jueves, 21 de enero de 2010

LA DIGNIDAD DE LOS INMIGRANTES A propósito de empadronar a los inmigrantes


Todo es indigno es en este brote de xenofobia que de nuevo asola la política española. Los argumentos de los consistorios municipales que proponen recortes de los derechos humanos de los más débiles como panacea de todos sus males. O el oportunismo del PP, que ha decidido ensayar en Catalunya la carta del rechazo a la emigración como banderín de enganche electoral: porque tienen poco que perder y, si suena la flauta, la cosa podría servir para las municipales y las legislativas de mañana. O la condescendiente advertencia contra «el buenismo» por parte de quienes pretenden ser neutrales en el debate.
Porque la neutralidad no vale en asuntos como este, que afectan a los principios básicos de la convivencia. En ellos hay que ir con la verdad por delante. Y decir, sin concesiones, que no es cierto que la inmigración, ni la legal ni la otra, sea un problema fundamental de la vida española. No se puede negar que plantea dificultades. Como todo fenómeno de importancia. Pero aquí las estamos resolviendo bien, sin cometer errores sustanciales, o sabiendo rectificar aceptablemente los que se han cometido. Y así debería ocurrir con los que surgirán en el futuro si las cosas no se salen de madre.
Más allá de eso, los problemas que plantea la inmigración son mucho menos graves que la crisis y el hundimiento de nuestro modelo de crecimiento, la educación, las incógnitas que acechan al sistema de las autonomías o las disfunciones de nuestro esquema político y de partidos.
No es verdad que la sanidad pública esté fallando por culpa de los inmigrantes. Ni que, casos concretos aparte, los extranjeros estén quitando los puestos de trabajo a los españoles. Ni que las cuentas públicas no puedan soportar el coste de la inmigración. Son mentiras que se pueden desmontar. Pero es más fácil contentar a la bestia xenófoba que muchos ciudadanos llevan dentro que arrostrar la molestia y la impopularidad de hacerlo.
Ahora se dice que los inmigrantes abusan de las oportunidades que les da el Estado. Seguramente es cierto. Pero ¿es que los españoles no lo hacen? De mil formas, mucho más y desde hace más tiempo.

Carlos Elordi
Periodista

lunes, 18 de enero de 2010

HAITI: otro reto a nuestra humanidad..
















Después del terremoto, los habitantes de Cité Soleil cargaron sus muertos hasta una avenida de otra zona menos miserable del ya de por sí miserable Puerto Príncipe porque sabían que nadie entraría jamás a su barrio a llevárselos.
Los efectos de un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter en una ciudad de chabolas son los esperados: muchas casuchas se han hundido, pero otras muchas se han mantenido sorprendentemente en pie, de modo que la calle principal (es un decir) de Cité Soleil mantiene algo su perfil de siempre: tiendas diminutas y cerradas, talleres sombríos de todo y nada, viviendas de tres metros cuadrados, cientos de personas tumbadas sin hacer nada, un riachuelo inmundo que corre a los márgenes y niños desnudos jugando con media botella de plástico a la que propulsan como si fuera un coche de carreras...

Pero las chabolas se han agrietado tanto que los que malviven ahí prefieren dormir al raso, al lado de un montón informe de basura y del río citado, que dentro de la que hasta el martes pasado fue su casa. Por otra parte, a muchas de las construcciones, enteras por fuera, se les ha hundido el tejado de cartón o de uralita expulsando a sus antiguos habitantes de allí. Además, la brutal sacudida económica y social que ha sufrido la ciudad entera se ceba con los últimos de la cola.

Bazile Pludic es uno de estos últimos de la cola: trabajaba, cuando podía, acarreando fardos en una fábrica de madera que ha cerrado definitivamente después de la hecatombe del martes. Pludic confesó ayer a las dos de la tarde que no sabía qué comerían él y su mujer en todo el día y que tenía hambre.

-¡Tengo hambre!, repitió, de pronto, en voz alta, como para que le creyeran de verdad.

En el ventanuco de una chabola cercana apareció el rostro de una mujer mayor, desdentada, sucia, que añadió: "Todo el mundo aquí tiene hambre, tío".

¿Vendrá algún tipo de ayuda humanitaria hoy?

Alguien responde que en la plaza principal (es un decir) de este poblado, todas las mañanas llega un camión con comida. ¿Será francés? ¿Ruso? ¿Será español? ¿De Naciones Unidas? ¿Será de los marines norteamericanos?

La plaza está lejos. Se llega después de caminar entre miseria, casas torcidas, tiendas de nombres raros como "Es mi opinión", y gentes que a pesar de todo sonríen al paso del extranjero antes de pedirle agua, dinero o algo para comer. La plaza es una vieja pista de baloncesto tomada por los más miserables de la ya miserable Cité Soleil: gentes de este barrio que se han quedado sin casa, que no cuentan con familia en otra parte y que viven, literalmente, debajo de una sábana pinchada en un palo para que no les dé el sol.

