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lunes, 15 de febrero de 2016

Más allá de dinosaurios y camaleones

A pesar de que Ortega y Gasset dijera en alguna ocasión que no sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa, los españoles sí que sabemos lo que nos pasa, al menos en parte. Por ejemplo, hemos transitado en cuatro décadas de tener al dinosaurio como animal emblemático a tener al camaleón. Así, sin paliativos, como si no hubiera en la fauna otras figuras bastante más apropiadas para una sociedad democrática, como sería el caso de una ciudadanía madura y responsable, integrada en instituciones justas.
Como es sabido, en ese género literario que es la emblemática, y también en las fábulas, se utilizan con frecuencia figuras de animales para transmitir un mensaje moral. Los animales representan virtudes o vicios, como es el caso del zorro, que simboliza la astucia, el león, el valor y la nobleza, el águila, la amplitud de miras, o la cigarra, la pereza.

Así las cosas, hace algunas décadas, la persona de convicciones profundas, dispuesta a defenderlas a capa y espada, y a no cambiarlas ni matizarlas por ningún concepto era el modelo a imitar, al menos en la educación oficial, tanto formal como informal. Como los dinosaurios de cuerpo acartonado que se hicieron famosos más tarde gracias a las películas de Spielberg. Sin embargo, los dinosaurios no pueden resistir los cambios, parecen invencibles, pero perecen en cuanto es necesario adaptarse a un nuevo entorno. Sobrevivir, y sobrevivir bien requiere flexibilidad, no digamos ya en el caso de las personas y de las sociedades. Esta lección es la que fuimos aprendiendo en esa escuela que fue la Transición ética y política, una Transición que hubiera sido imposible sin incorporar el hábito democrático de intentar buscar acuerdos dentro de los límites de lo justo y razonable.


Pero, por desgracia, poco a poco a lo largo de estos 40 años ha ido ganando terreno el camaleón como modelo a imitar, acompañado de la leyenda que le corresponde tradicionalmente: “Yo me adapto”. Pero no solo eso, que sería muy razonable para poder sobrevivir, sino: “Yo me adapto a lo que haga falta con tal de prosperar grupalmente y sobre todo individualmente”. Aunque para lograrlo sea necesario abandonar todas las convicciones racionales y borrar de un plumazo las señas de identidad que impidan pactar con cualquier cosa.
Recordando a Nietzsche se dice entonces que las convicciones son prisiones, y se añade por cuenta propia que no interesa forjarse convicciones, sin solo construir convenciones. La ingeniosa frase de Groucho Marx “estos son mis principios, y, si no les gustan, tengo otros” se convierte en imperativo de actuación para la vida política y para el conjunto de la vida social. Los consejos de Maquiavelo al príncipe para que intente engrandecer la patria se manipulan hasta convertirse en recetas caseras para triunfar en política en provecho propio.
Ciertamente, la falta de flexibilidad es letal, para quien la practica y sobre todo para quienes dependen de él, en más o en menos. Pero el vacío de convicciones es igualmente letal para quien carece de ellas y sobre todo para los que de algún modo están en sus manos. Y eso es precisamente, al menos en parte, lo que nos pasa; con malas consecuencias para el conjunto de la sociedad y para los más vulnerables en particular.
Como en las cosas humanas, una vez tomado el pulso al momento presente, lo importante es idear qué queremos que nos pase y poner los medios para encarnarlo en la realidad, es urgente encerrar a los dinosaurios y a los camaleones en las páginas de la historia de la emblemática pasada, y optar por un nuevo emblema, el de una ciudadanía madura, capaz de labrar un buen futuro.

Ciudadanos hay de dos tipos al menos, los que optan por ingresar en partidos políticos y asumir con ello una especial responsabilidad por la cosa pública, y esa gran mayoría que conforma la sociedad civil y que es sin duda corresponsable. Aunque siempre conviene recordar que a mayor poder, mayor responsabilidad. ¿Qué podemos esperar de unos y otros?
En lo que hace a los primeros, cabe esperar de ellos, como mínimo, que tomen en serio el Estado de derecho, cumpliendo escrupulosamente la legalidad. No es de recibo corromper la actividad política concediendo contratos de favor a cambio de un impuesto partidario, generando esa gangrena que recorre nuestra sociedad. La corrupción es un cuerpo extraño en una vida pública sana y debe ser eliminada sin paliativos. Pero tampoco es lícito eludir las leyes, por ejemplo, proponiendo referendos inconstitucionales; una actuación que deslegitima cualquier pretensión de que la ciudadanía cumpla las leyes. Por otra parte, los partidos deben exhibir sus señas de identidad, aclarar de forma transparente con quiénes están dispuestos a pactar y cuáles son los contenidos de los pactos, que deben estar en coherencia con el propio programa. Actuar de otro modo es caer en el oscurantismo, practicar un fraude inadmisible, que provoca desafección, porque convierte al voto en blanco y a la abstención en las opciones más razonables. Votar sin saber qué se está eligiendo es en realidad entregar un cheque en blanco, y ningún elector tiene por qué hacerlo.
La otra cara de la moneda, la ciudadanía madura en la sociedad civil, no es la ciudadanía pasiva, que deja en manos ajenas el curso de la vida pública, pero tampoco esa ciudadanía febrilmente participativa, como la ardilla de Tomás de Iriarte, que se menea, se pasea, sube y baja, no se está quieta jamás, sin lograr con todo ello cosa de alguna utilidad común. Como bien dice Benjamin Barber, también en los regímenes totalitarios la ciudadanía es activa y participativa. Por eso lo que importa es que sea lúcida y responsable, que no se deje manipular emocionalmente ni tampoco con argumentos sofísticos, que le importe el bien común, y no solo el particular. Que sea, desde esa madurez, participativa.

Más allá de los dinosaurios y los camaleones, la ciudadanía madura toma lo mejor del liberalismo y del socialismo. Se compromete con las exigencias del Estado social de derecho en que vivimos, creando cohesión social y amistad cívica; abre las puertas a los refugiados políticos y a los inmigrantes pobres, actuando a la vez en los lugares de origen; apuesta por reforzar la Unión Europea, consciente de que no hay que abandonarla porque esté en crisis, sino trabajar activamente por construirla mejor; practica el cosmopolitismo arraigado de quien se compromete con lo local y sabe cuál es su lugar en el mundo.
Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa

A proósito de la campaña de solidaridad con las víctimas os dejo estas reflexiones.

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A raíz del atentado de este viernes en París, Facebook ha impulsado un filtro opcional para todos los usuarios de la red. En esta ocasión, el filtro pretende solidarizarse con las víctimas del atentado convirtiendo tu foto de perfil en una imagen que funde la original con los colores de la bandera de Francia. Por supuesto, minuto tras minuto los usuarios van utilizando la herramienta, llevados por el choque emocional que suponen los ataques en la capital francesa. Es evidente (aunque no creo que sea deseable) que en el mundo hay muertos de primera y muertos de segunda, incluso de tercera y cuarta. Es hasta cierto punto entendible que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. De hecho, si tenemos en cuenta la cobertura mediática que se hace de uno y de otro sería de extrañar que a un ciudadano del Estado español, por ejemplo, le afectara más un ataque terrorista en Líbano que uno en Francia.
La manipulación colectiva por parte de los grandes medios de comunicación es evidente. El silencio que impera o la frialdad a la hora de exponer cifras de muertos cuando se trata de un atentado que ha tenido lugar en el conocido como Mundo Árabe contrasta con el dramatismo de la exposición cuando se trata de un atentado en territorio europeo o norteamericano. Y aunque esta estrategia comunicativa es un modelo de éxito a la hora de crear ciudadanos y sociedades de primera y de segunda, cada vez son más los europeos que entienden que están siendo manipulados y que tratan de apartarse de la influencia de los grandes medios que con su acción o inacción construyen muros entre sociedades que parecen infranqueables. No obstante, al tratarse de una novedad, el filtro de Facebook supone un peligro que coge a la mayoría de internautas con las defensas especialmente bajas


 Atentado del Estado Islámico en  Líbano el 12 de Noviembre
Utilizar el filtro de Facebook para solidarizarse con las víctimas de los atentados en París es apoyar una visión del mundo en la que sólo preocupan las muertes de ciudadanos occidentales. Mediante este pequeño gesto se construye un muro más en esta fortaleza del siglo XXI que es Europa, llena de súbditos muertos de miedo que regalan su sentido crítico a empresas e instituciones públicas a cambio de un poco de sensación de seguridad. En el Líbano, el Iraq, en Irán y en cualquier lugar del mundo, cuando estalla una bomba o cae un misil hay hermanos que sufren, padres y madres que se desmayan al conocer la noticia, amigos que buscan desesperados pistas para encontrar a compañeros de instituto o del trabajo. 




