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lunes, 11 de agosto de 2014

Un encuentro después de una búsqueda de 34 años: Abuelas de Plaza de Mayo


"Me parece maravilloso y mágico todo esto que está pasando", declaró este viernes Guido Montoya Carlotto, el nieto recién restituido de Estela de Carlotto, titular de la Abuelas de Plaza de Mayo, en su primera comparecencia pública junto a la mujer que lo buscó durante 36 años. "Soy Ignacio, o Guido", se presentó, el nieto recuperado número 114, que se declaró "conmocionado".
Horas antes, Ignacio Hurban colgó en su perfil de Twitter una foto con su abuela, Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, que pasó casi cuatro décadas buscando a su nieto. Hasta el lunes se llamaba Ignacio Hurban, pero este martes descubrió que también se llama Guido Montoya Carlotto. Y que fue secuestrado durante la última dictadura argentina (1976-1983). Su madre, Laura Carlotto, tendría hoy 60 años si no hubiese sido asesinada con 24. Guido es el nombre que ella le puso, aunque solo la dejaron estar cinco horas con él. Y Montoya es el apellido de su padre biológico, Walmir Óscar Montoya, al que su familia llamaba Puño.

Otro caso
Juan Cabandié vio la cara de sus padres por primera vez en fotos 4x4 pegadas a un expediente. Tenía 25 años. Desde que supo que habían encontrado a Guido, el nieto de Estela de Carlotto, revive lo que le pasó hace una década. Ese día que entró en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad llamándose Mariano Falco.
-¿Cómo es ese instante en que te enterás de que sos otra persona?
-Es muy difícil asimilarlo. Al principio, me sentí ajeno a lo que me contaban, pero después fui reestructurando mi cabeza. Una vez que lo asimilé, empecé a emparentarme con mis papás. Con el tiempo, los fui amando. Eso me llevó a saber que no nací de nuevo, a darme cuenta de que no era Juan Cabandié a partir del 26 de enero de 2004. Yo fui Juan Cabandié siempre, con la particularidad de que viví 25 años sin saberlo.

-¿Cómo son las horas posteriores a la noticia?
-Es fundamental conocer a la familia. En el primer encuentro, un tío me dijo que tenía el mismo gesto de juntar las cejas como hacía mi papá. A veces parece que estoy enojado, pero es algo que hago cuando pienso, es un gesto que me pertenece. Guido es músico como su papá. Es sensible a la lucha de las Abuelas. Es algo genético y algo del inconsciente. Es el diálogo que se produce entre una madre y su bebe en la panza. Guido estuvo cinco horas con su mamá. Cinco horas profundas.
-¿La política de derechos humanos del Gobierno influye para que los nietos busquen su identidad?
-Influye muchísimo. Es una batalla cultural ganada. Desde 2003 la política de derechos humanos pasó a la categoría de política de Estado. Hubo fuertes campañas de difusión y el Estado acompañó la búsqueda de las Abuelas. Antes, esa lucha era algo marginal. Yo mismo, por mi crianza, hasta los 22 años pensaba que las Abuelas estaban locas, que perseguían a los pibes. Y eso no sólo lo pensaban los sectores radicalizados.
-Otra nieta recuperada, Victoria Donda, acusa al Gobierno de querer apropiarse de la bandera de los derechos humanos.
-A mí me gustaría que todos los gobiernos se apropien de esta política de derechos humanos, que trascienda a este gobierno.


LAS ABUELAS USARON DE LA CIENCIA
Las Abuelas de Plaza cuentan en su página oficial de Internet con testimonios extraordinarios recogidos a lo largo de casi cuatro décadas de búsquedas. Pero hay uno especialmente ilustrativo: el documental de cuatro capítulos titulado 99,99%. La ciencia de las Abuelas y conducido por el actor argentino Leonardo Sbaraglia. Ahí se explica los detalles de un plan perfectamente organizado para encubrir el robo sistemático de bebés a las presas políticas que parían en cautiverio. “Con la colaboración de médicos, enfermeras, jueces…”, relata Sbaraglia. [Era] el robo, el crimen perfecto. Nadie podría jamás demostrar la verdadera identidad de esos chicos. Pero los apropiadores genocidas no contaban con los avances de la ciencia ni con la tenacidad de un grupo de mujeres en la búsqueda de la verdad”.