De pronto se adivina a lo lejos el famoso camión de la mañana, el de la comida. Es viejo y pequeño. Por descontado, no es de los marines. No parece francés, ni español, ni siquiera ruso. Es una camioneta verde con 20 años encima, un hombre pequeño y sudoroso al volante y tres jóvenes en la trasera. Pintadas en la puerta hay unas letras: "Misión de caridad La Koulade". El del volante es el padre Cyril y los de atrás, tres muchachotes del barrio que ayudan a descargar.

"Son los de siempre. Ellos siempre nos ayudan, desde hace mucho tiempo, desde antes del terremoto. De los extranjeros no ha venido nadie todavía", dice una mujer.

El padre Cyril explica las reglas: sólo un vaso de trigo por cabeza.
No hay suficiente. Ya lo sé. Usted que es periodista y extranjero, ¿no puede hacer algo? Ya le digo que esto no es suficiente.

Un chico trepa a una suerte de escenario derruido con el saco y comienza a repartir las diminutas cantidades de comida a las decenas de personas que hacen cola con su vaso en la mano. Un helicóptero impone silencio entonces al pasar petardeando muy cerca. Viene del aeropuerto, donde se supone que a estas alturas están ya desembarcando los esperados marines, a los que toda la ciudad aguarda como reparadores de todo: delante de un edificio cercano hundido por el terremoto alguien ha colocado un cartel en inglés: "Bienvenidos, soldados americanos. Necesitamos ayuda: en este edificio hay cadáveres dentro".

Pero mientras llegan o no, en Cité Soleil el padre Cyril termina en la plaza y monta en la camioneta para acudir a otra esquina con otro saco de trigo insuficiente para hambrientos con vasos vacíos.

En dirección contraria, dos personas llevan en una carretilla a una chica con la pierna rota que se protege del sol con una sombrilla de colores. Poco después aparecen cuatro personas llevando dentro de un edredón mugriento a una niña. Vienen del hospital, donde no les atendió nadie por falta de médicos. A Cité Soleil no llega nadie: ni los recogedores de cadáveres, ni las ambulancias ni los camiones de comida extranjera.

En una calle, hay un esqueleto de escuela de dos plantas. Las paredes se han hundido. Pero los pupitres y la pizarra se mantienen en pie, tal y como se encontraban el día del terremoto. En la pizarra hay una fecha y una frase milagrosamente intactas: "Martes 13 de enero. Los dioses castigan a los mentirosos

martes, 22 de diciembre de 2009

Con ternura y solidaridad.... en estos dias




Quisiera que la vida aprenda
El verso que voy a contar
Se trata de un sueño posible
Conciencia de amor a recuperar
Soñé que paseábamos libres
Sentí que, no estabamos solos
Que todo el mundo
se puso a cantar
Y que así muy juntos,
armaban acordes de paz.

Que nuestra canción
Se elevaba hacia el futuro
Que el cielo era
nuestra profunda verdad.

Soné que los vientos eternos y activos
Soplaban al centro de la humanidad
Y así la inocente
sonrisa de un niño
se vuelve cada día un Sol matinal
que su hambre se acaba, por fin en este siglo
se alumbra la vida, la vida , Vida

miércoles, 2 de diciembre de 2009

A propósito de... "Memorias de Africa" EL SAQUEO DEL CONGO Y SUS MILLONES DE ASESINADOS


“Lo encubierto se descubrirá
y lo escondido se sabrá”.




Amigos/as:
La solidaridad, en ocasiones, es más que un deber. Los poderosos no sólo disponen de recursos para proceder con impunidad, sino que pueden imputar a otros crímenes suyos o calumniar y desprestigiar a quienes los desenmascaran sus mentiras.
Los hechos son simples.


Hace unos 20 años, poderosas multinacionales -con complicidad de gobiernos- y mafias determinadas se propusieron saquear los inmensos recursos del Congo ( oro, diamantes, coltán, casiterita, cobre, cobalto...). A tal fín, un país pequeño como Ruanda fue equipado de un poderoso ejército de matones, -más de 150.000 hombres- y también Uganda. Se produjeron matanzas sistemáticas (hubo regiones donde murieron más del 75 % de los niños menores de 2 años) y, como derivación de huidas masivas, hubo hambre y enfermedades devastadoras.
Se cacula que las víctimas fueron más de cinco millones. Estos hechos terribles los conocían los gobiernos de Europa y Estados Unidos. Callaron. Los conocía también la ONU. Calló y no movió ni un dedo.
Entre los millones de personas asesinadas murieron 9 españoles, cooperantes y misioneros. En 2005 el Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en el Africa de los Grandes Lagos, presidido por Juan Carrero Saralegui, interpuso en la Audiencia Nacional española una querella criminal para aclarar todas estas muertes. Tras tres años de investigaciones, el Juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andréu Merelles emite órdenes de arresto contra altos mandos del Frente Patriótico Ruandés (FPR). Entre las organizaciones que constituyen este Forum está la Fundación S´Olivar, presidida también por Juan Carrero.
La Misión de Paz desplegada por la ONU en el Congo es severamente cuestionada en estos días por organizaciones internacionales como Pax Christi, War Chil y Oxfam. Entre tanto, Paul Kagame, presidente del Congo goza de protección y apoyo, es presentado como gobernante modélico y goza de impunidad.
Paradójicamente, la ONU arremete ahora contra la Fundación S´Olivar -que apenas maneja al año 50.000 €, acusándola de dedicar ese dinero a financiar la guerrilla del FDRL, todo para desprestigiarla y ahogarla económicamente.
¿Qué hacen los 20.000 cascos azules de la ONU allí desplazados: promover y conseguir la paz o encubrir y custodiar determinados proyectos de multinacionales y grupos mafiosos? “La Fundación S´Olivar -escribe la revista UMOYA- (noviembre 2009) ha puesto al descubierto las verdades oficiales y la ONU en lugar de reconocerle y apoyarle en su lucha por la justicia y la reconciliación, parece ponerse de parte de los asesinos “.
La verdad, hecha pública, es la única manera de que la sociedad reaccione y actúe contra esta barbarie.
Las amenazas, que ha recibido la Fundación : Somos más poderosos de lo que pensáis. Podemos poneros de rodillas, han chocado con la honradez y coraje de los que la componen y, en especial, de Juan Carrero. Hagamos que la verdad se sepa y apoyemos fraterna y solidariamente a quienes la proclaman.



