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lunes, 15 de febrero de 2016

Más allá de dinosaurios y camaleones

A pesar de que Ortega y Gasset dijera en alguna ocasión que no sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa, los españoles sí que sabemos lo que nos pasa, al menos en parte. Por ejemplo, hemos transitado en cuatro décadas de tener al dinosaurio como animal emblemático a tener al camaleón. Así, sin paliativos, como si no hubiera en la fauna otras figuras bastante más apropiadas para una sociedad democrática, como sería el caso de una ciudadanía madura y responsable, integrada en instituciones justas.
Como es sabido, en ese género literario que es la emblemática, y también en las fábulas, se utilizan con frecuencia figuras de animales para transmitir un mensaje moral. Los animales representan virtudes o vicios, como es el caso del zorro, que simboliza la astucia, el león, el valor y la nobleza, el águila, la amplitud de miras, o la cigarra, la pereza.

Así las cosas, hace algunas décadas, la persona de convicciones profundas, dispuesta a defenderlas a capa y espada, y a no cambiarlas ni matizarlas por ningún concepto era el modelo a imitar, al menos en la educación oficial, tanto formal como informal. Como los dinosaurios de cuerpo acartonado que se hicieron famosos más tarde gracias a las películas de Spielberg. Sin embargo, los dinosaurios no pueden resistir los cambios, parecen invencibles, pero perecen en cuanto es necesario adaptarse a un nuevo entorno. Sobrevivir, y sobrevivir bien requiere flexibilidad, no digamos ya en el caso de las personas y de las sociedades. Esta lección es la que fuimos aprendiendo en esa escuela que fue la Transición ética y política, una Transición que hubiera sido imposible sin incorporar el hábito democrático de intentar buscar acuerdos dentro de los límites de lo justo y razonable.


Pero, por desgracia, poco a poco a lo largo de estos 40 años ha ido ganando terreno el camaleón como modelo a imitar, acompañado de la leyenda que le corresponde tradicionalmente: “Yo me adapto”. Pero no solo eso, que sería muy razonable para poder sobrevivir, sino: “Yo me adapto a lo que haga falta con tal de prosperar grupalmente y sobre todo individualmente”. Aunque para lograrlo sea necesario abandonar todas las convicciones racionales y borrar de un plumazo las señas de identidad que impidan pactar con cualquier cosa.
Recordando a Nietzsche se dice entonces que las convicciones son prisiones, y se añade por cuenta propia que no interesa forjarse convicciones, sin solo construir convenciones. La ingeniosa frase de Groucho Marx “estos son mis principios, y, si no les gustan, tengo otros” se convierte en imperativo de actuación para la vida política y para el conjunto de la vida social. Los consejos de Maquiavelo al príncipe para que intente engrandecer la patria se manipulan hasta convertirse en recetas caseras para triunfar en política en provecho propio.
Ciertamente, la falta de flexibilidad es letal, para quien la practica y sobre todo para quienes dependen de él, en más o en menos. Pero el vacío de convicciones es igualmente letal para quien carece de ellas y sobre todo para los que de algún modo están en sus manos. Y eso es precisamente, al menos en parte, lo que nos pasa; con malas consecuencias para el conjunto de la sociedad y para los más vulnerables en particular.
Como en las cosas humanas, una vez tomado el pulso al momento presente, lo importante es idear qué queremos que nos pase y poner los medios para encarnarlo en la realidad, es urgente encerrar a los dinosaurios y a los camaleones en las páginas de la historia de la emblemática pasada, y optar por un nuevo emblema, el de una ciudadanía madura, capaz de labrar un buen futuro.

Ciudadanos hay de dos tipos al menos, los que optan por ingresar en partidos políticos y asumir con ello una especial responsabilidad por la cosa pública, y esa gran mayoría que conforma la sociedad civil y que es sin duda corresponsable. Aunque siempre conviene recordar que a mayor poder, mayor responsabilidad. ¿Qué podemos esperar de unos y otros?
En lo que hace a los primeros, cabe esperar de ellos, como mínimo, que tomen en serio el Estado de derecho, cumpliendo escrupulosamente la legalidad. No es de recibo corromper la actividad política concediendo contratos de favor a cambio de un impuesto partidario, generando esa gangrena que recorre nuestra sociedad. La corrupción es un cuerpo extraño en una vida pública sana y debe ser eliminada sin paliativos. Pero tampoco es lícito eludir las leyes, por ejemplo, proponiendo referendos inconstitucionales; una actuación que deslegitima cualquier pretensión de que la ciudadanía cumpla las leyes. Por otra parte, los partidos deben exhibir sus señas de identidad, aclarar de forma transparente con quiénes están dispuestos a pactar y cuáles son los contenidos de los pactos, que deben estar en coherencia con el propio programa. Actuar de otro modo es caer en el oscurantismo, practicar un fraude inadmisible, que provoca desafección, porque convierte al voto en blanco y a la abstención en las opciones más razonables. Votar sin saber qué se está eligiendo es en realidad entregar un cheque en blanco, y ningún elector tiene por qué hacerlo.
La otra cara de la moneda, la ciudadanía madura en la sociedad civil, no es la ciudadanía pasiva, que deja en manos ajenas el curso de la vida pública, pero tampoco esa ciudadanía febrilmente participativa, como la ardilla de Tomás de Iriarte, que se menea, se pasea, sube y baja, no se está quieta jamás, sin lograr con todo ello cosa de alguna utilidad común. Como bien dice Benjamin Barber, también en los regímenes totalitarios la ciudadanía es activa y participativa. Por eso lo que importa es que sea lúcida y responsable, que no se deje manipular emocionalmente ni tampoco con argumentos sofísticos, que le importe el bien común, y no solo el particular. Que sea, desde esa madurez, participativa.