 Estela de Carlotto explica en el documental: "Nosotros teníamos otra vida, cada una de las abuelas que componemos la institución teníamos un proyecto distinto: estar con la familia, los hijos, verlos crecer, envejecer, disfrutar de los nietos… Y vino una dictadura en marzo de 1976 que trajo un proyecto de asesinar a todos los opositores. Justamente eran nuestros hijos los opositores. En esa soledad, cuando la hija no vino, no volvió, no llamó… Empezamos a buscar. Sin saber adónde ir, a qué puerta golpear… Puertas cerradas…”

La presidenta de Abuelas continúa su relato: “Al principio los esperamos… [a los nietos] ‘Me lo van a traer, me van a llamar, me lo van a dejar en la puerta…’ Preparamos un ajuar, un lugarcito, nos jubilamos… Pero nada. Y después dijimos: ‘bueno, ya van al jardín de infantes. Vamos a observar’. Nos escondíamos detrás de los árboles mirando chiquitos. A veces alguna maestra nos hablaba. Nos decía: ‘este chiquito tiene un comportamiento extraño… lo llevan, lo traen, es como prisionero…’ Y ahí estábamos”.
También se fijaban en el parecido físico de los niños que veían en la calle. “Yo me acuerdo”, continúa De Carlotto, “haber seguido a alguna señora que llevaba en brazos a un chiquito porque la carita era igual a uno de mis hijos. Después le miré la cara a la mamá y eran idénticos. O sea, esa cosa absurda: ir a la casa cuna [hospital materno infantil] y querer ver caritas de bebés cuando no sabemos ni a quién se parece”.
 
Chicha Mariani, la primera presidenta de Abuelas, rememora también en el documental: “Hicimos de todo buscando a los chicos. Yo, por ejemplo, me disfracé de enfermera. Y estuve en el Hospital Durand mirando si la familia que yo había citado traían esa nena que yo esperaba ver o la suplantaban por otra. Y no me conoció nadie en el hospital. Ni los empleados, ni la gente de Abuelas, ni los médicos de Abuelas. Pero la nena, que había llegado con su mamá y estaba sentada a unos diez metros, me miró y se fue caminando hacia donde yo estaba y me dijo: `¿Cómo te va, señora?’ Porque me había visto pasar no sé cuántas semanas y días por su casa. Me reconoció disfrazada y todo”.
Las abuelas recorrieron medio mundo consultando a decenas de científicos para ver si podría deducirse el parentesco entre un nieto y sus abuelos, a partir de la sangre de los abuelos. Y les decían que no, que no y que no. Hasta que en 1983, en Estados Unidos, les dijeron que sí. Los avances científicos hicieron posible revelar parentescos entre abuelos y nietos con un margen de acierto del 99,99%. Y la primera “recuperación” a partir de un análisis genético la lograron en 1984.



De Carlotto explica las dificultades que encontraron en esa época con la Justicia: “Era duro expresarle a los jueces el derecho y cómo ellos lo asimilaban. Porque parecía que era un divorcio. Como cuando se separan los papás, que se disputan la niña o el niño. Les querían adjudicar a los apropiadores derechos de visita. ¡Era absurdo! ¿Cómo, si ese hombre es un delincuente? Robó a una niña de los brazos de su mamá en un campo de concentración y le van a decir que tiene derecho a verla”.
“Fue duro para nosotros”, rememora De Carlotto en la película. “La duda era: ¿Estaremos haciendo bien? ¿Qué va a pasar con esa criatura, qué sufrimientos…?”
Ahora, las Abuelas no tienen duda de que mereció la pena. Y es el propio Ignacio Hurban, el nieto restituido número 114, el que quiso emitir una llamada. Para que otros nietos -las abuelas calculan que aún faltan 400 por restituir- se animen a hacerse las mismas pruebas genéticas que a él le practicaron hace 18 días. Hasta ahora, de esos 114 nietos restituidos solo cinco se presentaron de forma voluntaria como lo hizo él
 La lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo por restituir la identidad de, hasta ahora, 105 nietos apropiados durante la última dictadura cívico-militar tuvo un fundamento social, político y cultural, pero también uno científico.

