y profundiza en los intereses económicos que tantas veces sólo se aducen de forma superficial en las noticias. En realidad, es muy probable que lo que está en juego es el petroleo de Crr
Lo que estos mentecatos quieren hacernos creer es que Ucrania está en medio de una revolución, en la que triunfará la libertad, el constitucionalismo, el europeísmo de sociedades abiertas, que representan los resistentes de la plaza de la Independencia de Kiev (el “Maidán”), por oposición al oscurantismo autoritario, rusófilo, cerrado, que representa el, al parecer derrocado, presidente Víktor Yanukóvich. Y, para que no nos queden dudas, el singular profesor y sus repetidores nos cuentan que los “luchadores por la libertad” cuentan con la angelical protección de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, mientras que el defenestrado Yanukóvich y su Partido de las Regiones apenas tiene el amparo del diabólico Vladímir Putin en Moscú.

Pues bien. Nada de esto es cierto, así como está planteado, y si hubiera que hacer un resumen de la situación habría que decir que en esta obra no hay ángeles, y solo hay villanos, así como que quienes se aprestan a pagar por los platos de esta tragedia son los 45 millones de ucranianos cuya economía se ha desfondado y cuyo país hoy está en serio entredicho. El régimen que viene de caer es una típica excrecencia postsoviética: comunistas reciclados, mayormente fuertes en la zona oriental del país, donde la influencia rusa y el peso de la industria pesada son mayores, sostenidos por un pacto como poderosos “oligarcas”, dueños de los resortes de la economía, como Rinat Ahmetov, Víktor Pinchuk e Igor Kolomoisky. 



Lejos de ser una brutal dictadura, este régimen ha sido débil e indeciso desde la primera hora, alternando días de represión con noches de concesiones, sumando a ello una indescriptible inepcia y, lo que no es menor, hostilizando a Rusia y su presidente Putin, por la vía de literalmente robar el petróleo que, por sus gasoductos, viaja de Rusia a Europa Occidental. Yanukóvich es, desde hace tiempo, mala palabra en Moscú, y su principal enemiga, la hoy liberada ex primer ministra Yulia Timoschenko, cumplía pena de prisión bajo el cargo de haber firmado un acuerdo dañino para Ucrania con Rusia.

El patrocinio oligárquico al régimen es, desde hace tres meses, historia. Cualquiera que lea los diarios sabe que Yanukóvich se ha quedado apenas con el círculo íntimo de lo que se conoce como la Familia (familiares y amigos enriquecidos por el poder), en tanto los verdaderos oligarcas han abierto canales de diálogo con Maidán y, lo más importante, con la UE: la caída de Yanukóvich ya nada les representa.

La Unión Europea, ese ángel tutelar de la futura democracia ucraniana, está en el origen de esta guerra civil en suspenso. Cuando un desesperado Yanukóvich acudiera, el año pasado, a Bruselas a fin de suplicar por un salvavidas para la economía ucraniana, los eurócratas característicamente respondieron ofreciendo un “acuerdo” lleno de promesas floridas y guiñadas sugerentes, pero vacío de contenido: nada había que incluyera dinero, acuerdos comerciales, invitación a iniciar el proceso de afiliación a la UE, o siquiera un arreglo migratorio que permitiera el acceso de los ucranianos al oeste de Europa. Sin nada en las manos, Yanukóvich no tuvo más remedio que suplicar a Moscú, donde se le dijo que la oferta rusa seguía en pie: fondos de asistencia por US$ 5.000 millones, ingreso a una unión comercial en ciernes en el centro de Europa, y mantenimiento de los acuerdos comerciales existentes: el único balón de oxígeno de la vetusta industria ucraniana. ¿Qué hubiera hecho usted en sus zapatos?

Con esta traición de la UE es que nació la violencia de Maidán hace tres meses. A ella pronto se le sumó Washington, haciendo lo que mejor sabe hacer: agitar el avispero, alentar a los manifestantes, urdir el derrocamiento de Yanukóvich y, claro, no hacerse cargo de ninguna de las consecuencias. “Fuck the European Union!”, se le oyó decir en una grabación a la enviada estadounidense Victoria Nuland mientras discutía cómo derrocar al gobierno ucraniano con el embajador de su país. Y, claro, Washington y Bruselas ya estaban la semana pasada poniendo en escena sus anticuados numeritos de cancelar visas a gobernantes ucranianos como respuesta a la alentada y creciente mortandad en las calles de Kiev. Una vez más, los “extras” de la película los ponía el anónimo pueblo ucraniano.