Más allá de los dinosaurios y los camaleones, la ciudadanía madura toma lo mejor del liberalismo y del socialismo. Se compromete con las exigencias del Estado social de derecho en que vivimos, creando cohesión social y amistad cívica; abre las puertas a los refugiados políticos y a los inmigrantes pobres, actuando a la vez en los lugares de origen; apuesta por reforzar la Unión Europea, consciente de que no hay que abandonarla porque esté en crisis, sino trabajar activamente por construirla mejor; practica el cosmopolitismo arraigado de quien se compromete con lo local y sabe cuál es su lugar en el mundo.
Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia.

lunes, 11 de agosto de 2014

Un encuentro después de una búsqueda de 34 años: Abuelas de Plaza de Mayo


"Me parece maravilloso y mágico todo esto que está pasando", declaró este viernes Guido Montoya Carlotto, el nieto recién restituido de Estela de Carlotto, titular de la Abuelas de Plaza de Mayo, en su primera comparecencia pública junto a la mujer que lo buscó durante 36 años. "Soy Ignacio, o Guido", se presentó, el nieto recuperado número 114, que se declaró "conmocionado".
Horas antes, Ignacio Hurban colgó en su perfil de Twitter una foto con su abuela, Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, que pasó casi cuatro décadas buscando a su nieto. Hasta el lunes se llamaba Ignacio Hurban, pero este martes descubrió que también se llama Guido Montoya Carlotto. Y que fue secuestrado durante la última dictadura argentina (1976-1983). Su madre, Laura Carlotto, tendría hoy 60 años si no hubiese sido asesinada con 24. Guido es el nombre que ella le puso, aunque solo la dejaron estar cinco horas con él. Y Montoya es el apellido de su padre biológico, Walmir Óscar Montoya, al que su familia llamaba Puño.

Otro caso
Juan Cabandié vio la cara de sus padres por primera vez en fotos 4x4 pegadas a un expediente. Tenía 25 años. Desde que supo que habían encontrado a Guido, el nieto de Estela de Carlotto, revive lo que le pasó hace una década. Ese día que entró en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad llamándose Mariano Falco.
-¿Cómo es ese instante en que te enterás de que sos otra persona?
-Es muy difícil asimilarlo. Al principio, me sentí ajeno a lo que me contaban, pero después fui reestructurando mi cabeza. Una vez que lo asimilé, empecé a emparentarme con mis papás. Con el tiempo, los fui amando. Eso me llevó a saber que no nací de nuevo, a darme cuenta de que no era Juan Cabandié a partir del 26 de enero de 2004. Yo fui Juan Cabandié siempre, con la particularidad de que viví 25 años sin saberlo.

-¿Cómo son las horas posteriores a la noticia?
-Es fundamental conocer a la familia. En el primer encuentro, un tío me dijo que tenía el mismo gesto de juntar las cejas como hacía mi papá. A veces parece que estoy enojado, pero es algo que hago cuando pienso, es un gesto que me pertenece. Guido es músico como su papá. Es sensible a la lucha de las Abuelas. Es algo genético y algo del inconsciente. Es el diálogo que se produce entre una madre y su bebe en la panza. Guido estuvo cinco horas con su mamá. Cinco horas profundas.
-¿La política de derechos humanos del Gobierno influye para que los nietos busquen su identidad?
-Influye muchísimo. Es una batalla cultural ganada. Desde 2003 la política de derechos humanos pasó a la categoría de política de Estado. Hubo fuertes campañas de difusión y el Estado acompañó la búsqueda de las Abuelas. Antes, esa lucha era algo marginal. Yo mismo, por mi crianza, hasta los 22 años pensaba que las Abuelas estaban locas, que perseguían a los pibes. Y eso no sólo lo pensaban los sectores radicalizados.
-Otra nieta recuperada, Victoria Donda, acusa al Gobierno de querer apropiarse de la bandera de los derechos humanos.
-A mí me gustaría que todos los gobiernos se apropien de esta política de derechos humanos, que trascienda a este gobierno.


LAS ABUELAS USARON DE LA CIENCIA
Las Abuelas de Plaza cuentan en su página oficial de Internet con testimonios extraordinarios recogidos a lo largo de casi cuatro décadas de búsquedas. Pero hay uno especialmente ilustrativo: el documental de cuatro capítulos titulado 99,99%. La ciencia de las Abuelas y conducido por el actor argentino Leonardo Sbaraglia. Ahí se explica los detalles de un plan perfectamente organizado para encubrir el robo sistemático de bebés a las presas políticas que parían en cautiverio. “Con la colaboración de médicos, enfermeras, jueces…”, relata Sbaraglia. [Era] el robo, el crimen perfecto. Nadie podría jamás demostrar la verdadera identidad de esos chicos. Pero los apropiadores genocidas no contaban con los avances de la ciencia ni con la tenacidad de un grupo de mujeres en la búsqueda de la verdad”.

 Estela de Carlotto explica en el documental: "Nosotros teníamos otra vida, cada una de las abuelas que componemos la institución teníamos un proyecto distinto: estar con la familia, los hijos, verlos crecer, envejecer, disfrutar de los nietos… Y vino una dictadura en marzo de 1976 que trajo un proyecto de asesinar a todos los opositores. Justamente eran nuestros hijos los opositores. En esa soledad, cuando la hija no vino, no volvió, no llamó… Empezamos a buscar. Sin saber adónde ir, a qué puerta golpear… Puertas cerradas…”

La presidenta de Abuelas continúa su relato: “Al principio los esperamos… [a los nietos] ‘Me lo van a traer, me van a llamar, me lo van a dejar en la puerta…’ Preparamos un ajuar, un lugarcito, nos jubilamos… Pero nada. Y después dijimos: ‘bueno, ya van al jardín de infantes. Vamos a observar’. Nos escondíamos detrás de los árboles mirando chiquitos. A veces alguna maestra nos hablaba. Nos decía: ‘este chiquito tiene un comportamiento extraño… lo llevan, lo traen, es como prisionero…’ Y ahí estábamos”.
También se fijaban en el parecido físico de los niños que veían en la calle. “Yo me acuerdo”, continúa De Carlotto, “haber seguido a alguna señora que llevaba en brazos a un chiquito porque la carita era igual a uno de mis hijos. Después le miré la cara a la mamá y eran idénticos. O sea, esa cosa absurda: ir a la casa cuna [hospital materno infantil] y querer ver caritas de bebés cuando no sabemos ni a quién se parece”.
 
Chicha Mariani, la primera presidenta de Abuelas, rememora también en el documental: “Hicimos de todo buscando a los chicos. Yo, por ejemplo, me disfracé de enfermera. Y estuve en el Hospital Durand mirando si la familia que yo había citado traían esa nena que yo esperaba ver o la suplantaban por otra. Y no me conoció nadie en el hospital. Ni los empleados, ni la gente de Abuelas, ni los médicos de Abuelas. Pero la nena, que había llegado con su mamá y estaba sentada a unos diez metros, me miró y se fue caminando hacia donde yo estaba y me dijo: `¿Cómo te va, señora?’ Porque me había visto pasar no sé cuántas semanas y días por su casa. Me reconoció disfrazada y todo”.
Las abuelas recorrieron medio mundo consultando a decenas de científicos para ver si podría deducirse el parentesco entre un nieto y sus abuelos, a partir de la sangre de los abuelos. Y les decían que no, que no y que no. Hasta que en 1983, en Estados Unidos, les dijeron que sí. Los avances científicos hicieron posible revelar parentescos entre abuelos y nietos con un margen de acierto del 99,99%. Y la primera “recuperación” a partir de un análisis genético la lograron en 1984.