Gracias a la voluntad inquebrantable de estas mujeres valientes y decididas, se logró superar los límites de lo posible y establecer lo que a partir de esa búsqueda se llama el índice de “abuelidad”, el patrón genético que establece el parentesco entre las abuelas y los nietos perdidos con un nivel de certeza del 99,99 por ciento.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Buena noticia: Una de las Fundadoras del Movimiento Plaza de Mayo, recupera a su nieto 34 años después


 COMUNICADO DE PRENSA
Buenos Aires, 5 de agosto de 2014 |
Encontramos a Guido Montoya Carlotto, el nieto 114
Con inmensa alegría, las Abuelas de Plaza de Mayo informamos la restitución de identidad de Guido Montoya Carlotto, hijo de Laura Carlotto y Walmir Oscar Montoya y nieto de la presidenta de nuestra Asociación, Estela de Carlotto. "Quiero decir gracias a todos, gracias a Dios, gracias a la vida. Porque lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo y pronto lo voy a poder abrazar", expresó Estela hoy en conferencia de prensa
Una Buena noticia para la Justicia, la solidaridad y los Derechos Humanos. Es de esos momentos en que nos emocionamos hasta las lágrimas, porque también lo sentimos en el alma, esa alma única que nos une a toda la humanidad y al universo, cuando conocimos los cientos de historias de  desaparecidos, mujeres y hombres, embarazadas y niños nacidos en cárceles de tortura durante la infame Dictadura Argentina. Las Madres de Plaza de Mayo, hoy abuelas son un testimonio inapelable de que el amor es la base indestructible para la justicia y la solidaridad.

Asociación
Estela de Carlotto era maestra cuando le mataron a Laura. Laura y su compañero pertenecían a la organización guerrillera de Los Montoneros. De Carlotto sabía que Laura estaba embarazada cuando la detuvieron. Varios testigos le dijeron que había dado a luz a un niño estando esposada. Y que Laura le había puesto Guido, el nombre de su abuelo. De Carlotto lo comenzó a buscar a su nieto por todas partes. Nunca se le oyó una palabra de odio ni de venganza. Solo pedía justicia. Se convirtió en un referente mundial en la defensa de los derechos humanos. Fueron muriendo muchas de sus amigas y compañeras de lucha. Y ella siguió buscando. Hasta que apareció el nieto 114 y resultó que era el suyo. Es músico y vive en la localidad bonaerense de Olavarría. Las pruebas determinaron que existe un 99% de posibilidades de que sea el nieto de Estela de Carlotto.