Y como seguramente el nivel de análisis de Ucrania haya sido, en Washington y  Bruselas, el de embrollones como el profesor Snyder, o Wikipedia, lo que los atizadores del conflicto han terminado por enterarse es que ni siquiera Maidán es un territorio puro: lejos de ser un espacio liberado, en el que jóvenes idealistas juran morir por la libertad, allí han comenzado a campear por sus respetos los grupos ultra-nacionalistas ucranianos como Svodoba, que dirige Oleh Tyahnybok, o Sector Derecha, rebrotes de algo que un libro de historia cualquiera les hubiera indicado crece muy bien en Ucrania, y es el extremismo antisemita. “Grupúsculos”, dicen los plumíferos en New York, tal como decían de los amigos de Hitler en la década de 1930.


Tyahnybok es claro en cuanto a qué busca en Maidán: derrocar a la “mafia judeo-moscovita”. La base de operaciones de su partido está en la occidental ciudad de Lviv, que esta semana amenazó con salir de Ucrania, a fin de integrarse a la Europa libre y abierta que se nos presenta: en la misma semana que homenajeaba a Stepan Bandera, un líder nacionalista ucraniano que sumó fuerzas con Alemania en la segunda guerra, y colaboró activamente en los pogroms nazis en Ucrania.

Sector Derecha no está a la zaga: se sueña guerrilla, y quiere una “revolución nacional”. Como Svodoba, distan de ser neonazis europeos: son nazis de la primera hornada. En 2005, un diputado de Svodoba fundó el Centro de Investigaciones Políticas Joseph Goebbels, y declaró que el holocausto era un “momento brillante” de la historia europea, en tanto otro aseguró que las 300 ovulaciones de cada mujer ucraniana, y las 1.500 eyaculaciones de cada uno de sus hombres eran “tesoros nacionales” más preciosos que el hierro o el petróleo.

A estos dementes la intelectualmente desfondada UE  ha engañado con acceso migratorio a Occidente, mientras los ungía como “luchadores por la libertad”. Hoy, la rusófila península de Crimea comprensiblemente agita su secesión, pidiendo protección a Rusia. ¿Esta es la revolución que se procuraba? ¿Este es el sueño liberal de Bruselas y de Washington? Muy pronto lo sabremos

miércoles, 5 de marzo de 2014

Ucrania: una perspectiva diferente


Anteriormente mencionabamos la importancia de crítica y reflexión así como conocimiento para asumir una postura lúcida frente a situaciones de la realidad actual, quienes nos interesamos por el rumbo del mundo en el que vivimos sabemos que nada de lo humano es ajeno y que todo nos afecta a todos. Comparto este artículo de Jorge L. Daly, que es escritor y economista político. Actualmente ejerce cátedra en la Universidad Centrum-Católica de Lima:
"Leo los despachos que cubren la crisis de Ucrania y pienso que vivimos de nuevo la pesadilla de 1914 o la de 1939. No sugiero, amigo lector, que los sucesos que hoy enlutan a este país preludian otra gran guerra o su espantosa secuela un cuarto de siglo más tarde. Una diferencia importante es que el cinismo e hipocresía que permean por igual el actuar de democracias y autocracias no da espacio al elan romántico que cautivó la imaginación de los millones que posteriormente encontraron la muerte en las trincheras. Otra es que la Rusia de Putin no tiene el poderío para tragarse un país entero como lo hizo Hitler con Checoslovaquia primero y Polonia después, ni Occidente los medios o las ganas para impedirlo. Me refiero, más bien, a que la bancarrota moral e imbecilidad de los líderes de las potencias involucradas es la misma de antaño, a que su conducta refleja el mismo egocentrismo insano y el desconocimiento de la historia. Y también algo mucho peor: la incapacidad para reconocer la humanidad del “otro” que, en un tris, muta en su demonización.
Me amparo en Melville para entender la situación. En Moby Dick, el escritor nos dice que el alma es como Tahití, una pequeña isla rodeada de un inmenso océano donde flotan los deshechos, restos, inmundicias y escombros que arrojan la codicia, egoísmo, crueldad y violencia, vale decir, los rasgos distintivos de una conducta humana definida por el pensamiento irreflexivo, la preeminencia del ego y la inclinación a la insania. Este océano es el mundo de la realidad palpable, sus aguas polutas que no se purifican por no encontrar solaz en ese otro mundo que no es menos real: el Tahití, el verdor donde florece el esplendor, la belleza y la paz de espíritu. Es en este océano que los líderes de ayer y hoy nos han enseñado a navegar nuestras vidas distrayéndonos con juegos que nos separan unos de otros y que, como lo registra la historia, a veces desatan tormentas que asolan la existencia humana con dolor y muerte. Nuestros líderes no aprenden y nosotros tampoco porque no obstante intuir que no inspiran confianza, seguimos y observamos su proceder con desidia. Menos aún aprendemos con los juegos que se parecen a dramas que resaltan las luchas que empinan al fuerte sobre el débil, esos dramas que encandilan porque nos despiertan arrebatos de superioridad o espantos de inferioridad. Alejados de Tahití, no podemos reparar, qué lástima, en que solamente alimentan la irracionalidad como sentimientos efímeros e ilusorios.