De Carlotto explica las dificultades que encontraron en esa época con la Justicia: “Era duro expresarle a los jueces el derecho y cómo ellos lo asimilaban. Porque parecía que era un divorcio. Como cuando se separan los papás, que se disputan la niña o el niño. Les querían adjudicar a los apropiadores derechos de visita. ¡Era absurdo! ¿Cómo, si ese hombre es un delincuente? Robó a una niña de los brazos de su mamá en un campo de concentración y le van a decir que tiene derecho a verla”.
“Fue duro para nosotros”, rememora De Carlotto en la película. “La duda era: ¿Estaremos haciendo bien? ¿Qué va a pasar con esa criatura, qué sufrimientos…?”
Ahora, las Abuelas no tienen duda de que mereció la pena. Y es el propio Ignacio Hurban, el nieto restituido número 114, el que quiso emitir una llamada. Para que otros nietos -las abuelas calculan que aún faltan 400 por restituir- se animen a hacerse las mismas pruebas genéticas que a él le practicaron hace 18 días. Hasta ahora, de esos 114 nietos restituidos solo cinco se presentaron de forma voluntaria como lo hizo él
 La lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo por restituir la identidad de, hasta ahora, 105 nietos apropiados durante la última dictadura cívico-militar tuvo un fundamento social, político y cultural, pero también uno científico.

Gracias a la voluntad inquebrantable de estas mujeres valientes y decididas, se logró superar los límites de lo posible y establecer lo que a partir de esa búsqueda se llama el índice de “abuelidad”, el patrón genético que establece el parentesco entre las abuelas y los nietos perdidos con un nivel de certeza del 99,99 por ciento.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Buena noticia: Una de las Fundadoras del Movimiento Plaza de Mayo, recupera a su nieto 34 años después


 COMUNICADO DE PRENSA
Buenos Aires, 5 de agosto de 2014 |
Encontramos a Guido Montoya Carlotto, el nieto 114
Con inmensa alegría, las Abuelas de Plaza de Mayo informamos la restitución de identidad de Guido Montoya Carlotto, hijo de Laura Carlotto y Walmir Oscar Montoya y nieto de la presidenta de nuestra Asociación, Estela de Carlotto. "Quiero decir gracias a todos, gracias a Dios, gracias a la vida. Porque lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo y pronto lo voy a poder abrazar", expresó Estela hoy en conferencia de prensa
Una Buena noticia para la Justicia, la solidaridad y los Derechos Humanos. Es de esos momentos en que nos emocionamos hasta las lágrimas, porque también lo sentimos en el alma, esa alma única que nos une a toda la humanidad y al universo, cuando conocimos los cientos de historias de  desaparecidos, mujeres y hombres, embarazadas y niños nacidos en cárceles de tortura durante la infame Dictadura Argentina. Las Madres de Plaza de Mayo, hoy abuelas son un testimonio inapelable de que el amor es la base indestructible para la justicia y la solidaridad.

Asociación
Estela de Carlotto era maestra cuando le mataron a Laura. Laura y su compañero pertenecían a la organización guerrillera de Los Montoneros. De Carlotto sabía que Laura estaba embarazada cuando la detuvieron. Varios testigos le dijeron que había dado a luz a un niño estando esposada. Y que Laura le había puesto Guido, el nombre de su abuelo. De Carlotto lo comenzó a buscar a su nieto por todas partes. Nunca se le oyó una palabra de odio ni de venganza. Solo pedía justicia. Se convirtió en un referente mundial en la defensa de los derechos humanos. Fueron muriendo muchas de sus amigas y compañeras de lucha. Y ella siguió buscando. Hasta que apareció el nieto 114 y resultó que era el suyo. Es músico y vive en la localidad bonaerense de Olavarría. Las pruebas determinaron que existe un 99% de posibilidades de que sea el nieto de Estela de Carlotto.