Juan Carrero- Fundación Olivar.

Estimado Juan. Un abrazo de Paz y Bien.
Quiero expresarte toda mi solidaridad y apoyo al compromiso y acción de la Fundación Olivar en bien de los pueblos. Aquellos que buscan la impunidad ejercerán resistencia frente a las denuncias de las masacres contra los pueblos de Ruanda y el Congo.
Los largos años de compromiso junto a los pueblos testimonian tu acción no-violenta. Mal pueden acusarte y acusar a quienes te acompañan de apoyar la lucha armada. Tu acción siempre fue a través de la Verdad y la Justicia.
Te deseo a ti y todos los que te acompañan mucha fuerza y esperanza y sepan que no están solos. Muchas organizaciones están viendo la situación en el mundo.
La única forma de impedir que los crimenes de lesa humanidad continuén cometiéndose es el derecho a la Justicia.
Fraternalmente
Adolfo Pérez Esquivel
(Muchas gracias Adolfo, los compañeros leerán tus palabras el martes, cuando el Parlament Balear nos de su apoyo por unanimidad y el miércoles el Consell Insular).

2. ¿QUIÉNES SON LOS VERDADEROS PIRATAS?

Han pasado más de 47 días del secuestro del Alakrana en las aguas de Somalia.
El público español ha visto correr ríos de tinta sobre este secuestro en los periódicos, muchas imágenes y reportajes en la televisión, demandas de los familiares de los secuestrados, manifestaciones en la calle, acusaciones y peleas entre políticos dentro del Parlamento, improperios y exigencia de responsabilidades al Gobierno por parte de la oposición, etc.
Pero nadie ha dicho nada por qué ocurre esto en Somalia, quiénes son los piratas y por qué causas hacen los secuestros. Se ha dado por supuesto que estos piratas eran unos bandoleros del mar y nos hemos enredado en un laberinto de discusiones y enfrentamientos, ajenos a la realidad de los hechos reales. La conclusión ha sido que sólo allí existe esta clase de gente y que, habrá que seguir adelante, proveyendo a nuestros barcos del personal y armas necesarias para una eficaz defensa, a pesar de saber que los secuestradores no matan, no lo han hecho hasta ahora, y sí que han matado a secuestradores, países que han intentado rescatar a su gente y han matado a menores de edad.
España ha seguido con interés el secuestro, lo ha comentado sin cesar y no sabemos hasta cuándo va a seguir. Pero, España no se ha enterado de la verdad -oculta y ocultada – muy distinta a la que nos han contado.
Somalia, con unos 9 millones de habitantes y unos 3.3000 km. de costa, se hundió como Gobierno después de acabada la guerra en 1991. Tiene grandes reservas de alimentos marinos (atún, camarón, langosta, etc) y de ellos vivían sus habitantes con la actividad importante de sus pescadores. Y tiene también reserva de petróleo y minerales . El caos, seguido a la guerra, propició la presencia de decenas y aun centenas de barcos (en 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y también españoles) que transitaban por sus aguas con entera impunidad con el doble objetivo de pescar y arrojar al mar barriles y más barriles de residuos nucleares, radiactivos y muy tóxicos, que produjeron diversas enfermedades en sus habitantes.
Los somalíes, dentro de su pobreza y escasez de medios y, en especial los pescadores, se organizaron en una asociación llamada “Guardacostas voluntarios de Somalia” con el fin de frenar la depredación extranjera y exigirles, como contraparte, un impuesto.
Nada hicieron las Naciones, aunque hubo delegados de la ONU, para remediar
que las aguas de Somalia se convirtieran en vertedero de residuos nucleares llevados hasta allí por grandes cargueros de fábricas de diversos países y sí hubo seca negativa a atender la propuesta del impuesto como medio mínimo y justísimo para combatir el hambre generalizada y las enfermedades del pueblo. Con razón, encuestas rigurosas explican que más de un 70 % de la población apoya a los “piratas”, pues “piratas” eran su gente, sus pescadores y otros trabajadores -patriotas de cuño- que defendían lo suyo y buscaban la sobrevivencia de su pueblo combatiendo como podían, con pocos medios, el hambre y las emfermedades importados por estos faenadores ilegales del mar, respaldados por grandes corporaciones empresariales y por gobiernos.
Es ésta la otra cara del secuestro. ¿Cuándo los partidos políticos y sus señorías parlamentarias, con la red mediática que dominan, y otras entidades financieras, dirán la verdad, se ocuparán de ella en serio y dejarán de aturdirnos con el espectáculo más que degradante de intereses partidistas y ambiciones egoístas? ¿Quiénes son los verdaderos piratas?