Bueno, ahora somos espectadores de este juego que se llama Ucrania que enfrenta al nuevo gobierno de Kiev en alianza con Occidente con el malo de Putin. Claro, es cierto que en una confrontación no se admiten las medias tintas pero de todos modos sorprende con qué facilidad el discurso oficial, conveniente cuan irreflexivamente propagado por los medios de más importancia e influencia, se adapta para maquillar sucesos que incomodan y para difuminar el perfil del adversario de turno. Admitamos sin ambages que la Rusia de Putin es la democracia ultra imperfecta o la autocracia súper perfecta, que su gobierno no es ajeno al matonismo, que el abuso zarista y estalinista en el vecindario pervive en la memoria histórica. Pero poco se mencionan hechos incuestionables: en encuesta tras encuesta, nunca ha habido una mayoría clara de ucranianos que ha expresado su preferencia para integrarse a la Unión Europea y a la OTAN; el gobierno saliente, incompetente y corrupto pero elegido democráticamente, sufrió indebida injerencia desde el exterior que contribuyó a su derrocamiento; los manifestantes, al igual que el gobierno, también recurrieron a la violencia y vandalismo; y los ahora encaramados en el poder que tienen el apoyo de Europa y los Estados Unidos denotan igual disposición al abuso y tolerancia por la corrupción. Al respecto, la designación de los oligarcas ucranianos a la jefatura de provincias del este del país es reveladora.
Flotando en ese océano poluto que lamenta Melville, nuestros líderes elaboran un mensaje de medias verdades que es elocuente tanto por su talante excluyente como por la condición mental que le da lugar. El asunto, parecen decir, es bien sencillo: con la toma de Crimea, Rusia ha violado la ley internacional, vulnerado la soberanía de otro país y demostrado irrespeto a las normas civilizadas de conducta que rigen las relaciones entre naciones. Que sufra entonces sanciones y mucho más si no da marcha atrás. Pero qué pena que no recuerden o sepan del Tahití, que tan sólo un momento de reflexión profunda enseña que no se persuade con la imposición, que la vida se enriquece con una genuina disposición para examinarse y para la comprensión del prójimo. Vea amigo lector, a mí me entristece constatar que desde Washington o las capitales europeas no se emitieron denuncias enérgicas ante la presencia entre los opositores del régimen depuesto de miles de simpatizantes con idearios abiertamente fascistas y anti semitas. La realidad en el nuevo Kiev es que los partidos de ultra derecha tienen importante representación en el gobierno. ¿Dónde se escuchan las voces de consternación? En verdad, nuestros líderes y analistas en los medios han sido mucho más rápidos para encontrar en la prepotencia de la Rusia de Putin los fantasmas de Sarajevo y el Sudetenland como para descontar con facilidad su memoria histórica, su recuerdo, por ejemplo, de los muchos ucranianos que con entusiasmo apoyaron a los nazis en el exterminio de millones durante la segunda guerra mundial.
Se puede atribuir esta clamorosa insensibilidad a la ignorancia, a la falta de clarividencia o simplemente al desdén pero yo encuentro que mejor la explica la convicción absoluta de que somos superiores al “otro.” Navegando sin brújula, perdidos en la niebla, no distinguimos que es mucho más lo que une que lo que separa. No somos capaces de vernos a nosotros mismos en el reconocimiento de ese “otro”-- de sus alegrías y penas, de sus felicidades y amarguras, de sus seguridades y temores, de su humanidad. Cuando no hay Tahití a la vista, vernos a nosotros mismos puede causar mucho miedo y por esta razón recurrimos a los dioses de la época que nos devuelven el sosiego al tiempo que reafirman el sentimiento de superioridad: un dios supremo, el libre mercado, y una diosa, la democracia política, a la que desde hace no menos de treinta años somete y prostituye a su gusto. Uno marca las pautas que importan en la vida real y la otra, en esta época que todo se banaliza, preside el ritual del entretenimiento. Este es el paquete que ofrecemos al nuevo Kiev sin importarnos que está patéticamente devaluado. ¿Tiene dudas? Preste atención, amigo lector, a las visitas que anuncian las altas autoridades del Fondo Monetario Internacional y apueste que, a cambio de unos cuantos dólares de alivio, el país tendrá que aplicar las políticas de austeridad económica. Precisamente las mismas que han sembrado la desolación y miseria en los países mediterráneos.