Es entendible (aunque no creo que sea deseable) que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. Muchos tenemos amigos en París o hemos visitado la ciudad una o varias ocasiones. Pero Facebook es una empresa global y con gestos como este lo único que hace es establecer una estructura hegemónica de prioridades en la que los muertos occidentales preocupan y movilizan y las víctimas, por ejemplo, del atentado en Beirut de hace dos días, simplemente no cuentan. ¿O es que nos dieron la opción del filtro con la bandera del Líbano? Validar esta visión del mundo me parece extremadamente peligroso. Más si lo hacemos sin ni siquiera darnos cuenta.

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

martes, 5 de agosto de 2014

Adéu, Señor Jordi Pujol: ens sentim dolguts i matractats

Adiós, Señor Pujol, nos sentimos dolidos y maltratados:
El redacor tuvo la grata experiencia de recibir un premio oficial de Educación en Valores del Gobierno Autónomo Catalán, y de participar en foros y congresos, organizados por la Dirección de Bienestar Social y Voluntariado de la  Generalitat de Catlunya, esta vinculación profesional,  en términos de solidaridad, me permitió conocer  de cerca a líderes y dirigentes catalanes, entre ellos, al ex presidente Pujol. En  la medida en que te acercas a una persona o institución, la entiendes mejor, y en la medida que la comprendes, la estimas. Hoy la decepción especialmente de los ciudadnos catalanes  de quienes fueron sus representantes y líderes, es muy grande y comparto la tristeza ante el convencimiento que un pueblo trabajador como el catalán no merece estas traiciones. He aquí los ecos de esta desagradable noticia:













Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat, reveló que su familia estaba en proceso de regularizar una herencia recibida en septiembre de 1980. Hasta ahora, el dinero no había sido declarado a Hacienda, y su existencia había permanecido lejos del conocimiento de los ciudadanos. Este hecho conmocionó a la opinión pública, incluyendo a algunos miembros de la familia Pujol. 
Los comentarios de la noticia en la que Pujol anunciaba las irregularidades, superan ya los 13.000. Por otro lado, la encuesta lanzada con la pregunta ‘¿Apruebas la renuncia de Pujol a sus atribuciones de expresident?’ se han registrado casi 5.000 votos. Además, la respuesta mayoritaria es claramente el sí, con el 92% de los votos, frente al 7% del no y al 1% de abstención.
Los ciudadanos manifiestan sentirse sorprendidos, ya que consideraban a Jordi Pujol un ejemplo de buen hacer político, de honestidad y de coherencia. Son muchos los que muestran su decepción. “President, em sento molt i molt decebut. Jo he defensat la vostra honestedat, que tenia molt assumida, i ara hauré, com molts d'altres, d'acotar el cap”, asegura Josep Viladomat en su carta ‘Un nou estigma’. Para otros, la palabra “decepción” no es suficiente para definir cómo se sienten ante la noticia. C. Villar Perearnau explica en ‘Dolguts i maltractats’: “Senyor Pujol, "defraudats" no és la paraula. Ens sentim estafats, en tota l'amplitud de la paraula! Ens sentim dolguts, matractats i amb una indignació majúscula, sense precedents!”. 
Hay quien habla, además, de tristeza: “Saber que el que yo llamaba "el president Pujol" es igual de corrupto que todos los demás me produce una tristeza infinita”, confiesa Francina García en ‘Igual que todos’.  Luis Carrero titula su carta ‘Un mal a Catalunya’, y muestra su desilusión: “Ara sí que toca estar dolguts per uns fets que ara surten d'una persona l'honorabilitat del qual com a polític deixa en entredit tot allò que digué, féu, i representava i que fou ejemplar”.
Por otro lado, Rafael Martínez exige explicaciones sobre la procedencia del dinero en su carta ‘Se hunde un mito’. “Jordi Pujol no sólo tendría que dar explicaciones del retraso en legalizar esa gran fortuna heredada, sino que también tendría que dar explicaciones de cómo y dónde obtuvo su padre ese patrimonio”, expone. Elisenda Butista, por su parte, cuenta que su madre confiaba plenamente en Pujol, y recuerda que se enfadaba con todo aquel que intentase hacer un mal comentario sobre el expresident. “Ho sento, mare, estaves molt equivocada”, sentencia en su carta 'Doble moral'. 
José L.Piera Másllorèns asegura en ‘Imperdonable’, que no perdonará el acto cometido por Pujol hasta que éste no devuelva el dinero no tributado: “Pues no, señor Pujol, seré un mal cristiano pero no cuente con mi perdón ni con mi voto para Convergència (cuya sede está embargada por el caso Palau). Para perdonarle debería estar seguro de su arrepentimiento, voluntad de no reincidir y devolver lo defraudado, incluyendo parte del famoso 3%”. A este argumento se suma Anna Bacardit en su carta ‘La herencia de Pujol’: “El impacto es terrible. Pedir perdón no es suficiente para un personaje de su relevancia en nuestras vidas. El patrimonio heredado debe ser analizado y sus beneficios puestos en conocimiento de la sociedad, valorados y devengados sus impuestos”.
Hay quien incluso mira al pasado, como Carlos Bravo, que recuerda el caso Banca Catalana, en el que “Pujol dijo que aquello era una jugada indigna de Madrid y un ataque a Catalunya”. “Ahora sé que aquel líder que clamó contra Madrid y llamó a los suyos a manifestarse a su favor ya tenía entonces dinero sin declarar en una cuenta suiza y, treinta años más tarde, sospecho que todo aquello fue un ejercicio cínico de hipocresía”, asegura en su carta ‘Envuelto en la senyera’. 
Pese a que condenan el fraude fiscal, algunos lectores han querido reconocer su trayectoria política y valorar que Jordi Pujol haya presentado sus disculpas. Es el caso de Rafael Dionis Raurell, que en su carta ‘Saber perdonar’ expone: “Si mirem tot el bé que ens ha aportat durant tots els anys que ha estat al capdavant de la Generalitat, n'ha estat molt”.  Y añade: Senyor Jordi Pujol, encara que hagi fet ferida, accepto la seva petició de perdó”. En este sentido, B.Martorell Garau enumera en su carta 'Bona acció política' algunas de las políticas que llevó a cabo el que fuera el presidente de la Generalitat, y reconoce su papel político. “Voldria que els catalans no ens equivoquessim, ja que la Catalunya actual sense l'acció política de Jordi Pujol no tindria, a hores d'ara, res a veure amb la que espera amb il·lusió la seva pròxima independència”, asegura.