Ninguna de esas 114 historias fueron fáciles. Pero la del nieto de la presidenta es especialmente simbólica. De Carlotto explicó este martes las enormes dudas a las que se enfrentan los nietos que acuden a su asociación: “Hay chicos que no vienen porque tienen cariño y como una especie de deuda por quienes los criaron porque ellos les pasan esa sensación de cómo ahora me vas a denunciar, si yo te crié y yo te di de comer… Como si fuera que les hicieron un favor, cuando tenían que haberlos dejado criar con su familia, que nunca fue abandonado. Y los chicos, por reciprocidad, dicen que no vienen porque no quieren que lleven a la cárcel a quienes los robaron. Y se acercan a veces cuando ellos mueren. Y a veces es un poco tarde, porque el abuelo real, la abuela real, se muere también. Yo creo que no los tiene que unir a ellos ningún agradecimiento. Tampoco, odio. Por suerte, ninguno de nuestros nietos es vengativo tampoco… Sino, de que tiene derechos. Y que es la ley universal saber quién es uno, de dónde viene. Porque si no, es el anonimato y del anonimato se pasa a la prole. Las Abuelas no somos quiénes para decidir si los van a juzgar o no, porque eso es la justicia. Abuelas los encuentra, la justicia actúa".
La dictadura llevaba dos años de existencia cuando el 26 de junio de 1978 nació Guido de Carlotto en el Hospital Militar de Buenos Aires. A su madre apenas le dejaron estar cinco horas con él. Se encontraba detenida en el centro clandestino La Cacha, en la localidad bonaerense de La Plata. Laura era uno de los cuatro hijos de Estela de Carlotto. Y había sido secuestrada junto a su compañero a los 23 años, en noviembre de 1977, cuando cumplía dos meses y medio de embarazo.
A Laura la mataron dos meses después. Y su cuerpo fue entregado a su madre. Pero del nieto nunca se supo hasta este martes en que la jueza María Servini de Cubría, encargada de investigar la causa de varias desapariciones, se lo pudo anunciar a De Carlotto. “Fue muy emocionante”, afirmó Servini de Cubría en el canal CN23. “Nos emocionó no solo a mí, sino a la gente que trabaja conmigo. Estela reaccionó llorando, temblando, contentísima. Porque nunca esperó la noticia que le dábamos. Yo le di la noticia en forma personal. Le dije: ‘Estela, hemos encontrado a un niño más’. Y cuando le dije que era Guido, imagínese cómo se puso”.
Guido de Carlotto se llamó hasta hoy Ignacio Hurban, el nombre que le dieron sus padres adoptivos, conocidos en el lenguaje de las Abuelas de Mayo, como "apropiadores". Hurban se crió en Olavarría, municipio situado a 308 kilómetros al sur de Buenos Aires. De adolescente se marchó a la capital argentina para estudiar música y volvió a Olavarría donde dirige una escuela de música. Toda esa información aparece en su página de Internet, www.ignaciohurban.com. Le gusta el jazz y el tango y llegó a participar en el ciclo Música por la Identidad, que organizan las Abuelas de Plaza de Mayo. Pero hasta el martes siempre fue Ignacio Hurban. A partir de ahora tendrá que convivir con el nombre de Guido de Carlotto. Y con la fama.
“Yo no persigo más que justicia, verdad”, dijo Estela de Carlotto en conferencia de prensa pronunciada el martes por la tarde, cuando solo había visto al nieto en fotos. “Ya tengo mis 14 nietos conmigo. La silla vacía está con él. Los retratos vacíos que nos estaban esperando van a estar con él. Ya lo he podido ver [en fotos], es hermoso. Es un artista, es un chico bueno. Y nos buscó. Vino a Abuelas en julio, fue recibido y escuchado”.
“Cuando lo vea”, continuó De Carlotto, “creo que nada le voy a decir. Lo voy a abrazar. Quiero tocarlo, quiero ver si es como lo soñamos. Yo lo vi en fotos y sí, se parece a nosotros. A él le dijeron que se parecía a los Carlotto, a mí. O sea, que no le habrá asombrado la noticia que se le dio. Cuando le dijeron ‘sos el nieto de Estela’, encajó en su lugar esa pieza que no entendía él por qué no cerraba. La historia completa no la sabemos todavía, aunque sabemos quién lo entregó y quién lo crío, quizás inocentemente. La vamos a armar. Tenemos mucha información, pero vamos a ser cautelosos, porque esto es muy fuerte para una persona, aunque lo espere".
De Carlotto prefirió no enseñar la foto de su nieto, para esperar a que él vaya asimilando todo el proceso. De momento, el nieto se comunicó solo con Claudia, una de los cuatro hijos de De Carlotto. “Yo aún no lo escuché todavía. Y le dijo que estaba muy bien y muy feliz y que ya pronto nos vamos a ver. Él sabe que lo estamos esperando toda la familia”.
La presidenta de las Abuelas añadió: “Esto no es para los que todavía pretenden que olvidemos, que demos una vuelta a la página como si nada hubiera pasado. Y como falta mucho hay que seguir buscando a los que faltan porque otras abuelas quieren seguir sintiendo lo que siento yo hoy. Porque lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo. Y lo voy a poder abrazar”.
Claudia, hija de De Carloto, explicó lo que habló con su sobrino Guido: "Nos pidió que le diéramos un tiempo para hablar con su esposa y hacer un proceso."
Cada vez que a De Carlotto le preguntaban qué pasaría si no encontraba a su nieto decía que ya había merecido la pena con todos los nietos que se habían recuperado hasta ahora. Pero este martes, Kibo Carlotto, hijo menor de Estela de Carlotto, y hermano de la difunta Laura, lo confirmó en televisión: “Hemos encontrado a mi sobrino después de 35 años. Se presentó voluntariamente a hacerse la prueba de ADN”.

“Me llamó Cristina [Fernández, la presidenta del país], llorando. Me preguntó si era cierto. Y le dije que sí. Lloramos juntas, no sabíamos qué decir (…) No hay ningún medio, por más que no nos quieran mucho, que no diga que esto es un triunfo de los argentinos”.
El 26 de junio de 2011, Estela de Carlotto escribió dos párrafos en el diario Página 12 y los tituló “A mi querido nieto Guido”. Decían así:
Hoy cumples 33 años. La edad de Cristo como decían, “decimos”, las viejas. Con esta inspiración pienso en los Herodes que “te mataron” en el momento de nacer al borrar tu nombre, tu historia, tus padres. Laura (María), tu madre, estará llorando en este día tu crucifixión y desde una estrella esperará tu resurrección a la verdadera vida, con tu real identidad, recuperando tu libertad, rompiendo las rejas que te oprimen”.
Querido nieto, qué no daría para que te materialices en las mismas calles en las que te busco desde siempre. Qué no daría por darte este amor que me ahoga por tantos años de guardártelo. Espero ese día con la certeza de mis convicciones sabiendo que además de mi felicidad por el encuentro tus padres, Laura y Chiquito y tu abuelo Guido desde el cielo, nos apretarán en el abrazo que no nos separará jamás.