Es posible que el juego Ucrania adquiera mayor dramatismo pero es difícil que su final demore mucho tiempo más porque lo que está en juego cuesta demasiado y costará mucho más si los mercados financieros se tambalean. Al final los países que importan encontrarán una salida que les permita declararse, al menos, no vencidos. Que esto no le sirva de consuelo sin embargo porque todavía no veo en sus líderes la disposición para aprender la lección que verdaderamente importa. Esta no consiste en aparentar firmeza frente a un adversario a quien consciente e inconscientemente se demoniza, ni en buscar demolerlo con argumentos que subrayan una supuesta superioridad moral los que, vistos a la luz de los estragos que hemos causado en países del Medio Oriente, no resisten ninguna prueba de validez. No, la única lección que realmente vale parte por una lectura reflexiva de Melville, por el reconocimiento de que navegamos sin rumbo, sin darnos cuenta de que nuestra fidelidad a los esquemas mentales de 1914 o 1939 conduce a la locura. Qué necesario es, amigo lector, que los líderes en Washington, Berlín, París, Londres, Kiev y Moscú emprendan su viaje personal a Tahití"

lunes, 3 de marzo de 2014

Ucrania y la visión superficial de una realidad compleja


Ucrania es un país que nos queda muy lejos, ocurre no nos sentimos del todo seguros  con la pronunciación del sustantivo, imaginarla en el mapa no es fácil, sin embargo, el alto nivel de globalización que vivimos en el presente nos lleva a que sea un tema de actualidad, la información de los medios, parece que nos invita a tomar posición, aunque sea comodamente sentados, desde nuestro palco de occidente, y queramos hacerlo o no hasta nos influye el pensamiento único, que nos induce, a veces sin demasiada autocritica a sentirnos los heraldos de la libertad para los pueblos oprimidos.
Sí, seguramente hay una cuota de ironía en este comentario, pero quien subscribe es el primero que asume que nos pasa realmente, que opinamos con demasiada contundencia para  la información real que tenemos, por eso quiero aplicarme comprender realmente lo que pasa en Ucranía, curiosamente en mis años de estudiante me toco darle la bienvenida a un presidente de la republica cuando petenecía fuertemente a la antigua URSS; pero más alla de esta anecdota, Urania es uno de esos países complejos que encierran culturas ancestrales, que tienen diversidad etnica y que han pasado por muchos cambios políticos a través de la historia.

El Estado de Ucrania, que surge del derrumbe y desaparición de la Unión Soviética en 1991, es una suma de territorios con distintas biografías históricas y distintas influencias exteriores, las cuales se superponen, se entrelazan y se disuelven a lo largo de los siglos. El primer Estado de los eslavos orientales, la Rus de Kiev en el siglo IX, está en las raíces culturales y de identidad de Rusia y Ucrania y de ahí la importancia que tiene Kiev como punto de referencia para los dos países vecinos, pues fue allí donde el príncipe Vladimir el Grande adoptó el cristianismo de Bizancio en el año 988.
A lo largo de los siglos, el territorio de la actual Ucrania ha sido escenario de los avances y retrocesos de diversos conquistadores, como el Estado Polaco-Lituano, la Rusia zarista, el Imperio Austrohúngaro y el imperio Otomano. En sus expansiones, estos conquistadores incorporaban a sus dominios a pueblos de lealtades cambiantes, que conservaban, no obstante, sus propias características y sus propios intereses. Ucrania es la tierra de los cosacos, hombres guerreros que servían a uno u a otro invasor, sellaban y rompían alianzas, siguiendo siempre sus propios intereses y aspirando a su propia independencia. La tradición cosaca puede considerarse como uno de los componentes de la identidad ucrania actual y su estudio ayuda a comprender actitudes que se reflejan en los procesos políticos actuales.