Entre los que se posicionan en reconocer la labor del expresident, se encuentra Jordi Antich. En ‘El deure de Pujol’, explica: “Malgrat el fet manifestat pel senyor Pujol els darrers dies i altres errades que deu haver comès en la seva vida com a personatge públic, el seu haver supera amb escreix el seu deure”. Iñaki Galgarraga, por otro lado, hace referencia en 'Tranquilo, Jordi' a un acontecimiento pasado para reflejar su postura: “Que actúe la justicia, aunque reconociendo que hasta el día de hoy únicamente los dos interlocutores de aquel: "Tranquilo, Jordi, tranquilo", del Rey a Pujol, transmitido un 23 de febrero de 1981, han dado, con todas sus consecuencias, el paso de someterse al juicio público y pedir perdón”.
Aurora Masiques i Mas dedica su carta ‘Prevalen les idees’ a su padre, que fue militante de Unió Democràtica, y a quien dedica estas palabras: “Ha caigut un mite, potser és el que calia per seguir endavant. No pateixis pare: cauen els homes, però no les idees”.
Otros como Pere Crosas hablan desde la idea de una Catalunya independiente.”La confessió de Jordi Pujol confirma les meves reflexions de fa temps: la nostra pobra, trista i bruta Catalunya necessita proclamar, junt amb la independència, un projecte social (diguem-ne, si voleu, una Constitució) que no permeti la corrupció”, asegura en 'El que necessitem'.
Tras el reconocimiento de su coraje profesional e institucional en 'El coratge de Pujol', Antoni Vilanova le dice a Pujol: “President, heu trencat la vostra imatge, destrossat els vostres principis morals i enfosquit el lloc que la història us havia reservat. Quina pena i decepció”

 .


La hermana y el cuñado de Pujol  sorprendidos por la declaratoria

Pero, ¿de qué herencia hablas, Jordi?" La hermana del expresident de la Generalitat, Maria Pujol y Soley, y su esposo, el abogado e historiador de la economía Francesc Cabana i Vancells, no podían dar crédito, ningún crédito, a lo que estaban oyendo en su propia casa y en boca del hombre que dirigió los destinos de Catalunya durante 23 años. Era el mediodía del viernes 25 de julio, festividad de Santiago, cuando Jordi Pujol y Soley apareció en el domicilio de la familia Cabana-Pujol. Pocas horas después haría llegar a los diarios a través de sus abogados lo que, en esa visita, verbalizó ante Maria y Francesc, el comunicado, la bomba, con la que ha acabado inmolándose política y moralmente quizás para siempre. Según les relató -como después hizo en esa confesión pública de dos folios-, su mujer, Marta Ferrusola, y sus hijos habían regularizado ante la Hacienda española una herencia recibida de su padre, Florenci Pujol Brugat, en 1980, depositada en Andorra durante los últimos 34 años. Una herencia que, pese a las tres amnistías fiscales decretadas por los gobiernos españoles desde entonces, no habían tenido tiempo -o no habían estimado oportuno- poner sobre la mesa del fisco. El problema añadido es que ese viernes fue la primera vez que su hermana, Maria, y su cuñado, Francesc, oyeron hablar de ese legado del avi Florenci.

Francesc Cabana es un hombre sabio, ordenado y de modales exquisitos. Además de ser su pariente político trabajó con Jordi Pujol y con su suegro, Florenci, en los años de Banca Catalana. Y ha sido su amigo y lo ha querido como a un verdadero hermano. Un hombre prudente, sobre todo muy prudente, cuya voz delataba ayer tras el teléfono, en conversación con La Vanguardia, el dolor inmenso -y la extraordinaria confusión - en que los ha sumido la revelación del expresident.

Pujol estaba "molt ensorrat" ("muy hundido") cuando se presentó el viernes pasado en casa de su hermana. La preocupación de Maria y Francesc se incrementó a medida que el expresident fue desgranando lo que tenía que decirles. "Perdó, perdó" ("Perdón, perdón"), les repetía una y otra vez, un Jordi Pujol abatido.

La primera reacción de los Cabana-Pujol fue de "incredulidad". Después llegó la "indignación". ¿Cómo era posible que Maria, la hermana del president, desconociese la existencia de ese dinero de su padre, Florenci, y la decisión de legarlo a su cuñada, Marta Ferrusola, y sus siete hijos -y sobrinos-?". La tercera sensación -y ahí siguen instalados Maria y Francesc cuatro días después- fue la "compasión".

Maria Pujol no heredó ni un sólo céntimo de su padre, Florenci Pujol, al morir este por un fallo cardíaco en 1980, pocos meses antes que Jordi Pujol fuese investido president de la Generalitat por primera vez. Tan sólo algunas acciones de Banca Catalana. L'avi (el abuelo) Florenci compró un piso a cada uno de sus hijos, Y se instaló con su esposa, Maria Soley, madre de Maria y Jordi, en el piso contiguo al de su hija, donde vivió hasta su muerte. Para Maria Pujol no hubo más herencia que esa. Las relaciones de los Cabana-Pujol con el abuelo Florenci mientras vivió fueron muy estrechas. "Era una persona extraordinaria", comenta Cabana.

La madre murió hace seis años, a una edad muy avanzada y tras una larga enfermedad que la mantuvo ingresada en el hospital durante tres años. Maria se hizo cargo de ella y un crédito solicitado por Jordi Pujol sirvió durante tres años para cubrir sus necesidades asistenciales. Al fallecer, el piso en el que residía pared por pared con los Cabana-Pujol fue vendido. El producto de la venta se repartió al 50% entre los dos hijos, Maria y Jordi.

Jordi Pujol visitaba frecuentemente a su hermana y su cuñado, si bien la conversación giraba casi siempre sobre la situación del país y las perspectivas de la política y la economía. Nunca hablaron de los rumores que hace ya mucho tiempo empezaron a circular sobre algunos hijos del president y, particularmente, sobre el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola. Sólo en una ocasión, recientemente, el expresident hizo un comentario sobre las actividades empresariales de su hijo mayor. Fue a la vuelta de un viaje a México, donde el expresident y su esposa, Marta, visitaron a su hijo con motivo de la inauguración de un hotel propiedad de una sociedad en la que participaba: "Jordi tiene unos socios que no me han gustado nada", comentó el expresident. La última vez que Cabana coincidió con su sobrino Jordi fue en el entierro de la abuela Maria, hace seis años. Cabana -hombre prudente, muy prudente- evita trasladar al periodista más detalles. Pero se extraña de la nula reacción que, por ahora, han tenido los hijos de Pujol desde la revelación de su padre.

Jordi Pujol ofreció "expiación" como corolario de su "confesión" pública mediante el comunicado del viernes. Un texto salpicado de lagunas e interrogantes que ha conmocionado a la sociedad y al partido que fundó hace 40 años. A sus amigos. A sus adversarios. Y posiblemente más que a nadie, a Maria y Francesc. Cuando se despidió de ellos en su domicilio, su hermana y su cuñado, a la postre, le brindaron "compasión". Los Cabana-Pujol, profesan un cristianismo profundo. Sincero. Como el del expresident. "Jordi debe de haber cometido errores, pero sus sentimientos son reales y auténticos".