Ninguna de esas 114 historias fueron fáciles. Pero la del nieto de la presidenta es especialmente simbólica. De Carlotto explicó este martes las enormes dudas a las que se enfrentan los nietos que acuden a su asociación: “Hay chicos que no vienen porque tienen cariño y como una especie de deuda por quienes los criaron porque ellos les pasan esa sensación de cómo ahora me vas a denunciar, si yo te crié y yo te di de comer… Como si fuera que les hicieron un favor, cuando tenían que haberlos dejado criar con su familia, que nunca fue abandonado. Y los chicos, por reciprocidad, dicen que no vienen porque no quieren que lleven a la cárcel a quienes los robaron. Y se acercan a veces cuando ellos mueren. Y a veces es un poco tarde, porque el abuelo real, la abuela real, se muere también. Yo creo que no los tiene que unir a ellos ningún agradecimiento. Tampoco, odio. Por suerte, ninguno de nuestros nietos es vengativo tampoco… Sino, de que tiene derechos. Y que es la ley universal saber quién es uno, de dónde viene. Porque si no, es el anonimato y del anonimato se pasa a la prole. Las Abuelas no somos quiénes para decidir si los van a juzgar o no, porque eso es la justicia. Abuelas los encuentra, la justicia actúa".
La dictadura llevaba dos años de existencia cuando el 26 de junio de 1978 nació Guido de Carlotto en el Hospital Militar de Buenos Aires. A su madre apenas le dejaron estar cinco horas con él. Se encontraba detenida en el centro clandestino La Cacha, en la localidad bonaerense de La Plata. Laura era uno de los cuatro hijos de Estela de Carlotto. Y había sido secuestrada junto a su compañero a los 23 años, en noviembre de 1977, cuando cumplía dos meses y medio de embarazo.
A Laura la mataron dos meses después. Y su cuerpo fue entregado a su madre. Pero del nieto nunca se supo hasta este martes en que la jueza María Servini de Cubría, encargada de investigar la causa de varias desapariciones, se lo pudo anunciar a De Carlotto. “Fue muy emocionante”, afirmó Servini de Cubría en el canal CN23. “Nos emocionó no solo a mí, sino a la gente que trabaja conmigo. Estela reaccionó llorando, temblando, contentísima. Porque nunca esperó la noticia que le dábamos. Yo le di la noticia en forma personal. Le dije: ‘Estela, hemos encontrado a un niño más’. Y cuando le dije que era Guido, imagínese cómo se puso”.
Guido de Carlotto se llamó hasta hoy Ignacio Hurban, el nombre que le dieron sus padres adoptivos, conocidos en el lenguaje de las Abuelas de Mayo, como "apropiadores". Hurban se crió en Olavarría, municipio situado a 308 kilómetros al sur de Buenos Aires. De adolescente se marchó a la capital argentina para estudiar música y volvió a Olavarría donde dirige una escuela de música. Toda esa información aparece en su página de Internet, www.ignaciohurban.com. Le gusta el jazz y el tango y llegó a participar en el ciclo Música por la Identidad, que organizan las Abuelas de Plaza de Mayo. Pero hasta el martes siempre fue Ignacio Hurban. A partir de ahora tendrá que convivir con el nombre de Guido de Carlotto. Y con la fama.
“Yo no persigo más que justicia, verdad”, dijo Estela de Carlotto en conferencia de prensa pronunciada el martes por la tarde, cuando solo había visto al nieto en fotos. “Ya tengo mis 14 nietos conmigo. La silla vacía está con él. Los retratos vacíos que nos estaban esperando van a estar con él. Ya lo he podido ver [en fotos], es hermoso. Es un artista, es un chico bueno. Y nos buscó. Vino a Abuelas en julio, fue recibido y escuchado”.
“Cuando lo vea”, continuó De Carlotto, “creo que nada le voy a decir. Lo voy a abrazar. Quiero tocarlo, quiero ver si es como lo soñamos. Yo lo vi en fotos y sí, se parece a nosotros. A él le dijeron que se parecía a los Carlotto, a mí. O sea, que no le habrá asombrado la noticia que se le dio. Cuando le dijeron ‘sos el nieto de Estela’, encajó en su lugar esa pieza que no entendía él por qué no cerraba. La historia completa no la sabemos todavía, aunque sabemos quién lo entregó y quién lo crío, quizás inocentemente. La vamos a armar. Tenemos mucha información, pero vamos a ser cautelosos, porque esto es muy fuerte para una persona, aunque lo espere".
De Carlotto prefirió no enseñar la foto de su nieto, para esperar a que él vaya asimilando todo el proceso. De momento, el nieto se comunicó solo con Claudia, una de los cuatro hijos de De Carlotto. “Yo aún no lo escuché todavía. Y le dijo que estaba muy bien y muy feliz y que ya pronto nos vamos a ver. Él sabe que lo estamos esperando toda la familia”.
La presidenta de las Abuelas añadió: “Esto no es para los que todavía pretenden que olvidemos, que demos una vuelta a la página como si nada hubiera pasado. Y como falta mucho hay que seguir buscando a los que faltan porque otras abuelas quieren seguir sintiendo lo que siento yo hoy. Porque lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo. Y lo voy a poder abrazar”.
Claudia, hija de De Carloto, explicó lo que habló con su sobrino Guido: "Nos pidió que le diéramos un tiempo para hablar con su esposa y hacer un proceso."
Cada vez que a De Carlotto le preguntaban qué pasaría si no encontraba a su nieto decía que ya había merecido la pena con todos los nietos que se habían recuperado hasta ahora. Pero este martes, Kibo Carlotto, hijo menor de Estela de Carlotto, y hermano de la difunta Laura, lo confirmó en televisión: “Hemos encontrado a mi sobrino después de 35 años. Se presentó voluntariamente a hacerse la prueba de ADN”.

“Me llamó Cristina [Fernández, la presidenta del país], llorando. Me preguntó si era cierto. Y le dije que sí. Lloramos juntas, no sabíamos qué decir (…) No hay ningún medio, por más que no nos quieran mucho, que no diga que esto es un triunfo de los argentinos”.
El 26 de junio de 2011, Estela de Carlotto escribió dos párrafos en el diario Página 12 y los tituló “A mi querido nieto Guido”. Decían así:
Hoy cumples 33 años. La edad de Cristo como decían, “decimos”, las viejas. Con esta inspiración pienso en los Herodes que “te mataron” en el momento de nacer al borrar tu nombre, tu historia, tus padres. Laura (María), tu madre, estará llorando en este día tu crucifixión y desde una estrella esperará tu resurrección a la verdadera vida, con tu real identidad, recuperando tu libertad, rompiendo las rejas que te oprimen”.
Querido nieto, qué no daría para que te materialices en las mismas calles en las que te busco desde siempre. Qué no daría por darte este amor que me ahoga por tantos años de guardártelo. Espero ese día con la certeza de mis convicciones sabiendo que además de mi felicidad por el encuentro tus padres, Laura y Chiquito y tu abuelo Guido desde el cielo, nos apretarán en el abrazo que no nos separará jamás.

Hoy en día, la Asociación de las Abuelas de Plaza de Mayo tiene 85 sedes en Argentina y 150 empleados. Sigue sumando nietos recuperados. Y aún quedan unas 400 denuncias por resolver.

Francisco Peregil, El Pais.

martes, 5 de agosto de 2014

Adéu, Señor Jordi Pujol: ens sentim dolguts i matractats

Adiós, Señor Pujol, nos sentimos dolidos y maltratados:
El redacor tuvo la grata experiencia de recibir un premio oficial de Educación en Valores del Gobierno Autónomo Catalán, y de participar en foros y congresos, organizados por la Dirección de Bienestar Social y Voluntariado de la  Generalitat de Catlunya, esta vinculación profesional,  en términos de solidaridad, me permitió conocer  de cerca a líderes y dirigentes catalanes, entre ellos, al ex presidente Pujol. En  la medida en que te acercas a una persona o institución, la entiendes mejor, y en la medida que la comprendes, la estimas. Hoy la decepción especialmente de los ciudadnos catalanes  de quienes fueron sus representantes y líderes, es muy grande y comparto la tristeza ante el convencimiento que un pueblo trabajador como el catalán no merece estas traiciones. He aquí los ecos de esta desagradable noticia:













Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat, reveló que su familia estaba en proceso de regularizar una herencia recibida en septiembre de 1980. Hasta ahora, el dinero no había sido declarado a Hacienda, y su existencia había permanecido lejos del conocimiento de los ciudadanos. Este hecho conmocionó a la opinión pública, incluyendo a algunos miembros de la familia Pujol. 
Los comentarios de la noticia en la que Pujol anunciaba las irregularidades, superan ya los 13.000. Por otro lado, la encuesta lanzada con la pregunta ‘¿Apruebas la renuncia de Pujol a sus atribuciones de expresident?’ se han registrado casi 5.000 votos. Además, la respuesta mayoritaria es claramente el sí, con el 92% de los votos, frente al 7% del no y al 1% de abstención.
Los ciudadanos manifiestan sentirse sorprendidos, ya que consideraban a Jordi Pujol un ejemplo de buen hacer político, de honestidad y de coherencia. Son muchos los que muestran su decepción. “President, em sento molt i molt decebut. Jo he defensat la vostra honestedat, que tenia molt assumida, i ara hauré, com molts d'altres, d'acotar el cap”, asegura Josep Viladomat en su carta ‘Un nou estigma’. Para otros, la palabra “decepción” no es suficiente para definir cómo se sienten ante la noticia. C. Villar Perearnau explica en ‘Dolguts i maltractats’: “Senyor Pujol, "defraudats" no és la paraula. Ens sentim estafats, en tota l'amplitud de la paraula! Ens sentim dolguts, matractats i amb una indignació majúscula, sense precedents!”. 
Hay quien habla, además, de tristeza: “Saber que el que yo llamaba "el president Pujol" es igual de corrupto que todos los demás me produce una tristeza infinita”, confiesa Francina García en ‘Igual que todos’.  Luis Carrero titula su carta ‘Un mal a Catalunya’, y muestra su desilusión: “Ara sí que toca estar dolguts per uns fets que ara surten d'una persona l'honorabilitat del qual com a polític deixa en entredit tot allò que digué, féu, i representava i que fou ejemplar”.
Por otro lado, Rafael Martínez exige explicaciones sobre la procedencia del dinero en su carta ‘Se hunde un mito’. “Jordi Pujol no sólo tendría que dar explicaciones del retraso en legalizar esa gran fortuna heredada, sino que también tendría que dar explicaciones de cómo y dónde obtuvo su padre ese patrimonio”, expone. Elisenda Butista, por su parte, cuenta que su madre confiaba plenamente en Pujol, y recuerda que se enfadaba con todo aquel que intentase hacer un mal comentario sobre el expresident. “Ho sento, mare, estaves molt equivocada”, sentencia en su carta 'Doble moral'. 
José L.Piera Másllorèns asegura en ‘Imperdonable’, que no perdonará el acto cometido por Pujol hasta que éste no devuelva el dinero no tributado: “Pues no, señor Pujol, seré un mal cristiano pero no cuente con mi perdón ni con mi voto para Convergència (cuya sede está embargada por el caso Palau). Para perdonarle debería estar seguro de su arrepentimiento, voluntad de no reincidir y devolver lo defraudado, incluyendo parte del famoso 3%”. A este argumento se suma Anna Bacardit en su carta ‘La herencia de Pujol’: “El impacto es terrible. Pedir perdón no es suficiente para un personaje de su relevancia en nuestras vidas. El patrimonio heredado debe ser analizado y sus beneficios puestos en conocimiento de la sociedad, valorados y devengados sus impuestos”.
Hay quien incluso mira al pasado, como Carlos Bravo, que recuerda el caso Banca Catalana, en el que “Pujol dijo que aquello era una jugada indigna de Madrid y un ataque a Catalunya”. “Ahora sé que aquel líder que clamó contra Madrid y llamó a los suyos a manifestarse a su favor ya tenía entonces dinero sin declarar en una cuenta suiza y, treinta años más tarde, sospecho que todo aquello fue un ejercicio cínico de hipocresía”, asegura en su carta ‘Envuelto en la senyera’. 
Pese a que condenan el fraude fiscal, algunos lectores han querido reconocer su trayectoria política y valorar que Jordi Pujol haya presentado sus disculpas. Es el caso de Rafael Dionis Raurell, que en su carta ‘Saber perdonar’ expone: “Si mirem tot el bé que ens ha aportat durant tots els anys que ha estat al capdavant de la Generalitat, n'ha estat molt”.  Y añade: Senyor Jordi Pujol, encara que hagi fet ferida, accepto la seva petició de perdó”. En este sentido, B.Martorell Garau enumera en su carta 'Bona acció política' algunas de las políticas que llevó a cabo el que fuera el presidente de la Generalitat, y reconoce su papel político. “Voldria que els catalans no ens equivoquessim, ja que la Catalunya actual sense l'acció política de Jordi Pujol no tindria, a hores d'ara, res a veure amb la que espera amb il·lusió la seva pròxima independència”, asegura.

Entre los que se posicionan en reconocer la labor del expresident, se encuentra Jordi Antich. En ‘El deure de Pujol’, explica: “Malgrat el fet manifestat pel senyor Pujol els darrers dies i altres errades que deu haver comès en la seva vida com a personatge públic, el seu haver supera amb escreix el seu deure”. Iñaki Galgarraga, por otro lado, hace referencia en 'Tranquilo, Jordi' a un acontecimiento pasado para reflejar su postura: “Que actúe la justicia, aunque reconociendo que hasta el día de hoy únicamente los dos interlocutores de aquel: "Tranquilo, Jordi, tranquilo", del Rey a Pujol, transmitido un 23 de febrero de 1981, han dado, con todas sus consecuencias, el paso de someterse al juicio público y pedir perdón”.
Aurora Masiques i Mas dedica su carta ‘Prevalen les idees’ a su padre, que fue militante de Unió Democràtica, y a quien dedica estas palabras: “Ha caigut un mite, potser és el que calia per seguir endavant. No pateixis pare: cauen els homes, però no les idees”.
Otros como Pere Crosas hablan desde la idea de una Catalunya independiente.”La confessió de Jordi Pujol confirma les meves reflexions de fa temps: la nostra pobra, trista i bruta Catalunya necessita proclamar, junt amb la independència, un projecte social (diguem-ne, si voleu, una Constitució) que no permeti la corrupció”, asegura en 'El que necessitem'.
Tras el reconocimiento de su coraje profesional e institucional en 'El coratge de Pujol', Antoni Vilanova le dice a Pujol: “President, heu trencat la vostra imatge, destrossat els vostres principis morals i enfosquit el lloc que la història us havia reservat. Quina pena i decepció”

 .


La hermana y el cuñado de Pujol  sorprendidos por la declaratoria

Pero, ¿de qué herencia hablas, Jordi?" La hermana del expresident de la Generalitat, Maria Pujol y Soley, y su esposo, el abogado e historiador de la economía Francesc Cabana i Vancells, no podían dar crédito, ningún crédito, a lo que estaban oyendo en su propia casa y en boca del hombre que dirigió los destinos de Catalunya durante 23 años. Era el mediodía del viernes 25 de julio, festividad de Santiago, cuando Jordi Pujol y Soley apareció en el domicilio de la familia Cabana-Pujol. Pocas horas después haría llegar a los diarios a través de sus abogados lo que, en esa visita, verbalizó ante Maria y Francesc, el comunicado, la bomba, con la que ha acabado inmolándose política y moralmente quizás para siempre. Según les relató -como después hizo en esa confesión pública de dos folios-, su mujer, Marta Ferrusola, y sus hijos habían regularizado ante la Hacienda española una herencia recibida de su padre, Florenci Pujol Brugat, en 1980, depositada en Andorra durante los últimos 34 años. Una herencia que, pese a las tres amnistías fiscales decretadas por los gobiernos españoles desde entonces, no habían tenido tiempo -o no habían estimado oportuno- poner sobre la mesa del fisco. El problema añadido es que ese viernes fue la primera vez que su hermana, Maria, y su cuñado, Francesc, oyeron hablar de ese legado del avi Florenci.