Benjamín Forcano


3. DESMONTANDO A LA MONJA-BULO

El artículo de María R. Sauquillo y Emilio de Benito “Desmontando a la monja-bulo” (El País, 1-XI-09) no es fiable, por ser ellos quienes han venido justificando reiteradamente la alarma de la gripe A, su devastación peligrosa y, paradójicamente, su benignidad (hasta el punto de que resulta menos peligrosa que la gripe común), pero con la necesidad de que gobiernos y sociedades acopiasen vacunas en cantidad ingente por hacer frente a la ‘pandemia’ inminente.
El escenario montado por los articulistas: víctima, villano, héroes, para impugnar la ficción de la monja, se viene abajo por sí solo. Porque sí es cierto lo que narra la monja: la gripe aviar nunca fue una pandemia, y así la presentó la OMS engañándonos; ni lo es la Gripe A, por no revestir las características de una pandemia: transmisión con incidencia superior a la habitual. La víctima, pues, no existe, afortunadamente.
El villano ha sido descubierto hace tiempo no por la monja sino por gente del mundo de la ciencia y de la ética, en ámbitos de la industria farmacéutica y con personajes concretos, que han ideado vacunas sin tener probada la existencia de la enfermedad. Y respecto a nosotros los héroes, concluyen dichos periodistas que la dos propuestas de la monja -no vacunarse y recibir indemnización si produce efecto adverso- “son tan lógicas que no hay nadie, incluido el Ministerio de Sanidad español, que no esté de acuerdo”.
La monja Forcades es médico y lo que expone no son buenas intenciones, que nos hacen comulgar con ruedas de molino, sino pruebas que los autores, para desprestigiarle, no aportan. Yo no soy médico y parece que ellos tampoco. No les falta, sin embargo, habilidad para confundir al lector diciendo verdades a medias y sembrando miedo. Porque si bulo es propagar una noticia falsa con algún fin, deben analizar si esto no cuadra con cuanta información ellos han ofrecido.
Los médicos -muchos más de los que cabe imaginar- no hablan (cabe intuir por qué) pero se ríen entre molestos y burlones y, en privado, aconsejan no vacunarse. Igual que la Dra. Forcades. En conclusión, los autores con su título de cabecera han logrado, de cara al lector rápido y desprevenido, un efecto que no lograrían con mil artículos: lo que la monja dice es un bulo. No prueban nada y, encima, endilgan a la monja la autoría de una teoría conspirativa.

Benjamín Forcano

viernes, 27 de noviembre de 2009

EL ABORTO



Por una ley ética mínima que regule el Bien Común

Una cuestión ética previa: ¿Cuándo hay vida humana?
Al tratar del aborto uno se encuentra, inevitablemente, ante la duda y el temor de proponer una doctrina que no sea correcta y pueda provocar rechazo. Sin embargo, el tema, dado el debate sociopolítico y eclesial a que está sometido, requiere que se lo aborde concretando algunas pautas de actuación.
Parto de que la palabra aborto encierra diversos significados, que puede dar lugar a confusión.
El significado corriente, tal como lo recoge el Diccionario Real de la Academia, es el siguiente: “Aborto es la acción por la que la mujer pare antes del tiempo en que el feto pueda vivir”. La definición es general y en ella no se define para nada si la acción es espontánea o deliberada, después de uno, pocos o muchos días, moral o inmoral. Simplemente se trata de una acción “por la que la mujer pare un feto muerto o que no está todavía en condiciones de poder vivir separado de la madre” ( Diccionario Moliner).
La realidad innegable y evolutiva del embrión al entrar en el mundo humano, interpersonal, se presenta con muy variadas situaciones y plantea problemas a la persona y a la sociedad. Es cuando surge , con toda legitimidad, la pregunta: ¿se puede saber si el embrión es de verdad un ser humano o persona en y desde el comienzo o lo es en posteriores momentos?
Por eso, para salir de confusiones y llevar la respuesta al terreno preciso de la pregunta, entiendo por aborto “la interrupción deliberada del embarazo cuando ya el embrión es un ser humano o persona”.
Subrayo esto porque, dentro del proceso del embrionario, se dan hoy diversas opiniones científicas acerca de cuándo se da ese ser humano: a partir del primer día, de una o dos semanas, de ocho semanas, de doce o más. Siendo así las cosas, no parece fácil que alguien pueda presumir poder determinar, con exclusión de otras opiniones, el momento preciso en que comienza la vida humana. Habrá partidarios de un momento u otro, con razones o sin razones, con razones más o menos convincentes. El hecho es que existe pluralidad de opiniones según los argumentos que cada cual maneje.
Si atendemos a la legislación vigente en cada país, tampoco encontramos unanimidad. La ley es cambiante y establece diversidad de plazos (diez semanas, doce, catorce y más) a partir del cual el aborto se lo considera un delito y se lo prohíbe.