"Que Déu t'ajudi" ("Que Dios te ayude"), le desearon Maria y Francesc cuando, ese viernes de Santiago, Jordi se disponía a dejarles. "Ho necessitaré molt" ("Lo necesitaré mucho") respondió el expresident en el adiós.


miércoles, 16 de julio de 2014

Raúl Vera, Obispo de Guadalajara, Mexico, habla claro desde los más desfavorecidos


Raúl Vera (Acámbaro, Guanajuato, 1945) es el obispo más amenazado de México. Un prelado que ha salido vivo de más de un atentado y cuyo trabajo en favor de los desaparecidos, migrantes, menores, indígenas, prostitutas y parias de todo tipo le ha granjeado odios feroces, incluido la letal enemistad del narco. Pero las amenazas no parecen hacerle mella. Ingeniero de carrera e hijo intelectual del Mayo del 68, se ha forjado una leyenda de indomable. Su primer pulso llegó en 1995 cuando Juan Pablo II le envió como coadjutor a Chiapas, en plena efervescencia zapatista. Tenía como misión poner orden en la diócesis de san Cristóbal de las Casas, dirigida por el carismático Samuel Ruiz, un adalid de las tesis indigenistas y la teología de la liberación. Al poco de llegar, aquel comisario político al que todos consideraban un conservador y cuyo destino era quitarle la mitra a Ruiz, acabó apoyando al clero local. Roma no olvidó. Cuatro años después fue enviado, como castigo, al árido obispado de Saltillo, en Coahuila, al norte del país. De poco sirvió. Desde ahí volvió a la trinchera. Ha plantado cara a los desmanes del Gobierno y también al terror de Los Zetas.
Su discurso, de fuerte contenido social, irredento en la lucha contra la desigualdad y furibundo contra el “capitalismo liberal”, le ha situado lejos del aristocrático y ortodoxo episcopado mexicano. Una distancia que aún agrandó más su actitud ante las mujeres abortistas y su defensa de los derechos de los homosexuales. Durante mucho tiempo, Raúl Vera ha sido la oveja negra, el díscolo, el anticuado izquierdista, hasta que el terremoto ideológico provocado por la llegada de Francisco a la cátedra de San Pedro ha insuflado nueva fuerza a su voz. Ahora, los otros obispos se giran para escucharle.
 Pregunta. ¿Qué le aconsejaría visitar al Papa cuando venga a México?
 Respuesta. Pues para empezar, que conociera la ruta de los migrantes. También le haría visitar una cárcel, porque a él le gusta ir a las cárceles; lo llevaría a los suburbios de una ciudad grande, porque él dice que tenemos que ir a la periferia. Le organizaría una visita de acuerdo con lo que él está pidiéndonos que atendamos. Y haría que quienes estén en primera fila sean los indígenas, sean los pobres…, porque eso no se hace, poner delante a los pobres…
P. Hace poco bautizó a la hija de una pareja lesbiana. ¿Qué piensa de la homosexualidad?
R. La homosexualidad, ay… es un tema al que nos hemos negado. Los que dicen que el homosexual es un enfermo, son los que están enfermos. Tengo un amigo que fue sacerdote y que es homosexual. Él dice que no reconocer a los homosexuales es como medir por las normas del rugby a los que juegan al fútbol, y luego decirles además que están violando las normas. La Iglesia tiene que acercarse a ellos no con condenas, sino con diálogo. No podemos anular toda la riqueza de una persona solamente por su preferencia sexual. Eso es enfermizo, eso es no tener corazón, es no tener sentido común.


P. ¿Y con el aborto no pasa lo mismo?
R. En el aborto pienso como piensa la Iglesia, que eso es un asesinato. Las diferencias están en cómo se trate, cómo se penalice. El aborto, como el matrimonio entre los homosexuales, nos ha servido de subterfugio para decir que tenemos moral en la Iglesia. Pero no somos capaces de defender los derechos de los obreros. Es muy fácil ir contra una mujer abortista, no tiene problema y además nos apoya la ultraderecha conservadora. Mire, aquí hubo una campaña nacional contra el aborto, a favor de la vida. ¿Y yo qué hice? Organizar rosarios por todo el pueblo para meditar sobre la defensa de la vida de los migrantes, la defensa de la vida de los mineros, la defensa de la vida de las mujeres y la defensa de la vida del no nacido. Pero somos unos hipócritas… Parecería que las únicas reglas morales fueran condenar a los matrimonios homosexuales, condenar a las abortistas. Y ya con eso, ya somos cristianos perfectos.
P. ¿Legalizaría la prostitución?
R. No, eso sería legalizar la explotación femenina. Yo creo en la dignidad de las mujeres. La prostituta es una mujer sumamente dañada, pero jamás debe perder su dignidad y el derecho al respeto. Estamos llegando a límites espantosos en el fenómeno de la trata y la explotación.
P. ¿Es usted socialista?
R. No me considero socialista. No he leído a Marx, no he militado en el socialismo, y nunca me gustó la tesis de la conversión en dictadura. Todos tenemos los mismos derechos y la misma dignidad, pero también tenemos libertad. Ahora bien, nunca he apoyado los métodos del capitalismo, Dios me libre. El verdadero sentido de la vida es la comunidad, el cuidado de los débiles y la participación en los bienes de la tierra por igual. Todo eso lo he aprendido del mundo indígena, de los pobres y los campesinos. Ellos me han enseñado el valor de la vida humana y también su capacidad para la alegría. Ellos me han enseñado a reír.
P. Usted se ha enfrentado al narco públicamente, ¿teme por su vida?
R. En Chiapas aprendí que había que arriesgar la vida si uno quería ponerse del lado de los pobres. De otro modo, no hubiera podido quedarme ahí mientras los paramilitares mataban a esos hermanos catequistas.
P. ¿Y aquí en el Estado de Coahuila, que es territorio de Los Zetas?
R. He aprendido que para defender la vida humana tienes que poner la tuya de por medio. No hay otra manera de ser pastor.
P. En México hay oficialmente más de 13.000 desaparecidos; en Coahuila, 1.800. Solo en dos pueblos del norte, los narcos se llevaron en pocos días y a plena luz a 300 personas sin que las autoridades hiciesen nada. ¿Qué cree que está pasando?
R. La impunidad ha permitido que eso suceda. La desaparición viene acompañada de la eliminación de todo indicio que permita la persecución: hacen desaparecer las personas y luego los cuerpos. Y todo se vuelve hipotético, porque nadie sale vivo. Y si alguien se separa de esos grupos, es persona muerta. En el caso de Allende lo hicieron a la luz del día, sin que hubiera la más mínima reacción de autoridades.
P. ¿Y no sería una solución para acabar con el narcotráfico legalizar las drogas?
R. No va a ser la solución.
P. ¿Por qué no?
R. Absolutamente no. Las drogas van ligadas a la depreciación de la vida humana. La descomposición del hombre no viene de la droga; a la droga se va, igual que se va al alcohol, por otra cosa. Para unos la vida no tiene sentido y la necesitan para vivir el sinsentido, y hay otros que no tienen ni dónde caerse muertos. Legalizando la droga no se soluciona el problema por el que la gente se droga. Y bastaría con prohibir unas para que descubriesen nuevas.
El obispo Vera lo dice suavemente. A sus 69 años se le ve tranquilo. Acabada la entrevista, se dirige a su despacho, repleto de libros, a cambiarse de vestiduras. Al lado está su habitación. No le importa que se mire dentro. Con su ordenador y la mesa desordenada parece el cuarto de un universitario, excepto por la cama, mínima, vieja y sin colchón, de fraile dominico.

Entrevista en el diario  El País, España, julio 2014

lunes, 16 de junio de 2014

La otra realidad del Mundial de Futbol Brasil 2014




El pasado 12 de junio se inició la Copa mundial de la FIFA –el 2014 World Cup-, presentada como el evento deportivo más importante del año, que se centra en la competición para definir qué país tiene el mejor equipo de fútbol. Tendría que ser un motivo de orgullo nacional para el país que hospeda este acontecimiento, Brasil, país conocido por su gran afición a este deporte. Ni que decir tiene que una motivación que ha tenido el gobierno brasileño para conseguir ser la sede de esta competición ha sido la promoción del país a nivel mundial. Su intención era presentar a Brasil como una referencia mundial, no solo como potencia deportiva, sino también económica y comercial. Era una manera de presentar el “milagro” brasileño, un milagro que ha transformado el país en una potencia mundial, centro de los países emergentes.