Francesc Cabana es un hombre sabio, ordenado y de modales exquisitos. Además de ser su pariente político trabajó con Jordi Pujol y con su suegro, Florenci, en los años de Banca Catalana. Y ha sido su amigo y lo ha querido como a un verdadero hermano. Un hombre prudente, sobre todo muy prudente, cuya voz delataba ayer tras el teléfono, en conversación con La Vanguardia, el dolor inmenso -y la extraordinaria confusión - en que los ha sumido la revelación del expresident.

Pujol estaba "molt ensorrat" ("muy hundido") cuando se presentó el viernes pasado en casa de su hermana. La preocupación de Maria y Francesc se incrementó a medida que el expresident fue desgranando lo que tenía que decirles. "Perdó, perdó" ("Perdón, perdón"), les repetía una y otra vez, un Jordi Pujol abatido.

La primera reacción de los Cabana-Pujol fue de "incredulidad". Después llegó la "indignación". ¿Cómo era posible que Maria, la hermana del president, desconociese la existencia de ese dinero de su padre, Florenci, y la decisión de legarlo a su cuñada, Marta Ferrusola, y sus siete hijos -y sobrinos-?". La tercera sensación -y ahí siguen instalados Maria y Francesc cuatro días después- fue la "compasión".

Maria Pujol no heredó ni un sólo céntimo de su padre, Florenci Pujol, al morir este por un fallo cardíaco en 1980, pocos meses antes que Jordi Pujol fuese investido president de la Generalitat por primera vez. Tan sólo algunas acciones de Banca Catalana. L'avi (el abuelo) Florenci compró un piso a cada uno de sus hijos, Y se instaló con su esposa, Maria Soley, madre de Maria y Jordi, en el piso contiguo al de su hija, donde vivió hasta su muerte. Para Maria Pujol no hubo más herencia que esa. Las relaciones de los Cabana-Pujol con el abuelo Florenci mientras vivió fueron muy estrechas. "Era una persona extraordinaria", comenta Cabana.

La madre murió hace seis años, a una edad muy avanzada y tras una larga enfermedad que la mantuvo ingresada en el hospital durante tres años. Maria se hizo cargo de ella y un crédito solicitado por Jordi Pujol sirvió durante tres años para cubrir sus necesidades asistenciales. Al fallecer, el piso en el que residía pared por pared con los Cabana-Pujol fue vendido. El producto de la venta se repartió al 50% entre los dos hijos, Maria y Jordi.

Jordi Pujol visitaba frecuentemente a su hermana y su cuñado, si bien la conversación giraba casi siempre sobre la situación del país y las perspectivas de la política y la economía. Nunca hablaron de los rumores que hace ya mucho tiempo empezaron a circular sobre algunos hijos del president y, particularmente, sobre el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola. Sólo en una ocasión, recientemente, el expresident hizo un comentario sobre las actividades empresariales de su hijo mayor. Fue a la vuelta de un viaje a México, donde el expresident y su esposa, Marta, visitaron a su hijo con motivo de la inauguración de un hotel propiedad de una sociedad en la que participaba: "Jordi tiene unos socios que no me han gustado nada", comentó el expresident. La última vez que Cabana coincidió con su sobrino Jordi fue en el entierro de la abuela Maria, hace seis años. Cabana -hombre prudente, muy prudente- evita trasladar al periodista más detalles. Pero se extraña de la nula reacción que, por ahora, han tenido los hijos de Pujol desde la revelación de su padre.

Jordi Pujol ofreció "expiación" como corolario de su "confesión" pública mediante el comunicado del viernes. Un texto salpicado de lagunas e interrogantes que ha conmocionado a la sociedad y al partido que fundó hace 40 años. A sus amigos. A sus adversarios. Y posiblemente más que a nadie, a Maria y Francesc. Cuando se despidió de ellos en su domicilio, su hermana y su cuñado, a la postre, le brindaron "compasión". Los Cabana-Pujol, profesan un cristianismo profundo. Sincero. Como el del expresident. "Jordi debe de haber cometido errores, pero sus sentimientos son reales y auténticos".

"Que Déu t'ajudi" ("Que Dios te ayude"), le desearon Maria y Francesc cuando, ese viernes de Santiago, Jordi se disponía a dejarles. "Ho necessitaré molt" ("Lo necesitaré mucho") respondió el expresident en el adiós.


miércoles, 16 de julio de 2014

Raúl Vera, Obispo de Guadalajara, Mexico, habla claro desde los más desfavorecidos


Raúl Vera (Acámbaro, Guanajuato, 1945) es el obispo más amenazado de México. Un prelado que ha salido vivo de más de un atentado y cuyo trabajo en favor de los desaparecidos, migrantes, menores, indígenas, prostitutas y parias de todo tipo le ha granjeado odios feroces, incluido la letal enemistad del narco. Pero las amenazas no parecen hacerle mella. Ingeniero de carrera e hijo intelectual del Mayo del 68, se ha forjado una leyenda de indomable. Su primer pulso llegó en 1995 cuando Juan Pablo II le envió como coadjutor a Chiapas, en plena efervescencia zapatista. Tenía como misión poner orden en la diócesis de san Cristóbal de las Casas, dirigida por el carismático Samuel Ruiz, un adalid de las tesis indigenistas y la teología de la liberación. Al poco de llegar, aquel comisario político al que todos consideraban un conservador y cuyo destino era quitarle la mitra a Ruiz, acabó apoyando al clero local. Roma no olvidó. Cuatro años después fue enviado, como castigo, al árido obispado de Saltillo, en Coahuila, al norte del país. De poco sirvió. Desde ahí volvió a la trinchera. Ha plantado cara a los desmanes del Gobierno y también al terror de Los Zetas.
Su discurso, de fuerte contenido social, irredento en la lucha contra la desigualdad y furibundo contra el “capitalismo liberal”, le ha situado lejos del aristocrático y ortodoxo episcopado mexicano. Una distancia que aún agrandó más su actitud ante las mujeres abortistas y su defensa de los derechos de los homosexuales. Durante mucho tiempo, Raúl Vera ha sido la oveja negra, el díscolo, el anticuado izquierdista, hasta que el terremoto ideológico provocado por la llegada de Francisco a la cátedra de San Pedro ha insuflado nueva fuerza a su voz. Ahora, los otros obispos se giran para escucharle.
 Pregunta. ¿Qué le aconsejaría visitar al Papa cuando venga a México?
 Respuesta. Pues para empezar, que conociera la ruta de los migrantes. También le haría visitar una cárcel, porque a él le gusta ir a las cárceles; lo llevaría a los suburbios de una ciudad grande, porque él dice que tenemos que ir a la periferia. Le organizaría una visita de acuerdo con lo que él está pidiéndonos que atendamos. Y haría que quienes estén en primera fila sean los indígenas, sean los pobres…, porque eso no se hace, poner delante a los pobres…
P. Hace poco bautizó a la hija de una pareja lesbiana. ¿Qué piensa de la homosexualidad?
R. La homosexualidad, ay… es un tema al que nos hemos negado. Los que dicen que el homosexual es un enfermo, son los que están enfermos. Tengo un amigo que fue sacerdote y que es homosexual. Él dice que no reconocer a los homosexuales es como medir por las normas del rugby a los que juegan al fútbol, y luego decirles además que están violando las normas. La Iglesia tiene que acercarse a ellos no con condenas, sino con diálogo. No podemos anular toda la riqueza de una persona solamente por su preferencia sexual. Eso es enfermizo, eso es no tener corazón, es no tener sentido común.