En la historia de Ucrania hubo varios intentos de crear Estados, siendo los proyectos más notables el Estado cosaco de Bogdán Jmelnitski, que pactó con el zar de Rusia Alexei Mijáilovich (1654), y en el siglo XX el proyecto de la República Popular de Ucrania y la Ucrania Soviética, ambos en 1918.
La influencia del imperio Austrohúngaro y del imperio zarista se refleja en los dos mundos culturales que predominan en la Ucrania de hoy. En el entorno de influencia austrohúngaro predomina la tradición de los uniatos (grecocatólicos de rito oriental que se someten al Vaticano) y en el entorno dominado por el imperio zarista, la religión ortodoxa.
También los idiomas dividen a Ucrania. El idioma ucranio se benefició de la diversidad aceptada en los territorios del imperio austrohúngaro y fue reprimido por la política zarista. De ahí que en los territorios del oeste el idioma ucranio sea predominante, y en el este lo sea el ruso, aunque entre estas dos lenguas hay diversas variedades dialectales (el surzhik) que los combinan.
El territorio de Ucrania (más de 603.000 kilómetros cuadrados) se consolidó como una unidad administrativa en época de la Unión Soviética. Ucrania fue una de las 15 repúblicas socialistas soviéticas federadas en la URSS y formalmente era un país con representación en la ONU (al igual que la República Socialista Soviética de Bielorrusia) y voluntariamente integrado en la Unión Soviética. En virtud del pacto de la URSS con la Alemania nazi en el otoño de 1939, Stalin incorporó a Ucrania territorios procedentes del derrumbe en 1918 del imperio Austrohúngaro, que habían pasado a ser parte de países como Polonia y Rumania, y también territorios que habían pertenecido al imperio zarista. Fue así como se sumaron a Ucrania los territorios de la Galizia oriental, la Bukovina del Norte y la Volhyna. Cierto es que a los dirigentes soviéticos trazaban los mapas a su antojo y despojaron a Ucrania del Transdniester, para formar lo que actualmente es Moldavia, y también de territorios orientales que ahora forman parte de Rusia. En 1946, Stalin unió a Ucrania la región de la Transcarpatia cedida a la URSS por Checoslovaquia. En 1954, Nikita Jruschov le incorporó la península de Crimea, perteneciente a Rusia desde el siglo XVIII y, antes, un floreciente janato tártaro.

Este conglomerado multicultural forma hoy un país de 24 provincias y una región autónoma (Crimea), donde el único idioma estatal es el ucranio, aunque existen otras lenguas reconocidas en las regiones, tales como el ruso. En Crimea, que goza de un estatus especial, el ruso es de hecho una lengua cooficial.
Los ucranios del este y del oeste han sufrido todos ellos la experiencia represiva soviética. En el este, la hambruna, el Golodomor, que causó la muerte de millones de personas a principios de los años treinta, y en el oeste, las deportaciones a Siberia que siguieron a la anexión soviética en 1939 y tras la Segunda Guerra Mundial.

Entre las dos Ucranias es posible encontrar denominadores comunes y, en épocas de paz y prosperidad, ambas partes tienden a acercarse. Es más, las dos Ucranias quisieran un gobierno democrático por encima de las diferencias culturales. Sin embargo, cuando los hilos se tensan y se plantean los conflictos de lealtades, todos y cada uno de los ucranios tiende a sus referentes tradicionales, ya sea en Europa ya sea en Rusia.

La fuerza del mapa coloreado que representa las viejas naciones se sobrepone con frecuencia sobre una realidad mucho más precaria y frágil. Esa Ucrania que parece encontrarse ahora en un momento crucial de su historia tiene solo 22 años de vida como nación política unida e independiente. Su nombre eslavo no es ni siquiera el de un país, sino literalmente el de la frontera, que es lo que significa su denominación. Todo lo demás son proyecciones del presente sobre el pasado y fantasías habituales en la narrativa nacionalista. Según el investigador de la Fundación Juan March, Leonid Peishakin, “si hay algo que define la experiencia ucrania es la división, entre la unión polaco-lituana y Rusia desde 1569 hasta 1795, los imperios austríaco y ruso entre 1795 y 1917, y el catolicismo griego y la ortodoxia rusa desde 1596 hasta hoy”.


Las raíces de la actual división de Ucrania en dos segmentos al borde de la guerra civil están inscritas así en su historia y su personalidad. Según un diplomático británico que viajó allí en 1918, cuyo testimonio recoge el historiador Orlando Figes, “si preguntamos a un campesino medio de Ucrania cuál es su nacionalidad nos dirá que es griego ortodoxo; si le preguntamos si es granruso, polaco o ucranio, nos diría probablemente que es un campesino; y si insistiéramos respecto a qué lengua habla, nos diría que la lengua local”.