Pero la sorpresa de estos juegos ha sido el desarrollo de un movimiento popular de protesta a su alrededor. Que un país como Brasil, amante de este deporte, vea este tipo de protesta, parece tan sorprendente como que Roma viera una protesta popular contra la pizza o España contra la paella. El fútbol es para Brasil lo que la paella es para la cocina española o la pizza para la italiana. Son elementos clave de sus culturas. Y, sin embargo, estamos viendo en Brasil una gran protesta, generalizada, en contra del Mundial. ¿Por qué?
La respuesta es fácil de ver. La realidad social brasileña explica esta protesta, que es incluso todavía más llamativa por el hecho de que el festival ha sido promovido activamente por un gobierno de izquierdas. En realidad, la protesta popular, que cuenta con un amplio apoyo (solo uno de cada dos brasileños apoya el Mundial), está basada en que el enorme coste de prepararlo va en detrimento del bienestar de las clases populares y, muy en especial, de los sectores más vulnerables. 


Este festival se percibe ampliamente entre la población como un monumento enormemente costoso, para satisfacer el orgullo nacional de las élites gobernantes (que siempre monopolizan el sentimiento “patriótico” nacional), fenómeno que pasa frecuentemente en todos los países, pero cuya obscenidad es más vistosa en países donde el nivel de vida de la población es todavía muy insuficiente, muy por debajo del que el país podría alcanzar por su nivel de riqueza. Las enormes desigualdades en estos países, como Brasil (uno de los países más desiguales de América Latina), se hacen patentes en la enorme miseria de las favelas y barrios obreros, al lado de una enorme riqueza con mansiones de una exuberancia escandalosa por el contraste con el resto de la población. Y sus servicios públicos están muy poco financiados. En realidad, su gasto público social por habitante es de los más bajos de aquel hemisferio. Es cierto que los gobiernos de izquierda han reducido la pobreza extrema a base de programas asistenciales financiados a través del Estado. Pero estos programas han sido pagados con fondos derivados del gran crecimiento económico y no de la redistribución de la riqueza en el país, que ha continuado siendo de los más desiguales hoy en aquel continente.

La gran pobreza de su sector público, junto con las exuberantes riquezas, explica la explosión social. De ahí la enorme protesta, que no es la primera en Latinoamérica. Recordemos las movilizaciones populares en Méjico de 1968, en protesta por los enormes costes que suponía la preparación de los Juegos Olímpicos, que culminaron con una de las mayores manifestaciones vistas en aquel país, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, compuesta por estudiantes y obreros, que terminó con la matanza de más de cien víctimas.


Ayer fue en Méjico. Hoy es en Brasil. Diariamente tienen lugar manifestaciones en las calles de Brasil con pancartas que claman, con razón: ¡FIFA (la organización mundial que organiza esta competición), devuélvenos el dinero! ¡Lo queremos para la sanidad y para la educación públicas de nuestro pueblo! ¡Fuera el Mundial!. El mensaje no puede ser más claro y más cargado de razón. En un país en el que amplios sectores de la población urbana viven en tipos de viviendas miserables y los servicios públicos están pésimamente financiados, el Estado brasileño se ha gastado una gran cantidad de recursos en construir uno de los grandes estadios, con cuyos fondos podían haberse construido 150.000 viviendas dignas para un número igual de familias (tal como ha denunciado uno de los futbolistas más conocidos de Brasil, el famoso Romario, citado en el excelente artículo de Dave Zirin “Brazil’s Dance With the Devil”, The Nation, 16.04.14, del cual extraigo algunos de los datos presentados).

La sorpresa es que estas protestas han cogido por sorpresa al gobierno de izquierdas brasileño. La sorpresa es precisamente la sorpresa de este gobierno y es un indicador más de la distancia que existe en Brasil entre los gobernantes y los gobernados. Es también un ejemplo de lo que les ocurre a muchos partidos con auténtica vocación transformadora que, una vez elegidos, se adaptan a la lógica del poder y terminan abandonando su vocación y su alma, reproduciendo los vicios y maneras de pensar del establishment económico, financiero, mediático y político del país, al cual terminan sirviendo, convirtiéndose en un componente más de la estructura de poder.
Esta insensibilidad y abandono de sus raíces ha puesto al Estado brasileño en una situación insostenible, pues su única respuesta es la represión frente a estas movilizaciones, represión que, por cierto, es claramente contraproducente, pues además de originar más simpatía y apoyo popular entre la población, da una pésima imagen del Mundial a nivel internacional.

Pero, por desgracia, no será la última vez que ello ocurra. El supuesto “patriotismo” de las élites gobernantes les lleva a apoyar medidas faraónicas que, como siempre ocurre, pagan los más débiles. El caso más extremo serán los próximos Juegos en Qatar, un país medieval, que quiere promocionar el país y el fútbol (es uno de los patrocinadores del Fútbol Club Barcelona, que lleva el símbolo de Qatar en su camiseta, sustituyendo al hasta ahora existente, UNICEF). Estos juegos, con un coste elevadísimo, se pagarán con la riqueza petrolífera del país, extraída de sus yacimientos por trabajadores cuyas condiciones laborales se asemejan a la esclavitud. Esta es la realidad, ignorada, cuando no ocultada, tras estos enormes ejercicios faraónicos. 

Articulo de Vicenç Navarro; en Publico.es

lunes, 26 de mayo de 2014

¿Por qué sube la extrema dercha en Europa?


Una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha. Y por la incorporación al Parlamento Europeo de un número considerable de nuevos diputados ultraderechistas. Actualmente, estos se concentran en dos grupos: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados, apenas el 6% de los 766 euroescaños (1). ¿Cuántos serán después del 25 de mayo? ¿El doble? ¿Suficientes para bloquear las decisiones del Parlamento Europeo y, por consiguiente, el funcionamiento de la Unión Europea (UE)? (2).
Lo cierto es que, desde hace varios años y en particular desde que se agudizaron la crisis de la democracia participativa, el desastre social y la desconfianza hacia la UE, casi todas las elecciones en los Estados de la UE se traducen en una irresistible subida de las extremas derechas. Las recientes encuestas de opinión confirman que, en los comicios europeos que se avecinan, podría aumentar considerablemente el número de los representantes de los partidos ultras: Partido por la Independencia del Reino Unido, UKIP (Reino Unido) (3); Partido de la Libertad, FPÖ (Austria); Jobbik (Hungría); Amanecer Dorado (Grecia); Liga Norte (Italia); Verdaderos Finlandeses (Finlandia); Vlaams Belang (Bélgica); Partido de la Libertad, PVV (Países Bajos); Partido del Pueblo Danés, DF (Dinamarca); Demócratas de Suecia, DS (Suecia); Partido Nacional Eslovaco, SNS (Eslovaquia); Partido del Orden y la Justicia, TT (Lituania); Ataka (Bulgaria); Partido de la Gran Rumanía, PRM (Rumanía); y Partido Nacional-Demócrata, NPD (Alemania).
En España, donde la extrema derecha estuvo en el poder más tiempo que en ningún otro país europeo (de 1939 a 1975), esta corriente tiene hoy poca representatividad. En las elecciones de 2009 al Parlamento Europeo sólo obtuvo 69.164 votos (0,43% de los sufragios válidos). Aunque, normalmente, alrededor del 2% de los españoles se declara de extrema derecha, lo cual equivale a unos 650.000 ciudadanos. En enero pasado, unos disidentes del Partido Popular (PP, conservador) fundaron Vox, un partido situado a “la derecha de la derecha” que, con jerga franquista, rechaza el “Estado partitocrático”, defiende el patriotismo y exige “el fin del Estado de las autonomías” y la prohibición del aborto.
Herederas de la extrema derecha tradicional, cuatro otras formaciones ultras –Democracia Nacional, La Falange, Alianza Nacional y Nudo Patriota Español– reunidas en la plataforma “La España en Marcha”, firmaron un acuerdo, en diciembre de 2013, para presentarse a las elecciones europeas. Aspiran a conseguir un eurodiputado.
Pero el movimiento de extrema derecha más importante de España es Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 67 concejales. Su líder, Josep Anglada, define a PxC como “un partido identitario, transversal y de fuerte ­contenido social” pero con una dura posición antiinmigrantes: “En España –afirma Anglada– aumenta día a día la inseguridad ciudadana, y gran parte de ese aumento de la inseguridad y del crimen es culpa de los inmigrantes. Defendemos que cada pueblo tiene el derecho a vivir según sus costumbres e identidad en sus propios países. Precisamente por eso, nos oponemos a la llegada de inmigración islámica o de cualquier otro lugar extraeuropeo.”