Hoy en día, la Asociación de las Abuelas de Plaza de Mayo tiene 85 sedes en Argentina y 150 empleados. Sigue sumando nietos recuperados. Y aún quedan unas 400 denuncias por resolver.

Francisco Peregil, El Pais.

viernes, 15 de marzo de 2013

EL ARZOBISPO BERGOGLIO Y LA ACUSACIÓN DE COMPLICIDAD


 La Iglesia como institución humana, a veces muy humana, no está para nada excenta de los avatares políticos y de las malas prácticas que se han instalado en este noble e indispensable campo del quehacer humano. Muchas personalidades eclesiásticas se han visto envueltas en diversos asuntos públicos en muchos casos porque su misión le pide intervenir, en otras oportunidades, por no haber medido las consecuencias de sus actuaciones y también, por pastores con vida poco edificante o ambiciones mundanas; ejemplos los tenemos todos en las mentes, y en algunos países más que en otros, pero lo que quiero señalar es la necesidad de no caer en las trampas políticas interesadas y malintencionadas, el juego político debería no ser tan mezquino como lo es en demasiadas ocasiones.

Con motivo del nombramiento del Papa Francisco,al parecer no muy amigo del actual régimen argentino, todos los seguidores del partido en el gobierno, han querido relacionar al ex arzobispo de Buenos Aires, con la triste y escabrosa dictadura de Videla que tan nefasto legado ha dejado para los argentinos, creo que merece una clarificación para que la calumnia no menoscabe la integridad de la imagen del nuevo pontífice.

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ ACLARA QUE EL EXARZOBISPO, AHORA PAPA NO TUVO NINGUNA COMPLICIDAD CON LA DICTADURA:

El premio Nobel de la Paz defendió al cuestionado exarzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, ahora Papa Francisco, por su rol durante la última dictadura argentina. 

Existen versiones que involucran al ahora Papa Francisco, Jorge Bergoglio, con la época más oscura de nuestra historia que tuvo lugar entre 1976 y 1982, mientras era líder de la congregación jesuita, cargo que ocupó entre el 73 y el 79. Sin embargo, en las últimas horas, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, salió en su defensa y aseguró que “no fue cómplice de la dictadura”.

Luego de celebrar la designación del hasta el miércoles Arzobispo de Buenos Aires como máxima autoridad del Vaticano, aseguró, en declaraciones a la cadena de noticias británica BBC: “Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura argentina, pero Bergoglio no”.

“A Bergoglio se lo cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", recordó el premio Nobel.

Tras el anuncio del Vaticano de la elección de Francisco, hubo referentes políticos y sociales que cuestionaron  a Bergoglio por su supuesto pasado. Entre ellos, uno de los que más duro lo criticó fue el líder piquetero, Luis D´Elia que publicó lo siguiente en su cuenta de Twitter:

CITADO A DECLARAR. El periódico La Jornada en su edición web señala que en mayo del 2011, el nuevo papa argentino Jorge Bergoglio, fue citado a declarar como testigo en la causa que juzga a los responsables del plan sistemático de apropiación de menores hijos de desaparecidos durante la pasada dictadura militar (1976-1983).

En ese año Bergoglio declaró en la causa que procesa a los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) y por el caso de un sacerdote sobreviviente que lo señaló como cómplice de los exdictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone, y por no haber impedido su secuestro y tortura.

Sin embargo, según el diario mexicano al nuevo papa latinoamericano le faltó informar lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos en cautiverio, después de que Estela de la Cuadra, hermana de Ana de la Cuadra -cuya madre Alicia fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo- presentó en el tribunal una serie de cartas que su padre le envió a Bergoglio -cuando este dirigía a los jesuitas- para que lo ayudara en la búsqueda de su hija desaparecida y de su nieta.