Criterios de actuación
1. La vida humana es sagrada
Hay un principio en el que todos estamos de acuerdo: la vida de todo ser humano es inviolable y como tal debe ser reconocida ética, social, jurídica y políticamente. Por tanto, podemos estar todos de acuerdo en que, si se trata una vida humana, nadie puede sustraerle el derecho a vivir ni puede invocar el derecho personal a quitárselo. La vida humana es sagrada.
En este sentido, pienso que únicamente cuando el embrión es ya vida humana, se puede considerar la interrupción deliberada del embarazo un aborto estricto: eliminación de una vida.
No está de más subrayar esto porque el embrión pasa por diversas fases en su proceso y no es admitido unánimemente que en todos y cada uno de sus momentos sea vida humana. Una posición actual, acorde con serias investigaciones de la biología molecular, no denomina a la interrupción del embarazo sin más aborto en sentido ético-científico ni lo condena como atentado contra la vida, si se produce antes de las ocho semanas. (Aclaro que el plazo de ocho semanas = dos meses es el señalado por esta posición como el mínimo para que el embrión sea vida humana).
Quienes afirman existir vida humana desde el comienzo, confieren al embrión temprano poder propio para alcanzar todo lo que es y requiere una vida humana. Sin embargo, otros afirman que, con ser determinante la información genética del embrión, no es suficiente para desarrollarse y lograr todo lo que es una vida humana. No puede lograrlo porque su inicial constitución no lo hace persona y, en consecuencia, no puede llegar a serlo por sí solo. El embrión depende de otros factores extragenéticos, que no aparecen desde el comienzo y que, desligado de ellos, no alcanzaría ese momento en que aparece constituido como persona.
El cigoto y los factores extragenéticos emergentes en el proceso embrionario son dos elementos necesarios para la formación del feto (en torno a las ocho semanas). La oruga nunca será mariposa, ni la bellota roble, ni el hidrógeno o el oxígeno separados agua, por más que tengan la posibilidad de serlo, si les faltan otras condiciones externas, necesarias, que no pertenecen ni a la oruga, ni a la bellota ni al hidrógeno u oxígeno. Tampoco el cigoto, por sí solo, tiene poder autónomo para llegar a ser feto o vida humana. (Cofr. F. Mayor Zaragoza y C. Alonso Bédate, Gen – Etica, Ariel, Madrid, 2003).
Conviene, pues, entender y tener claro que quienes defienden esta segunda posición, defienden el derecho a la vida de todo ser humano, pero recalcan que este derecho no se lo puede aplicar al embrión desde el primer momento, sino a partir del plazo mínimo de ocho semanas, en que quedaría constituido como sujeto humano individualizado.

2. Actuación en plano subjetivo y objetivo
Cabe, pues, afirmar que todos estarían contra el aborto, pero unos desde el comienzo y otros cuando ya el feto es vida humana. La pregunta ¿está a favor o en contra del aborto? es equívoca, pues nadie considera estar a favor del aborto como interrupción directa de la vida de un ser humanao, sino como acción que, aun siendo finalizadora del embarazo, no incluye dentro del plazo mínimo de ocho semanas la eliminación de un ser humano.
Subjetivamente, podrá haber quienes decidan actuar en conformidad con la opinión de defender la vida desde el comienzo y quienes lo hagan a partir de las ocho semanas. Tanto unos como otros lo hacen -se supone- después de pensarlo y valorarlo, siguen su conciencia y obran correctamente, sin que nadie les pueda condenar ni culpabilizar.
Objetivamente nadie podrá reclamar como derecho una acción abortiva, que acaba con un ser humano. Nadie tiene derecho a disponer de la vida de otro. Vivimos en comunidad, dependemos unos de otros y nos debemos unos a otros. Esto hace que cada uno pueda exigir que todos le reconozcan este derecho fundamental; y todos puedan exigirle a él que lo reconozca a los demás: derecho para sí y deber para los demás.
Ahora, el problema está en que unos ponen ese derecho a la vida desde el comienzo y otros posteriormente. Ante esta pluralidad de opiniones, ¿qué decisión moral, que sea lógica y congruente, se puede adoptar cristianamente?