En cuanto a Francia, en los comicios municipales de marzo pasado, el Frente Nacional (FN), presidido por Marine Le Pen, ganó las alcadías de una docena de grandes ciudades (entre ellas Béziers, Hénin-Beaumont y Fréjus). Y, a escala nacional, consiguió más de 1.600 escaños de concejales. Un hecho sin precedentes. Aunque lo más insólito está quizás por venir. Las encuestas indican que, en los comicios del 25 de mayo, el FN obtendría entre el 20% y el 25% de los votos (4). Lo cual, de confirmarse, lo convertiría en el primer partido de Francia, por delante de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), y muy por delante del Partido Socialista del presidente François Hollande. Una auténtica bomba.
El rechazo de la UE y la salida del euro son dos de los grandes temas comunes de las extremas derechas europeas. Y, en este momento, encuentran un eco muy favorable en el ánimo de tantos europeos violentamente golpeados por la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el Pacto de Estabilidad (5) y sus crueles políticas de austeridad y de recortes, causa de enormes desastres sociales. Hay 26 millones de desempleados, y el porcentaje de jóvenes de menos de 25 años en paro alcanza cifras espeluznantes (61,5% en Grecia, 56% en España, 52% en Portugal). Exasperados, muchos ciudadanos repudian la UE (6). Crece el euroescepticismo, la eurofobia. Y eso conduce en muchos casos a la convergencia con los partidos ultras.
Pero hay que decir también que la extrema derecha europea ha cambiado. Durante mucho tiempo se prevalió de las ideologías nazi-fascistas de los años 1930, con su parafernalia nostálgica y siniestra (uniformes paramilitares, saludo romano, odio antisemita, violencia racista...). Esos aspectos –que aún persisten, por ejemplo, en el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego– han ido desapareciendo progresivamente. En su lugar han ido surgiendo movimientos menos “infrecuentables” porque han aprendido a disimular esas facetas detestables, responsables de sus constantes fracasos electorales. Atrás quedó el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, los nuevos ultras han puesto el énfasis en la cultura, la identidad y los valores, de cara al incremento de la inmigración y la “amenaza” percibida del islam.
Con la intención de “desdiabolizar” su imagen, ahora abandonan también la ideo logía del odio y adoptan un discurso variopinto y radical de rechazo del sistema, de crítica (más o menos) argumentada de la inmigración (en particular musulmana y rumano-gitana) y de defensa de los “blancos  pobres”. Su objetivo declarado es alcanzar el poder. Usan intensivamente Internet y las redes sociales para convocar manifestaciones y reclutar nuevos miembros. Y sus argumentos, como hemos dicho, cada vez encuentran mayor eco en los millones de europeos destrozados por el paro masivo y las políticas de austeridad.
En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier dirigente político de la izquierda al “capitalismo salvaje”, a la “Europa ultraliberal”, a los “destrozos de la globalización” y al “imperialismo económico de Estados Unidos” (7). Sus discursos seducen a amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrialización y las deslocalizaciones, que aplauden a la líder del FN cuando declara, citando a un ex secretario general del Partido Comunista francés, que “hay que detener la inmigración; si no, se condenará a más trabajadores al paro”. O cuando defiende el “proteccionismo selectivo” y exige que se ponga freno al libre cambio porque este “obliga a competir a los trabajadores franceses con todos los trabajadores del planeta”. O cuando reclama la “pertenencia nacional” en materia de acceso a los servicios de la seguridad social que, según ella, “deben estar reservados a las familias en las cuales por lo menos uno de los padres sea francés o europeo”. Todos estos argumentos encuentran apoyo y simpatía en las áreas sociales más castigadas por el desastre industrial, donde durante decenios el voto a las izquierdas era la norma (8).
Pero el nuevo discurso de la extrema derecha tiene un alcance que va más allá de las víctimas directas de la crisis. Toca de alguna manera ese “desarraigo identitario” que muchos europeos sienten confusamente. Responde al sentimiento de “desestabilización existencial” de innumerables ciudadanos golpeados por el doble mazazo de la globalización y de una UE que no cesa de ampliarse.
Tantas certidumbres (en materia de familia, de sociedad, de nación, de religión, de trabajo) han vacilado estos últimos tiempos, que mucha gente pierde pie. En particular las clases medias, garantes hasta ahora del equilibrio político de las sociedades europeas, las cuales están viendo cómo su situación se desmorona sin remedio. Corren peligro de desclasamiento. De caer en el tobogán que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (por el credo en el Progreso) haber salido para siempre. Viven en estado de pánico.
Ni la derecha liberal ni las izquierdas han sabido responder a todas estas nuevas angustias. Y el vacío lo han llenado las extremas derechas. Como afirma Dominique Reynié, especialista de los nuevos populismos en Europa: “Las extremas derechas han sido las únicas que han tomado en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –paro, poder adquisitivo– y de su patrimonio inmaterial, es decir su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea” (9).
Mientras las izquierdas europeas consagraban, en los últimos dos decenios, toda su atención y su energía a –legítimas– cuestiones societales (divorcio, matrimonio homosexual, aborto, derechos de los inmigrantes, ecología), al mismo tiempo unas capas de la población trabajadora y campesina eran abandonadas a su –mala– suerte. Sin tan siquiera unas palabras de compasión. Sacrificadas en nombre de los “imperativos” de la construcción europea y de la globalización. A esas capas huérfanas, la extrema derecha ha sabido hablarles, identificar sus desdichas y prometerles soluciones. No sin demagogia. Pero con eficacia.
Consecuencia: la Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello. ¿Qué esperan los demócratas para despertar?
 1) En las elecciones europeas de 2009, los partidos de extrema derecha obtuvieron el 6,6% de los votos.
(2) Las encuestas más serias indican que, después del 25 de mayo, el número de eurodiputados de extrema derecha pasaría de 47 a 71. Léase “Élections européennes 2014: vers ??une?? extrême droite européenne?”, Fundación Robert Schuman, http://www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0309-elections-europeennes-2014-vers-une-extreme-droite-europeenne
(3) Un sondeo realizado por la firma YouGov el 6 de abril de 2014 en el Reino Unido le atribuye al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) un 40% de las intenciones de voto y al menos 20 diputados europeos.
(4) Según un barómetro de imagen del FN realizado en febrero de 2014 por el Instituto TNS Sofres, el número de franceses que se adhieren a las ideas del FN es del 34%.
(5) El Pacto de Estabilidad y de Crecimiento prohíbe a los gobiernos europeos de la zona euro realizar un déficit presupuestario superior al 3% del PIB.
(6) El último estudio Eurobarómetro, publicado en diciembre de 2013, revela que sólo el 31% de los europeos tiene una imagen positiva de la UE (frente al 48% en marzo de 2008).
(7) Léase “Nouveaux visages des extrêmes droites”, Manière de voir, n.°134, París, abril-mayo de 2014.
(8) Según un sondeo publicado por el diario Le Monde, la imagen de la presidenta del FN recibe cada vez más opiniones favorables: el 56% de los encuestados cree que “entiende los problemas cotidianos de los franceses” y el 40%, que "tiene nuevas ideas para resolver los problemas de Francia".
(9) Dominique Reynié, Populismes: la pente fatale, Plon, París, 2011.