La división actual responde en un primer plano a la doble opción que se les ha venido ofreciendo a los ucranios entre la integración en la Unión Europea, tal como corresponde a su pasado austro-húngaro, y el regreso a Rusia, ahora en forma de una unión aduanera, que recrea tanto el expansionismo del viejo imperio zarista como el de la desaparecida Unión Soviética. En un segundo plano afecta también a dos modelos políticos, sea la democracia soberana corrupta y autoritaria que Yanukóvich intenta mantener a flote mediante sus poderes presidenciales, sea el régimen parlamentario de tipo occidental demandado por los manifestantes. Pero incide en la propia identidad y existencia del país, es decir, en la improbable capacidad de los ucranios para mantenerse unidos a partir y no a pesar de estas diferencias que han venido separándoles hasta ahora y que en este momento les sitúan al borde de la guerra civil. (El País, 19 de febrero 2014)
Hay muchas responsabilidades en el deslizamiento violento del conflicto que empezó en noviembre tras la negativa del presidente Yanukóvich a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea y su decantación en favor de Putin. La primera, del propio presidente ucranio, inepto y mendaz hasta molestar a su propio patrono del Kremlin. También las tiene el presidente ruso con sus ambiciones imperiales frente a Washington y Bruselas. Son evidentes las de la vacilante Unión Europea. Y no puede faltar la oposición, incapaz de controlar un movimiento que ha ido cayendo en el descontrol de la violencia o bajo el control de la extrema derecha.

Ucrania vive una mezcla de conflicto civil y de guerra geoeconómica que está derivando hacia la contienda armada. Están en juego las fronteras de Europa, e indirectamente la capacidad de la UE para existir en el mundo. Pero lo más sustancial concierne a los ucranios y es su capacidad para construir Ucrania juntos, país que solo podrá sobrevivir si consigue convertirse en un Estado democrático que respete e incluya todas las diferencias e identidades.

Con algunos datos como estos, lo que nos puede sucitar es a tomar una posición más consciente, pero especialmente a hacernos preguntas, sobre el destin, el futuro de este país, sobre las dinámicas democráticas que generamos en occidente, sobre las lecciones históricas que no aprendemos, o los errores hist´rico-políticos que se repiten.

viernes, 15 de marzo de 2013

EL ARZOBISPO BERGOGLIO Y LA ACUSACIÓN DE COMPLICIDAD


 La Iglesia como institución humana, a veces muy humana, no está para nada excenta de los avatares políticos y de las malas prácticas que se han instalado en este noble e indispensable campo del quehacer humano. Muchas personalidades eclesiásticas se han visto envueltas en diversos asuntos públicos en muchos casos porque su misión le pide intervenir, en otras oportunidades, por no haber medido las consecuencias de sus actuaciones y también, por pastores con vida poco edificante o ambiciones mundanas; ejemplos los tenemos todos en las mentes, y en algunos países más que en otros, pero lo que quiero señalar es la necesidad de no caer en las trampas políticas interesadas y malintencionadas, el juego político debería no ser tan mezquino como lo es en demasiadas ocasiones.

Con motivo del nombramiento del Papa Francisco,al parecer no muy amigo del actual régimen argentino, todos los seguidores del partido en el gobierno, han querido relacionar al ex arzobispo de Buenos Aires, con la triste y escabrosa dictadura de Videla que tan nefasto legado ha dejado para los argentinos, creo que merece una clarificación para que la calumnia no menoscabe la integridad de la imagen del nuevo pontífice.

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ ACLARA QUE EL EXARZOBISPO, AHORA PAPA NO TUVO NINGUNA COMPLICIDAD CON LA DICTADURA:

El premio Nobel de la Paz defendió al cuestionado exarzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, ahora Papa Francisco, por su rol durante la última dictadura argentina. 

Existen versiones que involucran al ahora Papa Francisco, Jorge Bergoglio, con la época más oscura de nuestra historia que tuvo lugar entre 1976 y 1982, mientras era líder de la congregación jesuita, cargo que ocupó entre el 73 y el 79. Sin embargo, en las últimas horas, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, salió en su defensa y aseguró que “no fue cómplice de la dictadura”.

Luego de celebrar la designación del hasta el miércoles Arzobispo de Buenos Aires como máxima autoridad del Vaticano, aseguró, en declaraciones a la cadena de noticias británica BBC: “Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura argentina, pero Bergoglio no”.