CUESTIONADO. El flamante Papa, el argentino Jorge Bergoglio, fue cuestionado por organismos de Derechos Humanos y citado por la Justicia para declarar como testigo en causas por crímenes cometidos durante la última dictadura militar.

Bergoglio recibió acusaciones de haber "colaborado" con el gobierno de facto de 1976 a 1983, sobre todo luego de prestar declaración en el juicio de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) con motivo del secuestro y la tortura de dos sacerdotes jesuitas en ese predio.

El exarzobispo de Buenos Aires declaró ante el Tribunal Oral Federal 5 porteño, aunque siempre negó las acusaciones.

Bergoglio era el superior de los jesuitas en la Argentina y en mayo de 1976 retiró la licencia religiosa a los curas Francisco Jalics y Orlandio Yorio, dos subordinados del excardenal en la Compañía de Jesús y políticamente más activos que él.

Más tarde, los dos sacerdotes fueron secuestrados por un grupo de la ESMA, poco después de perder la protección religiosa, y se los envió a ese predio, en donde fueron torturados, supuestamente por su militante en defensa de los derechos de los pobres.

Bergoglio también fue llamado a declarar como testigo, por petición de la Fiscalía y las Abuelas de Plaza de Mayo, en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés nacidos en cautiverio durante la dictadura.

El excadernal fue convocado por la Justicia después de que otra testigo, Estela de la Cuadra, presentase varias cartas que su padre le había enviado a Bergoglio para que lo ayudara en la búsqueda de su hija desaparecida y su nieta.

El nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica también fue citado a declarar como testigo en el marco de una causa penal abierta en ese país por el secuestro y posterior asesinato, en 1976, del sacerdote Gabriel Longueville, de origen francés y cura párroco de la localidad de Chamical, en La Rioja.

Una denuncia de la madre del religioso, Marie Therése Abattú, motorizó la investigación: Longueville y su colega Carlos de Dios Murias fueron secuestrados el 18 de julio de 1976 en la casa parroquial de Chamical por un grupo de tareas integrado por militares, policías y agentes civiles.

Desde ese lugar, los dos fueron trasladados a la base aérea de Chamical, donde fueron torturados y asesinados
.
El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel rechazó hoy que Jorge Bergoglio, nombrado Papa, haya sido "cómplice" de la dictadura militar argentina.
"Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura pero Bergoglio no", enfatizó Pérez Esquivel, al ser consultado sobre la trayectoria del Santo Padre.
Según el Premio Nobel, "a Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas".
"Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", remarcó.
A su vez, la diputada del PRO, Gabriela Michetti, advirtió que "si hay alguien que se preocupó por sus curas jesuitas" durante la dictadura "fue Bergoglio".
La diputada apuntó contra versiones publicadas por el periodista Horacio Verbitsky que cuestionan la actuación del actual Papa durante la dictadura.
"La lectura que le da Verbitsky es exactamente al revés", enfatizó Michetti, quien señaló que en el caso de dos sacerdotes jesuitas detenidos ilegalmente, Bergoglio intercedió para su liberación.

 


jueves, 5 de julio de 2012

LOS NIÑOS Y NIÑAS ROBADOS EN ARGENTINA. Testimonios

Después de escuchar durante un año y media más de 200 testimonios sobre el robo de menores en la dictadura, ¿qué historia sería la que más se quedó en la cabeza de quienes siguieron de cerca el caso? El abogado de las Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Lud, cree que siempre recordará el momento en que en la sala se escuchó la voz de la desaparecida Cecilia Viñas. “Cecilia había desaparecido en 1977. De pronto, a fines de 1983, sus padres comenzaron a recibir llamados telefónicos. Evidentemente, Cecilia estaba secuestrada. Y algunas llamadas se realizaron en 1984, ya durante la democracia. La madre consiguió grabar dos de esas conversaciones. Y nunca se olvidará el día en que pasaron esos audios en la sala”. En la grabación, Cecilia preguntaba por el paradero de su hijo y se apresuraba a cortar la conversación por temor a sus posibles secuestradores. “La escuché muy angustiada, muy muy desesperada y me habló del hijo y me habló del marido y me pidió que le ayudáramos. Y ésa es la única grabación más o menos audible que quedó de ella. Por el que preguntaba era por el hijo, porque creía que lo teníamos nosotros”, relató la madre de Cecilia en una entrevista televisiva.
Para Alejandra Dandan, periodista de Página 12, uno de los momentos más estremecedores durante el juicio se produjo cuando declaró Victoria Montenegro, hija de desaparecidos. “Era la primera vez que declaraba contra su apropiador, el coronel Herman Tetzlaff. Él siempre le había dicho que no había que llorar. “Y ella se repensaba cada palabra y de pronto empezó a llorar y reía y lloraba al mismo tiempo”.