lunes, 24 de marzo de 2014

La Sexualidad en personas con capacidades especiales

Pensamos que las personas con discapacidad tienen tantas necesidades y problemas que no les quedan ganas de sexo, sin embargo, esto está muy lejos de la realidad, presento esta iniciativa que me parece inspiradora, deseo que les guste y la comenten.
 
Francesc Granja recibe en la cama pulsando un mando que abre la puerta de su casa. Vive en un luminoso piso de la Villa Olímpica de Barcelona adaptado a la tetraplejia que le causó un accidente de coche hace 20 años, cuando regresaba de una reunión. Suele desplazarse en silla de ruedas, pero hoy unas llagas lo retienen. A su lado están María Clemente, psicóloga especializada en neurorehabilitación, y Eva, asistente sexual, dos patas fundamentales de Tandem Team, la asociación sin ánimo de lucro que preside Granja, dedicada a la asistencia sexual de discapacitados mediante voluntarios.
Los tres siguen un debate que se ha generado espontáneamente en torno a otros dos visitantes en la habitación de Francesc. ¿Hay que tener cuidado con no enamorarse? Conversan Felipe y Lau (ambos, nombres ficticios). Felipe sufre una paraplejia de tercera y cuarta vértebra. Lau es la asistente que conoció por medio de Tandem, y defiende con pasión que los encuentros deben ser sinceros, nunca una ficción sentimental:
—Tengo pareja, pero en el rato que estoy con un usuario se convierte en el hombre de mi vida.
—Es que no hay que ir con miedo —asiente Felipe— Puedes enamorarte porque estás muy necesitado, pero también de la panadera o de cualquiera que te trate bien. Aquí sabemos los dos en qué andamos.
—Pero hay que entregarse, porque es una cuestión de amor, que para mí es lo fundamental.
—En todo caso —media María— si detectamos a personas dependientes psicológicamente les aconsejamos no recurrir a un asistente porque pueden salir heridos.
En el 50% de los casos no hay coito. Muchos quieren ver un cuerpo desnudo o acariciarlo”, explica una psicóloga
Lau, de 38 años, estudió enfermería y veterinaria. Imparte talleres de tantra y, cuando una amiga le habló de Francesc y su proyecto, exclamó: “Eso es para mí”. Su perfil encajaba con el del asistente que busca la asociación: experiencia sociosanitaria, sin motivaciones económicas, una concepción de la sexualidad no solo genital… La entrevistaron sobre los límites que se fijaba respecto a prácticas sexuales y familias de discapacidades —algunos asistentes los establecen en las amputaciones, determinadas complicaciones higiénicas o rasgos físicos impactantes, como los de la acondroplasia (enanismo)— y respondió que ninguno, que dependería del momento y la persona, “como en cualquier relación”.
Unos días después, Felipe y Lau se vieron para tomar un café. Se cayeron bien y se citaron para un encuentro más íntimo. Felipe, de 42 años, había tenido desde que está en silla de ruedas una relación, pero no funcionó, y otra vez se acostó con una prostituta: “La chica iba con contador, y eso para alguien con mis problemas no funciona”. Su experiencia con Lau le ha revivido: “Recuerdas sentimientos que creías muertos”.
Él es uno de los 45 usuarios de la asociación, constituida en octubre de 2013. Igual que tienen más demanda masculina, también se ofrecen más voluntarios varones, aunque, tras descartar al 50%, los 15 con los que están trabajando guardan un equilibrio entre hombres y mujeres. Además, trabajan con diferentes tendencias sexuales. “Precisamente con el primer usuario nos llevamos una sorpresa”, sonríe Francesc.
Tandem no cobra por poner en contacto a asistentes y usuarios, y recomienda que, en caso de que medie una compensación entre ellos, no rebase los 75 euros. “Suele ser de unos 50, porque hay que desplazarse a casa del usuario, aparcar, comer fuera…”, explica Eva. “Pero muchas veces no cobramos: no es la motivación”. La asociación se mantiene de momento con las aportaciones de Francesc (que es profesor de ESADE y recibe una pensión) y el trabajo voluntario de María. “Aspiramos a un mínimo de ingresos para mantener la estructura”, explican.
La iniciativa ha generado expectación en el colectivo. “A los discapacitados se nos ha considerado angelitos asexuados, pero no es así”, dice Francesc. Hace mucho que existen asistentes y prostitutas que trabajan el campo, pero a escondidas. Mientras, en Europa el debate se ha ido haciendo público. El país que más lejos ha llegado en reglamentación es Suiza, aunque con un modelo que muchos consideran intervencionista, con encuentros mensuales y asistentes certificados con un diploma universitario. Bélgica, donde opera la asociación que Tandem toma como modelo, se mueve en una alegalidad muy comprensiva. De una forma u otra, en Dinamarca, Suecia, Holanda y Alemania la asistencia se practica. Y en Francia, pese a que el año pasado un Comité Nacional de Ética aconsejara al Gobierno que no la legalizase, la controversia continúa, gracias en parte al éxito de la película Intocable.

“Hay distintos modelos”, explican Esther Sánchez y María Honrubia, “pero lo fundamental es revelar que el problema existe”. Sánchez, enfermera y máster en sexología, y Honrubia, psicóloga, presiden la Asociación Nacional de Salud Sexual y Discapacidad (Anssyd), que el 14 de marzo organizó junto a otra asociación (Sex Asistent) el primer curso en España de acompañamiento y asistencia sexual. Costaba 100 euros y se dirigía a “interesados en formarse y ejercer una labor profesional en relación con la asistencia sexual”. Tuvo 15 inscritos, desde fisioterapeutas a profesionales del sexo. “La formación es muy práctica, aclarando en qué consiste un servicio: que se pueden encontrar con una persona que lleva un colector, con problemas mentales, cómo reaccionar ante una subida de tensión…”, cuenta Sánchez.

Por motivos de confidencialidad, Anssyd no accedió a que EL PAÍS asistiera a las clases. La asociación reconoce que el curso puede resultar controvertido. “Hay un vacío legal respecto al asistente y su cercanía a la prostitución. Pero en el 50% de los casos no hay coito. Muchos usuarios quieren ver un cuerpo desnudo o acariciarlo. Eso es una experiencia alucinante. Incluso hay discapacitados cognitivos que solo quieren afecto físico; y, por ley, eso no se lo puede dar un cuidador normal”, explica Honrubia.
El camino hasta estas jornadas ha sido duro. “Llevamos 25 años como docentes”, cuentan, “y solo ahora se nos empieza a reconocer”. Durante dos décadas las dos profesionales han soportado el recelo de colegas que no creían en el objeto de sus investigaciones. Pero en estos años se han fraguado la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006) o la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2010 (la reducida popularmente a ley del aborto de Zapatero), que establecía la necesidad de formar a profesionales y dio pábulo a la proliferación de asociaciones por los derechos sexuales de los discapacitados. Todas esas iniciativas fueron barridas por la crisis.
“Existe un mito según el cual si hablas de la sexualidad, la despiertas”, cuenta Sánchez. “Pero el deseo está ahí, silenciado. No te imaginas cuánto sufrimiento hay escondido”. No exageran: personas que no han querido que se publiquen sus nombres narran historias duras: 20 años de un matrimonio sin sexo que se mantiene por los hijos, padres que masturban a enfermos mentales…
No parece que de momento se vayan a encontrar soluciones sencillas a estas barreras. Las primeras viven en los bordes de la ley. En un piso de Barcelona Lau se despide con besos y abrazos de Felipe.

lunes, 10 de marzo de 2014

Ucrania: ¿Libertad o liberalismo?, ¿quién se beneficia?