P. ¿Y con el aborto no pasa lo mismo?
R. En el aborto pienso como piensa la Iglesia, que eso es un asesinato. Las diferencias están en cómo se trate, cómo se penalice. El aborto, como el matrimonio entre los homosexuales, nos ha servido de subterfugio para decir que tenemos moral en la Iglesia. Pero no somos capaces de defender los derechos de los obreros. Es muy fácil ir contra una mujer abortista, no tiene problema y además nos apoya la ultraderecha conservadora. Mire, aquí hubo una campaña nacional contra el aborto, a favor de la vida. ¿Y yo qué hice? Organizar rosarios por todo el pueblo para meditar sobre la defensa de la vida de los migrantes, la defensa de la vida de los mineros, la defensa de la vida de las mujeres y la defensa de la vida del no nacido. Pero somos unos hipócritas… Parecería que las únicas reglas morales fueran condenar a los matrimonios homosexuales, condenar a las abortistas. Y ya con eso, ya somos cristianos perfectos.
P. ¿Legalizaría la prostitución?
R. No, eso sería legalizar la explotación femenina. Yo creo en la dignidad de las mujeres. La prostituta es una mujer sumamente dañada, pero jamás debe perder su dignidad y el derecho al respeto. Estamos llegando a límites espantosos en el fenómeno de la trata y la explotación.
P. ¿Es usted socialista?
R. No me considero socialista. No he leído a Marx, no he militado en el socialismo, y nunca me gustó la tesis de la conversión en dictadura. Todos tenemos los mismos derechos y la misma dignidad, pero también tenemos libertad. Ahora bien, nunca he apoyado los métodos del capitalismo, Dios me libre. El verdadero sentido de la vida es la comunidad, el cuidado de los débiles y la participación en los bienes de la tierra por igual. Todo eso lo he aprendido del mundo indígena, de los pobres y los campesinos. Ellos me han enseñado el valor de la vida humana y también su capacidad para la alegría. Ellos me han enseñado a reír.
P. Usted se ha enfrentado al narco públicamente, ¿teme por su vida?
R. En Chiapas aprendí que había que arriesgar la vida si uno quería ponerse del lado de los pobres. De otro modo, no hubiera podido quedarme ahí mientras los paramilitares mataban a esos hermanos catequistas.
P. ¿Y aquí en el Estado de Coahuila, que es territorio de Los Zetas?
R. He aprendido que para defender la vida humana tienes que poner la tuya de por medio. No hay otra manera de ser pastor.
P. En México hay oficialmente más de 13.000 desaparecidos; en Coahuila, 1.800. Solo en dos pueblos del norte, los narcos se llevaron en pocos días y a plena luz a 300 personas sin que las autoridades hiciesen nada. ¿Qué cree que está pasando?
R. La impunidad ha permitido que eso suceda. La desaparición viene acompañada de la eliminación de todo indicio que permita la persecución: hacen desaparecer las personas y luego los cuerpos. Y todo se vuelve hipotético, porque nadie sale vivo. Y si alguien se separa de esos grupos, es persona muerta. En el caso de Allende lo hicieron a la luz del día, sin que hubiera la más mínima reacción de autoridades.
P. ¿Y no sería una solución para acabar con el narcotráfico legalizar las drogas?
R. No va a ser la solución.
P. ¿Por qué no?
R. Absolutamente no. Las drogas van ligadas a la depreciación de la vida humana. La descomposición del hombre no viene de la droga; a la droga se va, igual que se va al alcohol, por otra cosa. Para unos la vida no tiene sentido y la necesitan para vivir el sinsentido, y hay otros que no tienen ni dónde caerse muertos. Legalizando la droga no se soluciona el problema por el que la gente se droga. Y bastaría con prohibir unas para que descubriesen nuevas.
El obispo Vera lo dice suavemente. A sus 69 años se le ve tranquilo. Acabada la entrevista, se dirige a su despacho, repleto de libros, a cambiarse de vestiduras. Al lado está su habitación. No le importa que se mire dentro. Con su ordenador y la mesa desordenada parece el cuarto de un universitario, excepto por la cama, mínima, vieja y sin colchón, de fraile dominico.

Entrevista en el diario  El País, España, julio 2014

lunes, 24 de marzo de 2014

La Sexualidad en personas con capacidades especiales

Pensamos que las personas con discapacidad tienen tantas necesidades y problemas que no les quedan ganas de sexo, sin embargo, esto está muy lejos de la realidad, presento esta iniciativa que me parece inspiradora, deseo que les guste y la comenten.
 