“A Bergoglio se lo cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", recordó el premio Nobel.

Tras el anuncio del Vaticano de la elección de Francisco, hubo referentes políticos y sociales que cuestionaron  a Bergoglio por su supuesto pasado. Entre ellos, uno de los que más duro lo criticó fue el líder piquetero, Luis D´Elia que publicó lo siguiente en su cuenta de Twitter:

CITADO A DECLARAR. El periódico La Jornada en su edición web señala que en mayo del 2011, el nuevo papa argentino Jorge Bergoglio, fue citado a declarar como testigo en la causa que juzga a los responsables del plan sistemático de apropiación de menores hijos de desaparecidos durante la pasada dictadura militar (1976-1983).

En ese año Bergoglio declaró en la causa que procesa a los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) y por el caso de un sacerdote sobreviviente que lo señaló como cómplice de los exdictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone, y por no haber impedido su secuestro y tortura.

Sin embargo, según el diario mexicano al nuevo papa latinoamericano le faltó informar lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos en cautiverio, después de que Estela de la Cuadra, hermana de Ana de la Cuadra -cuya madre Alicia fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo- presentó en el tribunal una serie de cartas que su padre le envió a Bergoglio -cuando este dirigía a los jesuitas- para que lo ayudara en la búsqueda de su hija desaparecida y de su nieta.

CUESTIONADO. El flamante Papa, el argentino Jorge Bergoglio, fue cuestionado por organismos de Derechos Humanos y citado por la Justicia para declarar como testigo en causas por crímenes cometidos durante la última dictadura militar.

Bergoglio recibió acusaciones de haber "colaborado" con el gobierno de facto de 1976 a 1983, sobre todo luego de prestar declaración en el juicio de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) con motivo del secuestro y la tortura de dos sacerdotes jesuitas en ese predio.

El exarzobispo de Buenos Aires declaró ante el Tribunal Oral Federal 5 porteño, aunque siempre negó las acusaciones.

Bergoglio era el superior de los jesuitas en la Argentina y en mayo de 1976 retiró la licencia religiosa a los curas Francisco Jalics y Orlandio Yorio, dos subordinados del excardenal en la Compañía de Jesús y políticamente más activos que él.

Más tarde, los dos sacerdotes fueron secuestrados por un grupo de la ESMA, poco después de perder la protección religiosa, y se los envió a ese predio, en donde fueron torturados, supuestamente por su militante en defensa de los derechos de los pobres.

Bergoglio también fue llamado a declarar como testigo, por petición de la Fiscalía y las Abuelas de Plaza de Mayo, en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés nacidos en cautiverio durante la dictadura.

El excadernal fue convocado por la Justicia después de que otra testigo, Estela de la Cuadra, presentase varias cartas que su padre le había enviado a Bergoglio para que lo ayudara en la búsqueda de su hija desaparecida y su nieta.

El nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica también fue citado a declarar como testigo en el marco de una causa penal abierta en ese país por el secuestro y posterior asesinato, en 1976, del sacerdote Gabriel Longueville, de origen francés y cura párroco de la localidad de Chamical, en La Rioja.

Una denuncia de la madre del religioso, Marie Therése Abattú, motorizó la investigación: Longueville y su colega Carlos de Dios Murias fueron secuestrados el 18 de julio de 1976 en la casa parroquial de Chamical por un grupo de tareas integrado por militares, policías y agentes civiles.

Desde ese lugar, los dos fueron trasladados a la base aérea de Chamical, donde fueron torturados y asesinados
.
El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel rechazó hoy que Jorge Bergoglio, nombrado Papa, haya sido "cómplice" de la dictadura militar argentina.
"Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura pero Bergoglio no", enfatizó Pérez Esquivel, al ser consultado sobre la trayectoria del Santo Padre.
Según el Premio Nobel, "a Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas".
"Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", remarcó.
A su vez, la diputada del PRO, Gabriela Michetti, advirtió que "si hay alguien que se preocupó por sus curas jesuitas" durante la dictadura "fue Bergoglio".
La diputada apuntó contra versiones publicadas por el periodista Horacio Verbitsky que cuestionan la actuación del actual Papa durante la dictadura.
"La lectura que le da Verbitsky es exactamente al revés", enfatizó Michetti, quien señaló que en el caso de dos sacerdotes jesuitas detenidos ilegalmente, Bergoglio intercedió para su liberación.