Continuando el análisis  de la realidad de Ucranía, he encontrado el artículo de Pablo Aragón, que cuestiona con argumentos la información que nos llega, y profundiza en los intereses económicos que tantas veces sólo se aducen de forma superficial en las noticias. En realidad, es muy probable que lo que está en juego es el petroleo de Crr
Lo que estos mentecatos quieren hacernos creer es que Ucrania está en medio de una revolución, en la que triunfará la libertad, el constitucionalismo, el europeísmo de sociedades abiertas, que representan los resistentes de la plaza de la Independencia de Kiev (el “Maidán”), por oposición al oscurantismo autoritario, rusófilo, cerrado, que representa el, al parecer derrocado, presidente Víktor Yanukóvich. Y, para que no nos queden dudas, el singular profesor y sus repetidores nos cuentan que los “luchadores por la libertad” cuentan con la angelical protección de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, mientras que el defenestrado Yanukóvich y su Partido de las Regiones apenas tiene el amparo del diabólico Vladímir Putin en Moscú.

Pues bien. Nada de esto es cierto, así como está planteado, y si hubiera que hacer un resumen de la situación habría que decir que en esta obra no hay ángeles, y solo hay villanos, así como que quienes se aprestan a pagar por los platos de esta tragedia son los 45 millones de ucranianos cuya economía se ha desfondado y cuyo país hoy está en serio entredicho. El régimen que viene de caer es una típica excrecencia postsoviética: comunistas reciclados, mayormente fuertes en la zona oriental del país, donde la influencia rusa y el peso de la industria pesada son mayores, sostenidos por un pacto como poderosos “oligarcas”, dueños de los resortes de la economía, como Rinat Ahmetov, Víktor Pinchuk e Igor Kolomoisky. 



Lejos de ser una brutal dictadura, este régimen ha sido débil e indeciso desde la primera hora, alternando días de represión con noches de concesiones, sumando a ello una indescriptible inepcia y, lo que no es menor, hostilizando a Rusia y su presidente Putin, por la vía de literalmente robar el petróleo que, por sus gasoductos, viaja de Rusia a Europa Occidental. Yanukóvich es, desde hace tiempo, mala palabra en Moscú, y su principal enemiga, la hoy liberada ex primer ministra Yulia Timoschenko, cumplía pena de prisión bajo el cargo de haber firmado un acuerdo dañino para Ucrania con Rusia.

El patrocinio oligárquico al régimen es, desde hace tres meses, historia. Cualquiera que lea los diarios sabe que Yanukóvich se ha quedado apenas con el círculo íntimo de lo que se conoce como la Familia (familiares y amigos enriquecidos por el poder), en tanto los verdaderos oligarcas han abierto canales de diálogo con Maidán y, lo más importante, con la UE: la caída de Yanukóvich ya nada les representa.

La Unión Europea, ese ángel tutelar de la futura democracia ucraniana, está en el origen de esta guerra civil en suspenso. Cuando un desesperado Yanukóvich acudiera, el año pasado, a Bruselas a fin de suplicar por un salvavidas para la economía ucraniana, los eurócratas característicamente respondieron ofreciendo un “acuerdo” lleno de promesas floridas y guiñadas sugerentes, pero vacío de contenido: nada había que incluyera dinero, acuerdos comerciales, invitación a iniciar el proceso de afiliación a la UE, o siquiera un arreglo migratorio que permitiera el acceso de los ucranianos al oeste de Europa. Sin nada en las manos, Yanukóvich no tuvo más remedio que suplicar a Moscú, donde se le dijo que la oferta rusa seguía en pie: fondos de asistencia por US$ 5.000 millones, ingreso a una unión comercial en ciernes en el centro de Europa, y mantenimiento de los acuerdos comerciales existentes: el único balón de oxígeno de la vetusta industria ucraniana. ¿Qué hubiera hecho usted en sus zapatos?

Con esta traición de la UE es que nació la violencia de Maidán hace tres meses. A ella pronto se le sumó Washington, haciendo lo que mejor sabe hacer: agitar el avispero, alentar a los manifestantes, urdir el derrocamiento de Yanukóvich y, claro, no hacerse cargo de ninguna de las consecuencias. “Fuck the European Union!”, se le oyó decir en una grabación a la enviada estadounidense Victoria Nuland mientras discutía cómo derrocar al gobierno ucraniano con el embajador de su país. Y, claro, Washington y Bruselas ya estaban la semana pasada poniendo en escena sus anticuados numeritos de cancelar visas a gobernantes ucranianos como respuesta a la alentada y creciente mortandad en las calles de Kiev. Una vez más, los “extras” de la película los ponía el anónimo pueblo ucraniano.


Y como seguramente el nivel de análisis de Ucrania haya sido, en Washington y  Bruselas, el de embrollones como el profesor Snyder, o Wikipedia, lo que los atizadores del conflicto han terminado por enterarse es que ni siquiera Maidán es un territorio puro: lejos de ser un espacio liberado, en el que jóvenes idealistas juran morir por la libertad, allí han comenzado a campear por sus respetos los grupos ultra-nacionalistas ucranianos como Svodoba, que dirige Oleh Tyahnybok, o Sector Derecha, rebrotes de algo que un libro de historia cualquiera les hubiera indicado crece muy bien en Ucrania, y es el extremismo antisemita. “Grupúsculos”, dicen los plumíferos en New York, tal como decían de los amigos de Hitler en la década de 1930.


Tyahnybok es claro en cuanto a qué busca en Maidán: derrocar a la “mafia judeo-moscovita”. La base de operaciones de su partido está en la occidental ciudad de Lviv, que esta semana amenazó con salir de Ucrania, a fin de integrarse a la Europa libre y abierta que se nos presenta: en la misma semana que homenajeaba a Stepan Bandera, un líder nacionalista ucraniano que sumó fuerzas con Alemania en la segunda guerra, y colaboró activamente en los pogroms nazis en Ucrania.

Sector Derecha no está a la zaga: se sueña guerrilla, y quiere una “revolución nacional”. Como Svodoba, distan de ser neonazis europeos: son nazis de la primera hornada. En 2005, un diputado de Svodoba fundó el Centro de Investigaciones Políticas Joseph Goebbels, y declaró que el holocausto era un “momento brillante” de la historia europea, en tanto otro aseguró que las 300 ovulaciones de cada mujer ucraniana, y las 1.500 eyaculaciones de cada uno de sus hombres eran “tesoros nacionales” más preciosos que el hierro o el petróleo.

A estos dementes la intelectualmente desfondada UE  ha engañado con acceso migratorio a Occidente, mientras los ungía como “luchadores por la libertad”. Hoy, la rusófila península de Crimea comprensiblemente agita su secesión, pidiendo protección a Rusia. ¿Esta es la revolución que se procuraba? ¿Este es el sueño liberal de Bruselas y de Washington? Muy pronto lo sabremos