a) En el plano individual
Cada uno, después de informarse, consultar y dialogar, es libre para actuar de acuerdo con la posición que considere más congruente o convincente. “In dubiis libertas”, en las cosas dudosas libertad. Si para él, el embrión es vida humana desde el primer momento y, como tal, rechaza el aborto como un mal moral, obrará correctamente; pero no puede aducir ni imponer su opinión como la única válida coaccionando o culpabilizando la conciencia de otros que piensan que el embrión no es vida humana hasta otros momentos posteriores ( un mínimo de ocho semanas) y, por consiguiente, no consideran que se trate de aborto estricto.
Conviene advertir que el plazo de ocho semanas, con ser importante, dista mucho de otros plazos mayores, donde cada uno deberá comprobar si tiene o no argumentos para admitirlos como lícitos para un aborto no estricto o inmoral, pero deberá atender al mismo tiempo las razones que indican que, a mayor amplitud de plazo, mayor duda y riesgo de que se trate ya de un ser humano.

b) En el plano social
El Estado, delegado de una sociedad democrática y con pluralidad de opiniones en este punto, tratará de establecer a diversos niveles y con la participación de todos, un grado de aceptación que sea el mayoritario. La pluralidad de posiciones indica que el consenso nunca será unánime, pero hay que gobernar sin eludir la necesaria regulación del problema y entonces se impone hacerlo con el mayor consenso posible. Una ley, que establezca la permisión del aborto hasta un determinado plazo (ocho semanas como mínimo) podrá servir para quienes piensen que hasta ese plazo el aborto no lo es en sentido estricto y no es un delito. Los que piensan de otra manera, harán bien en ser consecuentes con la opinión de que el embrión es vida humana desde el comienzo y rechazarlo como atentado contra la vida.
Ante la imposibilidad de lograr una ley suscrita por todos, se admite la necesidad de que el Estado, garante del Bien Común, establezca una ley que sea las más congruente para todos, aunque imperfecta. No será acaso la ideal pero será la mejor, pues el ideal no siempre se puede implantar en la convivencia humana. Nadie tiene obligación, en el plano individual, de no considerar la interrupción del embarazo en los primeros días como aborto, pero tampoco puede incitar a que otros desobedezcan la ley que permite la interrupción del embarazo hasta ciertos plazos sin que se califique esa acción de aborto en sentido estricto.

c) En el plano eclesial
Dentro de la Iglesia, habrá fieles que se decanten por una u otra posición. Y nadie podrá molestarles o increparles y, menos, culpabilizarles. Hay duda y en la duda es legítima la libertad y pluralidad. La Jerarquía, atenta a mantener la unidad dentro de la comunidad, no deberá sembrar división o enfrentamiento declarándose a favor de una u otra tendencia. Es legítima la discrepancia, que no alcanza verdades de fe, sino verdades de la ciencia y la ética racionales y sobre las que la Jerarquía no tiene competencia para dirimir con autoridad propia y, menos, excluyente. Estamos en el terreno de una ética racional, civil, susceptible de ser analizado, entendido y valorado por todos y sobre el que el Estado - un Estado democrático o de derecho, delegado y representante de una sociedad de personas- tiene competencia para estudiar y legislar (poder legislativo) sobre un bien que es común o de todos.
No sería exacto afirmar que una instancia, civil o religiosa, posee por sí misma el poder de legislar. El poder ético-legislativo no nace de la instancia en cuanto tal sino de la persona, único sujeto portador de moralidad y con respeto al cual, todo poder legislativo tiene que proceder con métodos apropiados para explorar, estudiar, debatir y promulgar las exigencias (valores, derechos y deberes) que posee ese sujeto personal y que son objeto de conocimiento, respeto y acatamiento por parte de todos. Aunque sean leyes imperfectas (y por lo mismo perfectibles) en el momento presente, puede entenderse que la ley propuesta sea la más congruente y que mejor recoja, democráticamente, el acuerdo mayoritario de la sociedad.
Debemos aceptar con humildad y paciencia este interregno de controversia e imperfección confiando que un diálogo adecuado disipe innecesarias discrepancias y nos permita avanzar hasta aproximar más las razones, los corazones y los comportamientos, pero sin que nunca se pierda la primacía de la búsqueda contrastada, del respeto y de la unidad dentro de la libertad y pluralidad existentes.

Algunas conclusiones
A la luz de lo expuesto, se puede concluir que:

1.Los católicos, en temas humanos, asumen la moral común y colaboran con ella.
En el terreno de la ética racional y civil, los católicos no podemos invocar tener una moral específica que nos distinga y aparte de los demás. No la tenemos, simplemente disponemos de los mismos instrumentos naturales que todo otro ser humano, para investigar, entender y valorar un problema humano y compartirlo con los demás en la palestra de la discusión y del diálogo públicos y en la tramitación de una ley democráticamente elaborada. Como personas somos sujetos naturales de moralidad, nos acompaña la idoneidad de conocerla y determinarla a través de métodos científicos y ético-racionales, por nosotros mismos o por mediaciones que legítimamente nos representan.
Al Estado, coordinador y promotor del Bien Común, le corresponde este deber y derecho de garantizar la naturaleza y el bien de la persona y las leyes que mejor lo aseguren; tiene poder, democráticamente otorgado, para legislar sobre asuntos comunes, con un grado de consenso y obligatoriedad el mayor y el más válido para todos.
Si, sobre este tema de valor universal, las religiones consideran que tienen que añadir exigencias y normas particulares, podrán hacerlo, pero sin negar este mínimo común y sin pretender imponer su visión más particularizada a todos.