 


miércoles, 13 de marzo de 2013

Un Papa AD MAIOREM DEI GLORIAM



Acabamos de presenciar un hito histórico en la evolución de la Iglesia, como creyentes somos conscientes que el factor humano e institucional han sido demasiado obstáculo para que está  Iglesia se el verdadero proyecto de Jesús de Nazaret. Pero aunque a veces todo se cernia bastante opaco, por no decir gris, hoy se ha asomado el sol y brilla la esperanza en el horizonte del pueblo de Dios.
Esta eleccion papal ha sido rápida y muy esperanzadora para los católicos de base, al parecer no es tan sorprendente el hecho de que sea un latinoamericano, ya que había cardenales suficientemente preparados para ejercer el pontificado desde la elección de juan XXIII, lo realmente novedoso y por qué no decirlo, especial es que sea un hijo de San Ignacio de >Loyola Fundador de la Compañía de Jesús quien haya llegado a la silla de Pedro, esto garantiza en la formación y trayectoria del Papa algo realmente firme y profundo, y no significa que los anteriores papas no pudieron tenerlo, sino que la vocación jesuita tiene unas características y fundamentos que lo vinculan especialmente a la Iglesia, al Papado, pero especialmente al compromiso de seguimiento de Cristo, como esencia de su espiritualidad.
 
Por eso es en cierta manera comprensible, pero no por eso menos sorprendente la elección del nombre, a nuestro humilde parecer toda una declaración de intenciones. Ante la demanda del corepresentante del colegio cardenalicio sobre el nombre con el que quiere ser llmado, "vocabor Franciscus" ha contestado, me llamare Francisco. De esta forma, por primera vez en la historia de la Iglesia Católica, el heredero de Pedro tendrá el nombre de Francisco.

El por qué de la elección de este nombre es difícil de saber del cierto, aunque la mayoría de medios de comunicación y especialistas suponen que Jorge Mario Bergoglio lo habría adoptado en homenaje al santo con este nombre más célebre de la Iglesia, San Franciso de Asís, y por su predicación de la pobreza y la austeridad. San Francisco de Asís nació en esta localidad italiana durante la Edad Media y fue el fundador de la orden de los franciscanos y de la orden femenina de las clarisas, caracterizadas ambas por su voto de pobreza. En una etapa de la Iglesia de lucha contra diversos cultos que no fueron aceptados (como los cátaros), el conocido caso de Francisco de Asís es singular: participó en algunos altercados que le costaron la prisión, cosa que provocó un cambio en su vida en el que decidió renunciar a los bienes heredados de su padre y predicar el apostolado y la vida sencilla.

Finalmente, el Papa Inocenció III aprobó su predicación y así se fundó el orden. Muchos aseguran que el nuevo Papa argentino quedó marcado por la vida austera del santo de Asís, algo que tendría su reflejo en el hecho que el cardenal Bergoglio haya sido reconocido en su país por sus palabras y propuestas de lucha contra la pobreza. Además, él mismo como persona tiene fama de ser austero y de no ser amante de los lujos -utiliza el metro, por ejemplo, o ha renunciado al coche oficial para acudir al cónclave. Por lo tanto, el nombre adoptado por el sucesor de Benedicto XVI no sólo significaría una preferencia, sino que también podría ser una "indicación" de cómo quiere que sea su pontificado.
 
Santos jesuitas 

 Sin embargo, Bergoglio también podría haberse fijado en otros santos con este nombre, como es el caso de Francisco Javier, jesuita como el nuevo Papa, patrono de los misioneros, y miembro del grupo fundador del orden que lideró San Ignacio de Loyola; o Francisco de Borja (1510–1572), quien también fue jesuita y descendiente de la casa que llegó a tener dos pontífices -biznieto, de hecho, del Papa Alejandro VI. Francisco de Borja llegó a ser el tercer General de la Compañía de Jesús y su generalato se caracterizó, entre otras cosas, por la expansión de la compañía en Latinoamérica. Queda la duda de saber por qué ha elegido el nombre", puede ser por Francisco de Asís o por Francisco Javier" y que en cada caso tendría connotaciones distintas. En el primera caso, por el "acento en la pobreza" y en el segundo "en la evangelización". Francisco Javier se destacó también por su papel en la expansión de la fe en Asia. 
Desde aquí hacemos votos y deseamos que este pontificado marque una auténtca renovación de la Iglesia, y si no se puede tanto, por lo menos que prepara los caminos para acercarnos al  Plan de Jesús. Nosotros hacemos oración, especialmente de Acción de Gracias, y el Espíritu de Dios conduce este mundo por caminos insospechados. Ad maiorem Dei Gloria