"Tengo claro que yo tuve otra vida, otro nombre y una ideología totalmente opuesta a la que debería haber sido la mía. Ahora, con este juicio me queda una sensación de victoria"       Victoria Montenegro, 36 años, niña robada  

Victoria Montenegro tiene 36 años y cree que el hecho de apoyar el proyecto oficialista del Gobierno le ha ayudado a superar su trauma. “Yo antes de ser de Victoria era María Sol. Y cuando me llamaba María Sol, todo lo que aporté a la justicia era para proteger a mi apropiador, únicamente. Puse muchísimas trabas. Y siempre tenés esa deuda interna con vos mismo, ese vacío de no haber aportado lo suficiente a la justicia. Cuando declaré como nieta el nueve de abril de 2011 fue como exorcizar todo lo malo que hice cuando era María Sol. Mi apropiador falleció en el 2003 y mi apropiadora en el 2007. Yo los amaba profundamente, nunca los odié. Pero tengo claro que yo tuve otra vida, otro nombre y una ideología totalmente opuesta a la que debería haber sido la mía. Ahora, con este juicio me queda una sensación de victoria, de saber que estas personas que nos apropiaron jamás, jamás, jamás… iban a pensar que un grupo de amas de casas, como eran entonces las abuelas, iban a llegar adonde han llegado. Todo ese abanico de avances científicos, de ciencia junto con amor, jamás se lo imaginaron. Yo te lo puedo decir porque me crió un cuadro del Ejército y sé que jamás pensaron que las abuelas llegarían adonde han llegado”.

 "Siempre fui criado con mucho amor y, pese a lo que ocurrió, no puedo ir en contra de lo que siento"
                          Carlos D’Elía, 34 años, niño robado

La vicepresidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit, de 92 años, relata cómo se vieron obligadas a cambiar sus estrategias de lucha conforme pasaban los años. “Yo salí a manifestarme a la calle el mismo día que se llevaron a mi hija, el 6 de octubre de 1978, que estaba embarazada de ocho meses. Entonces nadie hablaba de desaparición de personas, solo de detención. Lo que nunca me imaginé que mi nieto iba a nacer en el campo de concentración de la ESMA el 15 de noviembre de 1978. Y al cabo de mucho tiempo buscándolo me encontré con un nieto de 21 años. Ahora ya es un hombre mayor de edad, está casado, tiene dos bebés. Nuestras estrategias de las Abuelas tuvieron que ir cambiando a medida que cambian la edad de nuestros nietos. Al principio exigíamos que los nietos volvieran con la familia biológica. Después, tratábamos de acercarnos a ese nieto y hacerle entender. No era fácil para un chico de 16 años saber que esas personas son unos apropiadores. Y entonces recurrimos a un equipo de psicólogos. Después aparecieron nietos que eran ya adultos y casados. No se puede pretender que vivan con las abuelitas. A mi nieto le llevó un poco de tiempo asumir la realidad, pero finalmente él está orgulloso de ser mi nieto y a sus hijos le pone mi apellido, que no tendría por qué hacerlo. Y yo con eso me conformo”.


"Yo salí a manifestarme a la calle el mismo día que se llevaron a mi hija, el 6 de octubre de 1978, que estaba embarazada de ocho meses"
                        Rosa Roisinblit, 92 años, vicepresidenta de las Abuelas


 Rosa Roisinblit, 92 años, vicepresidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo Muchos nietos como Carlos D’Elía, 34 años, se vieron en su día entre las dos familia y decidieron no renunciar a ninguna. “Yo recuperé mi identidad en 1995, con 17 años. Siempre fui criado con mucho amor y, pese a lo que ocurrió, no puedo ir en contra de lo que siento. A Carlos y a Marta, las personas que me criaron, los quise y los quiero como padre y madre. Mucho de lo traumático tuvo que ver porque ellos estuvieron presos durante nueve meses cuando los juzgaron por apropiarse de mí. Yo iba a visitar a mis viejos todos los días de esos nueve meses. Y al mismo tiempo trataba de conocer a mi familia biológica. Carlos y Marta, por más que criaron con mucho amor, no habían hecho las cosas como correspondía y por eso estuvieron detenidos. Yo lo único que podía hacer en esos momentos es ser lo más auténtico posible, ser como soy y abrirme a mi familia biológica, a mi abuela, primos y tíos que tanto me habían buscado durante 17 años. Y en casi todos ellos encontré mucho amor y mucha compresión”.