2.La jerarquía católica está al servicio de la Iglesia.
La Jerarquía católica es guía y autoridad que dirige a la iglesia católica, consciente de que su misión deriva y la recibe de la soberanía de la comunidad, a la cual debe servir como su Señor y Maestro lo hizo. Esa misión no puede ser entendida aparte de la comunidad ni enaltecida como algo absoluto, dimanante de sí misma. La jerarquía es y ejerce muchos ministerios, pero por ninguno de ellos puede identificarse como la iglesia. La Iglesia es mucho más y, sólo dentro de ella y al servicio de ella, la jerarquía tiene sentido.
Siendo así las cosas, un buen ejercicio de la labor gubernativa y docente de la Jerarquía, debe transcurrir en una comunicación constante con la comunidad, atendiendo a los diversos carismas de ella, a quienes secularmente comprometidos más entienden de los problemas del mundo, sus interrogantes y desafíos. Es el nuevo estilo inaugurado por el Vaticano II de un magisterio fraternal, participativo, respetuoso con la autonomía de las ciencias humanas y de la política, sin desatender o minusvalorar el significado propio de las realidad humanas. Razón y fe se necesitan, se autoayudan y se fortalecen complementándose; una y otra están al servicio de la única verdad; cuando entran contradicción, dice el Vaticano II, es porque la ciencia no es verdadera ciencia o la fe no es verdadera fe.
Para los que son miembros de la Iglesia católica vale también este cuerpo doctrinal estatal y las leyes que el Estado promulga.
En el tema del aborto, habría una transgresión de la moral católica en su vertiente natural y humana cuando alguien atentara contra el derecho de la vida, presente ya cuando el embrión es sujeto y portador de vida, lo que se alcanza a las ocho semanas. Nada, pues, que haga referencia a verdades dogmáticas o de fe positivamente reveladas. La ética humana -parte integrante de la ética cristiana- señala como reprobable y sancionable medicinalmente el aborto estricto y deliberado o inmoral. Quien tal acto cometiera rompe sus vínculos con la comunidad, por negar el derecho a la vida de un ser humano, la comunión y la paz. Como humano ha podido fallar y la comunidad siempre estará abierta a reconocer su pecado, perdonarle y reintegrarle arrepentido al seno de la comunidad.
Pero, esto no se puede comprender si no se atiende y respeta previamente lo que las ciencias hoy concluyen investigativamente: no se puede conferir al embrión temprano una vida humana que no tiene y no se puede calificar antes de las ocho semanas una acción como abortiva, eliminatoria de la vida, cuando no lo es.
La Jerarquía debe estar con el oído atento a estos estudios y conclusiones fruto del esfuerzo de investigadores, muchos cristianos, y respetarlos. De lo contrario, se expone a hacer declaraciones doctrinales impropias, alejadas de la ciencia, la cual, si es verdadera, no puede estar en contradicción con la fe.
Aun admitiendo que el aborto pueda ser canónicamente calificado como delito y que, defendido con pertinacia haría partícipe de excomunión al sujeto que lo comete, no se puede ignorar que tales calificaciones no deberían anunciarse ni aplicarse hasta que la finalización deliberada del embarazo sobrapasase las ocho semanas; antes de ese tiempo, según la posición de la biología molecular expuesta, la acción interruptora del embarazo no sería propiamente abortiva o inmoral.
Poder estudiar esto es competencia de la ciencia y ética naturales y del político que legisla de acuerdo con ellas. La Iglesia católica, -y dentro de ella la jerarquía- como comunidad que vive, investiga y participa en la sociedad puede aportar sus puntos de vista al debate para el mejor resultado legislativo posible.
La ética tiene autonomía y significado propios, que no se diluyen en la perspectiva religiosa, pero sí conectan y colaboran con ella.
El estudio e interpretación de la ética natural o racional es objeto de cualquier institución o comunidad, también religiosa, pero no monopolio y poder exclusivo de ella.
En todo caso, es cierto que nos toca aceptar con humildad y paciencia este interregno de controversia e imperfección confiando en que un diálogo adecuado disipe innecesarias discrepancias y nos permita avanzar hasta aproximar más las razones, los corazones y los comportamientos, pero sin que nunca se pierda la primacía de la búsqueda contrastada, del respeto y de la unidad dentro de la libertad y pluralidad existentes.