Francesc Granja recibe en la cama pulsando un mando que abre la puerta de su casa. Vive en un luminoso piso de la Villa Olímpica de Barcelona adaptado a la tetraplejia que le causó un accidente de coche hace 20 años, cuando regresaba de una reunión. Suele desplazarse en silla de ruedas, pero hoy unas llagas lo retienen. A su lado están María Clemente, psicóloga especializada en neurorehabilitación, y Eva, asistente sexual, dos patas fundamentales de Tandem Team, la asociación sin ánimo de lucro que preside Granja, dedicada a la asistencia sexual de discapacitados mediante voluntarios.
Los tres siguen un debate que se ha generado espontáneamente en torno a otros dos visitantes en la habitación de Francesc. ¿Hay que tener cuidado con no enamorarse? Conversan Felipe y Lau (ambos, nombres ficticios). Felipe sufre una paraplejia de tercera y cuarta vértebra. Lau es la asistente que conoció por medio de Tandem, y defiende con pasión que los encuentros deben ser sinceros, nunca una ficción sentimental:
—Tengo pareja, pero en el rato que estoy con un usuario se convierte en el hombre de mi vida.
—Es que no hay que ir con miedo —asiente Felipe— Puedes enamorarte porque estás muy necesitado, pero también de la panadera o de cualquiera que te trate bien. Aquí sabemos los dos en qué andamos.
—Pero hay que entregarse, porque es una cuestión de amor, que para mí es lo fundamental.
—En todo caso —media María— si detectamos a personas dependientes psicológicamente les aconsejamos no recurrir a un asistente porque pueden salir heridos.
En el 50% de los casos no hay coito. Muchos quieren ver un cuerpo desnudo o acariciarlo”, explica una psicóloga
Lau, de 38 años, estudió enfermería y veterinaria. Imparte talleres de tantra y, cuando una amiga le habló de Francesc y su proyecto, exclamó: “Eso es para mí”. Su perfil encajaba con el del asistente que busca la asociación: experiencia sociosanitaria, sin motivaciones económicas, una concepción de la sexualidad no solo genital… La entrevistaron sobre los límites que se fijaba respecto a prácticas sexuales y familias de discapacidades —algunos asistentes los establecen en las amputaciones, determinadas complicaciones higiénicas o rasgos físicos impactantes, como los de la acondroplasia (enanismo)— y respondió que ninguno, que dependería del momento y la persona, “como en cualquier relación”.
Unos días después, Felipe y Lau se vieron para tomar un café. Se cayeron bien y se citaron para un encuentro más íntimo. Felipe, de 42 años, había tenido desde que está en silla de ruedas una relación, pero no funcionó, y otra vez se acostó con una prostituta: “La chica iba con contador, y eso para alguien con mis problemas no funciona”. Su experiencia con Lau le ha revivido: “Recuerdas sentimientos que creías muertos”.
Él es uno de los 45 usuarios de la asociación, constituida en octubre de 2013. Igual que tienen más demanda masculina, también se ofrecen más voluntarios varones, aunque, tras descartar al 50%, los 15 con los que están trabajando guardan un equilibrio entre hombres y mujeres. Además, trabajan con diferentes tendencias sexuales. “Precisamente con el primer usuario nos llevamos una sorpresa”, sonríe Francesc.
Tandem no cobra por poner en contacto a asistentes y usuarios, y recomienda que, en caso de que medie una compensación entre ellos, no rebase los 75 euros. “Suele ser de unos 50, porque hay que desplazarse a casa del usuario, aparcar, comer fuera…”, explica Eva. “Pero muchas veces no cobramos: no es la motivación”. La asociación se mantiene de momento con las aportaciones de Francesc (que es profesor de ESADE y recibe una pensión) y el trabajo voluntario de María. “Aspiramos a un mínimo de ingresos para mantener la estructura”, explican.
La iniciativa ha generado expectación en el colectivo. “A los discapacitados se nos ha considerado angelitos asexuados, pero no es así”, dice Francesc. Hace mucho que existen asistentes y prostitutas que trabajan el campo, pero a escondidas. Mientras, en Europa el debate se ha ido haciendo público. El país que más lejos ha llegado en reglamentación es Suiza, aunque con un modelo que muchos consideran intervencionista, con encuentros mensuales y asistentes certificados con un diploma universitario. Bélgica, donde opera la asociación que Tandem toma como modelo, se mueve en una alegalidad muy comprensiva. De una forma u otra, en Dinamarca, Suecia, Holanda y Alemania la asistencia se practica. Y en Francia, pese a que el año pasado un Comité Nacional de Ética aconsejara al Gobierno que no la legalizase, la controversia continúa, gracias en parte al éxito de la película Intocable.

“Hay distintos modelos”, explican Esther Sánchez y María Honrubia, “pero lo fundamental es revelar que el problema existe”. Sánchez, enfermera y máster en sexología, y Honrubia, psicóloga, presiden la Asociación Nacional de Salud Sexual y Discapacidad (Anssyd), que el 14 de marzo organizó junto a otra asociación (Sex Asistent) el primer curso en España de acompañamiento y asistencia sexual. Costaba 100 euros y se dirigía a “interesados en formarse y ejercer una labor profesional en relación con la asistencia sexual”. Tuvo 15 inscritos, desde fisioterapeutas a profesionales del sexo. “La formación es muy práctica, aclarando en qué consiste un servicio: que se pueden encontrar con una persona que lleva un colector, con problemas mentales, cómo reaccionar ante una subida de tensión…”, cuenta Sánchez.

Por motivos de confidencialidad, Anssyd no accedió a que EL PAÍS asistiera a las clases. La asociación reconoce que el curso puede resultar controvertido. “Hay un vacío legal respecto al asistente y su cercanía a la prostitución. Pero en el 50% de los casos no hay coito. Muchos usuarios quieren ver un cuerpo desnudo o acariciarlo. Eso es una experiencia alucinante. Incluso hay discapacitados cognitivos que solo quieren afecto físico; y, por ley, eso no se lo puede dar un cuidador normal”, explica Honrubia.
El camino hasta estas jornadas ha sido duro. “Llevamos 25 años como docentes”, cuentan, “y solo ahora se nos empieza a reconocer”. Durante dos décadas las dos profesionales han soportado el recelo de colegas que no creían en el objeto de sus investigaciones. Pero en estos años se han fraguado la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006) o la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2010 (la reducida popularmente a ley del aborto de Zapatero), que establecía la necesidad de formar a profesionales y dio pábulo a la proliferación de asociaciones por los derechos sexuales de los discapacitados. Todas esas iniciativas fueron barridas por la crisis.
“Existe un mito según el cual si hablas de la sexualidad, la despiertas”, cuenta Sánchez. “Pero el deseo está ahí, silenciado. No te imaginas cuánto sufrimiento hay escondido”. No exageran: personas que no han querido que se publiquen sus nombres narran historias duras: 20 años de un matrimonio sin sexo que se mantiene por los hijos, padres que masturban a enfermos mentales…
No parece que de momento se vayan a encontrar soluciones sencillas a estas barreras. Las primeras viven en los bordes de la ley. En un piso de Barcelona Lau se despide con besos y abrazos de Felipe.