Hitos de un proceso terrible pero necesario

El juicio por el caso de los niños robados en la dictadura Argentina, cuya sentencia se espera para este jueves, 5 de julio, sienta a dos de los dictadores en el banquillo. Estas son las fechas y cifras clave del caso, que enfrenta a Argentina de nuevo con la siniestra realidad de los años de plomo:
El 23 de octubre de 1977 se reúnen por primera vez en Buenos Aires ocho madres de desaparecidos, convencidas de que las une el hecho de que de que sus hijas habían sido secuestradas con sus bebés o durante los meses de gestación. Nace así lo que después se conocería como las Abuelas de Plaza de Mayo. En este libro se relata su 30 años de búsqueda.
El 30 de diciembre de 1996 se inicia en Buenos Aires el juicio por el plan sistemático de apropiación de niños ante una denuncia de las Abuelas. La causa oral comenzaría 15 años después, el 28 de febrero de 2011. La lectura de la sentencia se fijó para el 5 de julio de 2012, tras año y medio de sesiones públicas.
El juicio investiga los casos de 34 hijos de desaparecidos. De ellos se han ofrecido a declarar solo 20.
200 testigos han prestado testimonio.
En el banquillo de los acusados se sientan dos dictadores, seis militares, un miembro de la prefectura naval o guardia marina, un agente de inteligencia y una civil, Susana Inés Colombo. Excepto Colombo, todos se encuentran en prisión o bajo arresto domiciliario. Ocho están procesados por organización o encubrimiento del aparato criminal de las apropiaciones de niños. Y tres (Juan Azic, Víctor Gallo y su antigua esposa, Susana Inés Colombo) son juzgados por haberse quedado con hijos de desaparecidos.
El último detenido fue Víctor Gallo, encarcelado el 19 de febrero de 2010, dos días después de que su hijo adoptivo, Francisco Madariaga, recuperase su identidad.
105 nietos han recuperado su identidad hasta el día de hoy.
Aún hay 400 denuncias de desapariciones de nietos.
Unas 25 personas han sido condenadas por apropiarse de niños durante la dictadura, al margen de este juicio. En los casos en que los menores fueron adoptados judicialmente, sin falsificación de las partidas de nacimiento, la justicia argentina no actuó contra los padres adoptivos.
300 familias han depositado su ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos, además de los 105 encontrados. En los últimos cinco años se incorporaron 60 familias.
De los 34 casos incluidos en el juicio sólo un padre (Abel Madariaga) y una madre (Sara Méndez) biológicos lograron reencontrarse con sus hijos. En cuanto al resto de los 105 que recuperaron su identidad, al menos cinco han logrado conocer a sus padres biológicos.
El último menor robado que recobró su identidad biológica, la nieta 105, es Laura Reinhold Siver. La obtuvo el 2 de agosto de 2011, después de que cuatro años atrás acudiera a la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo, en Buenos Aires, llevada por sus propias sospechas.
La última detención por apropiación se produjo el miércoles 4 de julio, un día antes de dictarse la sentencia. Se trata de Ana María Grimaldos, de 76 años, esposa del capitán Jorge Vildoza, ex jefe de la ESMA (Escuela Superior Mecánica de la Armada). Grimaldos llevaba 24 años como prófuga de la Justicia. Fue quien crió a Javier Gonzalo Penino Viñas, nacido en la ESMA durante el cautiverio de su madre, Cecilia Viñas.
Tres imputados por apropiaciones de niños siguen en búsqueda y captura. Uno de ellos es Jorge Vildoza, a quien su esposa, Ana María Grimaldos, ha declarado muerto. Los otros son Juan Carlos Vázquez Sarmiento, oficial de la Fuerza Aérea (padre adoptivo del nieto 102, Ezequiel Rochistein) y el militar Ricardo Luis Von Kyaw, acusado por entregar a un niño nacido en cautiverio.

 El País