Benjamín Forcano

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA HERIDA MUNDIAL AFGANISTAN


Afganistán
Solución y estrategia: salir de allí cuanto antes

La gente sabe que el camino de la guerra es siempre bárbaro e inhumano. Lo gritan a diario esos miles y miles de soldados caídos en el Irak y ahora en Afganistán y que, en desfile televisivo subversivo, agitaban la conciencia de la sociedad estadounidense y que Buhs, para tapar lágrimas y silenciar protestas, decidió prohibir.
Todos recordamos cómo el 15 de febrero de 2003 resonó en España y en el mundo entero, un no atronador contra la guerra; era la voz del pueblo (proveedor de las víctimas).
Momentos como ese del 15 de febrero levantaron muchas esperanzas, parecía apuntar allí un nuevo horizonte que cerraba para siempre la fosa del odio: partidarios de la vida, nunca jamás de la muerte. El aliento más primigenio de nuestro ser confirmaba que el mundo no es excluyente y disociador sino integrador y solidario; o convivimos como hermanos o seguiremos exterminándonos como lobos al calor de las fogatas de la guerra.
Está claro que, en este momento, el imperialismo estadounidense sigue siendo -todavía- padrino del mundo, sin excluir otros. A todos ellos podemos aplicar la conclusión de que la política de las naciones no se mide por sus palabras ( la retórica de sus promesas y supuestos ideales), sino por la realidad de sus hechos. Los imperios actúan siempre de la misma manera. Si analizamos la realpolitik de Estados Unidos luce en ella una cartelera ingente de invasiones, golpes de Estado, apadrinamiento de dictaduras, derrumbe de regímenes democráticos, asesinatos de líderes populares, etc.
Pero, no sólo los hechos, también las palabras hablan claro: “El comercio mundial debe ser y será nuestro. Cubriremos el océano con nuestros barcos mercantes. Construiremos una flota a la medida de nuestra grandeza. Nuestras instituciones seguirán a nuestra bandera en alas del comercio. Y el orden americano y la bandera americana se plantarán en lugares hasta ahora sepultados en la violencia y el oscurantismo” ( Alberto J. Beveridge , uno de los principales exponentes del Destino Manifiesto).
Estados Unidos se sale por todos los lados del Orden Internacional de la ONU. No respeta la soberana igualdad de las naciones. Su camino para seguir manteniendo su hegemonía es otro: las armas, sus ejércitos, sus flotas, sus más de 140 bases militares en todo el mundo, su refinada tecnología militar con un presupuesto mayor al resto del mundo, su poder mediático que controla el 80 % de las agencias mundiales y las espantosas guerras de ahora en Afganistán e Irak.
Si nos permitieran conocer los horrores perpetrados en estos dos países, podríamos contemplar a qué extremos de vileza y barbarie estamos llegando: uso de bombas nuevas espeluznantes, hambrunas masivas, desplazamientos agónicos desesperados, bloqueo de la ayuda internacional, más de 30 bombardeos diarios indiscriminados. ¡Verdadero genocidio!
Y todo esto, para que el mundo entienda que no hay otra ruta que pueda llevar alternativamente a la igualdad, a la justicia y a la paz: “Cuando en nuestras posesiones se cuestiona la quinta libertad (la libertad de saquear y explotar) los Estados Unidos suelen recurrir a la subversión, al terror o a la agresión directa para restaurarla” (Noam Chomsky).
Esta realpolítik suele ir acompañada del hecho de que, frente al actual imperialismo de Estados Unidos, otros Gobiernos occidentales con experiencia larga en esa asignatura, aparecen cómplices y serviles. Reverenciaron al emperador Bush y su cohorte más por miedo que por convicción. Y aunque Obama vaya por otro camino, se notan clavados en los huesos de Europa los dictados imperialistas.
La humanidad es una. O nos salimos de la dialéctica perversa de buenos y malos o el odio y la guerra son imparables. El punto de mira es la humanidad global, no Occidente ni Oriente, no los unos contra otros, sino todos unidos para construir entre todos una vida y convivencia dignas, justas, libres y pacíficas.
Es un sueño, pero tenemos recursos para hacerlo efectivo. ¿Qué no se podría haber hecho en el Tercer Mundo con los trescientos mil millones de euros gastados en cinco años en la guerra del Irak? ¿Qué con lo invertido en mantener los 190.000 soldados mercenarios de aquella zona? ¿Qué con lo invertido en el mantenimiento de las más de 140 bases estadounidense en el planeta tierra? ¿Qué con el presupuesto militar anual de EE. UU. de setecientos mil millones de dólares?
¡Señores del universo, grupo de los 20, de los 8 o del grupo emergente! O atendemos a los problemas reales de la humanidad o seguiremos sembrando de miseria, esclavitud y guerras desquiciantes el planeta tierra.
El tiempo del endiosamiento particularista (nación, raza, religión, clase, género ) pasó. No sirve para el futuro. La vocación de la familia humana es la UNIDAD.
“Todo cuanto establezca ligazones de sentimiento entre los hombre no podrá menos que ejercer un efecto contrario a la guerra. El psicoanálisis no tiene motivo para avergonzarse por hablar aquí de amor, pues la religión dice lo propio: Ama a tu prójimo como a ti mismo. La guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural, y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella, lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una repulsa intelectual y afectiva: es en nosotros, los pacifistas, una intolerancia inconstitucional, una idiosincrasia extrema, por así decir” (S. Freud).


Benjamín Forcano